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A 10 años de la partida de Clarita Berenbau, cómo la honra hoy su familia y el triste final de su padre

Cristina Giuria, madre de la comunicadora, es una de las caras visibles de la Fundación Clarita Berenbau, de apoyo a pacientes con cáncer. Ella da testimonio de cómo siguió la vida "con" ella, en otro plano.

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Cristina Giuria
Cristina Giuria, madre de Clarita Berenbau y referente de la Fundación que lleva el nombre de la comunicadora.
Estefania Leal/Archivo El Pais

Redacción El País.
Hace 10 años se fue de este plano Clarita Berenbau. Se formó en Medicina hasta que, terminado cuarto año, cayó en la cuenta de que lo suyo era la comunicación. Trabajó en los canales 5, 10 y 12 , en varias obras de teatro y en Sarandí marcó su impronta de compañía con Viva la tarde. Enfermó en 2007. Cáncer. Desde entonces dio el testimonio más directo, sincero y removedor del proceso con la enfermedad, sus tratamientos, el miedo, la esperanza, las subidas y bajadas físicas y emocionales.

Clarita solía decir que no se había detenido en el “¿por qué?” de su diagnóstico (sin antecedentes familiares y un historial de hábitos saludables) sino en el “¿para qué?” Su cometido como periodista era poner cuerpo, cara y peluca a lo que viven miles de uruguayos en su convivencia con el cáncer.

Junto a su marido Cuqui Yaquinta, había decidido ser madre. Estaba criando a esos pequeños mellizos, que entonces tenían un año de edad, cuando se fue en el año 2013. Tenía 32 años.

La conmoción fue inmensa. Nadie que haya conocido a Clarita (y en los medios por los que pasó dan fe de ello) recuerda otra cosa que no sea una sonrisa luminosa, palabras de aliento, un humor chispeante.

Esa estela de vida no se apagó. Sigue siendo el combustible para la Fundación Clarita Berenbau, una iniciativa que rápidamente su madre, Cristina Giuria, sus hermanos Joaquín e Ignacio y amigos que ya eran familia desde siempre, se sumaron a la idea. En ese mismo 2013 estaban firmando los papeles de creación y en 2014 quedó en funcionamiento.

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Voluntarios de la Fundación Clarita Berenbau.

“Aquella noche terrible, la enorme cantidad de gente que no conocía y que quería abrazarme fue algo increíble”, recuerda la madre. “Decidimos que algo teníamos que hacer con lo que había generado Clarita… Ella incluso había puesto su teléfono a disposición y toda esa gente que se comunicaba no podía quedar en el vacío”, añade. Su gran amiga y mano derecha, Cecilia Torrendell, la acompaña desde el comienzo.

Como hacía la comunicadora con su testimonio, la Fundación Clarita Berenbau está enfocada en brindar apoyo y contención desde el diagnóstico y a lo largo del proceso con el cáncer. “En este sentido, la Fundación ha logrado ser paliativa desde este momento”. Esta vocación se traduce en una serie de servicios concretos, de acceso gratuito.

0800 8857 es el teléfono solidario atendido por Voluntarios de la Fundación Clarita Berenbau, que dan escucha y contención a los pacientes. De acuerdo a Giuria y Torrendell, el teléfono ha atendido más de 1.200 llamados.

“Es importante que esos primeros llamados sean entrantes pero nosotros hemos hecho en estos diez años, miles de llamadas de seguimiento. Sabemos cuándo cada persona va a tener su primera quimioterapia y la llamamos antes y después, para saber cómo está. Acompañamos en todos los procesos y llega al alma ver cómo se reciben nuestras llamadas. Es muy lindo escuchar a los voluntarios contar que siempre reciben más de lo que dan”, cuenta Giuria.

Con el nombre “El club del gato”, (una creación intelectual de la propia Clarita) la Fundación también cuenta con servicio de préstamo de pelucas a través de Facebook.

Además, los voluntarios tienen presencia en la Sala de Oncología del Hospital de Clínicas (mejorada con donaciones que recibe la Fundación).

Funciona un grupo de apoyo psicológico para pacientes y familiares que se reúne por zoom o presencial cuando el clima es más apropiado. De sus propios integrantes surgió el nombre: “La tribu”. Para este canal de ayuda se cuenta con dos psicólogas oncológicas y un psicólogo coordinador.

La iniciativa más reciente de la Fundación es brindar clases de yoga gratuitas para pacientes oncológicos, que ya está en funcionamiento con un grupo semanal.

Cristina Giuria: "Lo me ayudó a seguir adelante es el amor de mis otros dos hijos y mientras estuvo, de mi marido"

Cristina Giuria
Cristina Giuria junto a sus hijos y nietos en su cumpleaños 70, en 2020. Solo falta la más chiquita: María Gracia.
Estefania Leal/Archivo El Pais

Representante en Uruguay por muchos años de la casa de subastas Christie’s, Giuria hoy está volcada en la actualidad exclusivamente a la Fundación y a su familia.

“La Fundación dio sentido a lo que vivimos con Clari. Lo que me ayudó y me sigue ayudando a seguir adelante es el amor a mis otros dos hijos y mientras estuvo, a mi marido. Pero sin duda, lo que me llena de energía y alegría es poder disfrutar a mis nueve nietos”.

Jorge Berenbau fue empresario textil y agropecuario. El 12 de julio de 1971 fue secuestrado por el MLN-Tupamaros cuando volvía de la fábrica de su propiedad. Luego de cuatro meses y medio en cautiverio fue liberado en noviembre de aquel año.

Muy poco antes de este hecho, Berenbau había iniciado un noviazgo con Cristina Giuria. Si bien pudo decidir irse del país, esta relación y su amor por Uruguay, ambos amores fueron decisivos para que se quedara.

Jorge y Cristina se casaron y tuvieron tres hijos: Joaquín, Ignacio y Clara Berenbau.

La vida siguió hasta que la enfermedad de Clarita fue un cimbronazo para la familia y especialmente para Jorge. El fallecimiento de la menor de las hijas agravó la tormenta. La misma noche de abril en que Clarita dejó este mundo, Jorge tuvo un accidente, del que nunca se recuperó totalmente. Falleció dos años después.

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Jorge y Clarita Berenbau.

Para Cristina Giuria, Clarita protegió a su familia hasta último momento. Además de sostener siempre una actitud positiva y con su impronta de alegría, era cauta respecto a lo que contaba y lo que no respecto a su proceso con la enfermedad. Madre e hija habían desarrollado una amistad, además del lazo sanguíneo. Para más coincidencias, cumplían años el mismo día.

“Necesito verte bien”, le dijo Clarita desde el momento de su diagnóstico. “Gracias a nuestra amistad, me enseñó mucho y esto me sirve para decirle a otras madres que están pasando por lo mismo que, por más dolor que sientan, es importante acompañar - viéndose bien - , sonriendo…o llorando a la par si eso necesita el otro. Si no, a llorar debajo de la ducha”.

Aunque el duelo fue doble por el accidente y pérdida de Jorge, Cristina no le da tiempo al dolor. “Yo me levanto y me pongo en actividad de inmediato. Estoy detrás de las cosas de la Fundación… No me permito quedarme en la cama. Sentir el dolor que viven otros, alivia el propio. Cuando el dolor se comparte, disminuye”, dice.

Cristina Giuria extraña a Clarita todos los días. Lo hace de una forma que quizás no sea la más visible. “Trato de ser una abuela divertida e inventora de sorpresas. Esto no quiere decir que yo no viva con un dolor muy grande, que sé que nunca va a pasar. El secreto es aceptarlo y transformarlo como me enseñó Clarita con su ejemplo”, asegura.

En el “nueve” nietos, Giuria cuenta también a los dos hijos que Cuqui Yaquinta tuvo cuando se volvió a casar. “Cuqui encontró una mujer realmente muy especial. Made es la madre que hubiera sido Clari para los mellizos. Hay mucho para agradecerle a él y a ella”, asegura.

Agradecer es las palabras que más repite. Con respecto a la Fundación, por empezar a los Voluntarios y a los miembros del Consejo: sus hijos, Cecilia Torrendell, Dra. Ligia Almitrán (desde Perú), Dr. Eduardo García Yanneo, Dr. Carlos Rodriguez Capurro, Cr. Germán Mayer, Dr. Carlos Batthyany, Lic. Ignacio Etcheverry e Ing. Martín Scasso.

Agradece también los apoyos de empresas y particulares que hacen posible el funcionamiento y acciones de la Fundación. Indian-Parisien, Crocs, Tashiro y Takata, Juana la Loca, Pontyn, Avon, Hard Rock Café, Agrosocio, MP y Aeropuerto de Carrasco. La ayuda todo el año de Alcance, de Grupo Libros y DAC. “Y que siempre nos abren sus puertas Movie, WTCenter y últimamente el Club Carrasco, cuando planteamos algún evento”.

El dolor de haberla perdido me enseñó mucho. Por supuesto que desearía no hablar de la Fundación y que Clari estuviera acá. Frente a lo que no puedo cambiar, trato de vivir con alegría y fe”, dice Giuria.

En noviembre hay fiesta en la casa. “Es nuestro cumpleaños”, asegura. Hasta hoy se celebra a lo grande el cumpleaños de madre e hija.

“Quiero verte bien”, le había dicho Clarita y la madre lo tomó como un mandato. La fe, en este caso católica, también juega su papel. “Soy muy de la idea de San Agustín, que habla de los caminos paralelos. Quienes no están, no andan muy lejos, simplemente van por un camino paralelo, con el que a veces podemos comunicarnos de formas que no entendemos del todo. También creo en el reencuentro. Sé que nos vamos a volver a abrazar como lo hicimos siempre. El abrazo en nuestra familia fue y es una constante. Energía pura. Lo recomiendo”.

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