Hace hoy 100 años, en 1905, el joven Albert Einstein, que todavía ni recibido estaba, le dio al mundo no uno sino varios de los trabajos que han sentado las bases de gran parte de la ciencia moderna.
Entre esos trabajos estaba su ensayo sobre la llamada "relatividad especial", eslabón en la teoría general de la relatividad, que publicaría años más tarde.
La Teoría de la Relatividad es sin duda el más difundido de los aportes de Einstein. Pero el joven de 26 años, que se consideraba un "esclavo" en una oficina de patentes en Suiza, engendró ese mismo año otros cuatro escritos.
Uno de ellos constituyó una nueva teoría de la luz, explicándola como partículas y no como ondas. Hoy sabemos que la luz es las dos cosas a la vez, partículas, llamadas fotones, y ondas electromagnéticas.
Este "paper" fue publicado en el mes de junio. Muy poco después, y tras una conversación completamente trivial sobre la velocidad a que el azúcar se impregnaba con el té, el joven Einstein se descargó con otro trabajo, esta vez una teoría sobre las pequeñas partículas suspendidas en los líquidos. Antes de que algún lector me diga que es un tema demasiado especializado, me apresuro a aclarar que hay una enormidad de consecuencias prácticas derivadas de esos estudios juveniles de Einstein, tanto o más que de su Teoría de la Relatividad.
En 1901 la Universidad de Zurich le había rechazado una tesis sobre el movimiento de los gases. De modo que en ese inspirado año de 1905 Einstein se sacó de la manga otra tesis, acerca de una nueva manera para determinar el tamaño de las moléculas... Desde las épocas de Newton, en el siglo XVII, no había un científico que produjera tantos aportes en tan poco tiempo.
El siguiente de los hallazgos einstenianos tiene que ver con la afirmación por parte de Galileo Galilei, el gran avanzado de la ciencia, de que las leyes de la física se cumplen siempre y en cualquier lugar, mientras la velocidad se mantenga constante. Este genial anticipo de la Teoría de la Relatividad resistía intacto los principios físicos enunciados por Newton.
Pero el descubrimiento del electromagnetismo trajo cierta confusión en el ordenado universo newtoniano. En setiembre, en un intento por conciliar el comportamiento de las fuerzas electromagnéticas con el resto de la física, Einstein publica su pionero trabajo acerca de la llamada relatividad especial, donde afirma que la velocidad de la luz es constante e independiente del medio en el que viaje. Ya todos sabemos que si viajamos ocho años en una nave espacial a la velocidad de la luz, mientras para nosotros, los audaces astronautas, pasan sólo ocho años, en la Tierra habrán pasado centenares, o miles.
Las paradojas de la relatividad han dado pie a mucha ciencia ficción. Pero también han abierto el campo para un avance de la física y de la cosmología que hoy en día amenazan con dejar superado a Einstein, tal como los descubrimientos de Einstein dejaron obsoletos los de Newton.
El principio enunciado por Einstein de que la masa de un cuerpo es igual a la energía que contiene, es expresado en la fórmula mas famosa de la historia E=mc².
La Teoría General de la Relatividad tuvo que esperar hasta 1916, pero lo fundamental del aporte de Einstein había quedado delineado en ese sólo año de 1905. Especialmente la Teoría de la Relatividad convirtió a Einstein en una figura mundial de extraordinaria popularidad. Siendo un pacifista, una carta suya fue determinante para que el presidente Roosevelt comenzara el proceso de investigación que terminó en las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Einstein decidió escribirle al Presidente porque sabía que los nazis ya estaban en la carrera atómica. Después de las masacres nucleares, Einstein dijo: "Si hubiera sabido que serían capaces de tirarlas, en vez de científico hubiera sido zapatero". Sus llamado y el de otros científicos para que estadounidenses y soviéticos pararan la loca carrera nuclear, cayeron en saco roto.
Este individuo genial era también un ser paradójico. Poseía la mayor mente científica de su época, pero no quiso aceptar el grado de incertidumbre presente en la física cuántica "porque Dios no juega a los dados". Era sionista, pero estaba furiosamente convencido de la necesidad de vivir en paz con los árabes. En 1952 le ofrecieron la presidencia de Israel, y no la aceptó.
Nacido en Alemania, abrazó sinceramente a su nueva patria, Estados Unidos, pero no vaciló nunca en criticar a sus gobiernos, especialmente en su incansable lucha por la paz mundial.
Los extraordinarios avances científicos de las últimas dos décadas, especialmente la llamada Teoría de las Supercuerdas, y últimamente la teoría M, han empujado el conocimiento humano más allá de los límites en los que lo dejó Einstein.
La Teoría de las Supercuerdas reconcilia la teoría de la relatividad con la física cuántica, o sea la visión de lo muy grande, con la visión de lo muy pequeño. La teoría M, por su parte, parece darnos por primera vez una explicación final de la naturaleza y la mecánica del universo.
Pero nada de esto hubiera sido posible sin la prodigiosa capacidad científica de Einstein, su maravilloso poder de abstracción y su manera de imaginar explicaciones para luego generar la matemática necesaria y los experimentos para probarlas.
Hoy la física sabe que el espacio no "existe" sino que se crea junto con el universo, y que se "curva" al influjo de la gravedad de los cuerpos celestes. Hoy sabemos que el vacío no es "nada", sino que es "algo".
Hoy sabemos que a un nivel mucho más chico, millones de veces más pequeño que el núcleo de un átomo, la expresión mínima de la materia, y de la energía, son infinitesimales filamentos que vibran y que de la frecuencia de esas vibraciones dependen las propiedades y características que adoptan.
Pero una gran parte de ese salto enorme del conocimiento, en las grandes leyes del cosmos y en la intimidad de la materia, en lo micro y en lo macro, no hubiera sido posible sin Einstein, o hubiera sido dado mucho más tarde.
Queda, además, insuperado, su ejemplo de ética y de solidaridad por sus semejantes.