SALUD MENTAL

Tres futbolistas uruguayos se suicidaron en medio año: luces y sombras de una carrera fugaz

La atención psicológica hoy no está garantizada en la mayoría de los clubes de fútbol, ya sea por su situación económica o porque se ve al psicólogo como “un gasto” más que una inversión importante.

Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

Se habla bajo, se oculta, se dice “hay que hablar”, no se habla. Y así, en medio de tanto silencio, se suicidaron 718 uruguayos en 2020. Para ponerlo en perspectiva: las muertes por accidentes de tránsito representan aproximadamente la mitad de las autoeliminaciones, y los homicidios, menos de un tercio. Sí, 718 es una cifra esperable —no por eso menos alarmante— que apenas ha oscilado en los últimos dos años. Es un número que ya no sorprende. El verdadero shock llega cuando un número tiene nombre y apellido; cuando ese nombre se asocia con la superación, el triunfo y la “garra”, cuando tiene un rostro, una historia y se llama, por ejemplo, Santiago “Morro” García. O Williams Martínez. O Emiliano Cabrera, el exfutbolista de Boston River y Juventud de Las Piedras que jugaba en el interior y cuyo suicidio se conoció ayer.

Más allá de la particularidad de cada caso, estos hechos ponen a la vista de todos una problemática histórica en el país, que ahora, además, hace tambalear la fantasía del futbolista superpoderoso, hermético a las adversidades, el que todo lo puede. Entonces, cabe preguntarse: ¿qué tan en cuenta se tiene la salud mental puertas adentro de un club? ¿Qué enfrenta un jugador, en silencio, a lo largo de su carrera y qué pasa cuando las luces se apagan?

La inhibición del miedo —el “no seas cagón”—, la presión por el rendimiento, la expectativa de un pase, lo que dice la prensa y lo que se dice en redes sociales, ser el “salvador” de la familia, la incertidumbre del retiro en plena juventud y la sobredimensión de las emociones en una carrera tan corta son algunos de los factores que pueden afectar la salud mental de un futbolista, dicen los expertos. Y justamente las emociones no son un tema de conversación frecuente en el ámbito futbolístico. Mucho menos, la depresión y el suicidio.

“El futbolista simboliza superación, que siempre tiene que ir para adelante, que no hay nada que lo haga temblar. Entonces, casi no se toca el tema”, dice el exfutbolista Richard “Canguro” Porta, quien dirige actualmente la sub 15 de River Plate. “A veces tenés una charla con un compañero, pero al no haber vestuarios desde hace más de un año, esa conversación se perdió”, agrega.

Frente a la pregunta de cuán presente está el tema en los clubes, el psicólogo deportivo de Rentistas, Diego Martínez, es categórico: “No se habla”. Es por eso que el pasado miércoles, tres días después de que se trascendiera la muerte de Williams Martínez, el especialista —quien también es psicólogo en el programa Gol al futuro de la Secretaría Nacional de Deportes (SND)— reunió a todo el plantel de Rentistas, incluidos los utileros, y les habló del tema. Mencionó, sobre todo, los indicadores que podrían sugerir algún síntoma de depresión.

Martínez puntualiza que el silencio ante esta problemática no es algo exclusivo del ámbito del deporte. El no hablar abiertamente sobre el suicidio y sus múltiples causas es un problema que tenemos como país, dice.

Respecto a su experiencia trabajando con futbolistas, Martínez dice que “se ven sometidos todo el tiempo a una forma de comportarse que lleva todas las conductas y estados emocionales a los extremos”. Y esa sobredimensión hace que el deportista viva el fútbol como una cuestión de “vida o muerte”. “Estar fuera del equipo titular tiene su repercusión. Estar fuera del plantel para una fecha tiene su repercusión. Estar lesionado tiene una repercusión. No encontrar el rendimiento, estar poniéndose constantemente a prueba... Todo eso impacta en el individuo”, agrega el psicólogo.

Y ese vida o muerte no es solo una sensación del futbolista. Basta con ver las banderas de la hinchada: “Manya a muerte”, “Nacional o muerte”, “vivo por vos más que por mí” son algunos de los mensajes que flamean —o flameaban— en las tribunas.

Santiago "Morro" García. Foto: AFP
Santiago "Morro" García. Foto: AFP

Una muerte que conmocionó a dos países

Santiago “Morro” García se quitó la vida el 4 de febrero en Mendoza, Argentina. El hecho hizo que varios jugadores se animaran a hablar públicamente de la depresión. Leandro Reymúndez, jugador uruguayo que actualmente se desempeña en el club Iberia de Chile, fue uno de ellos. En los meses más duros de la pandemia, “no tenía ganas de entrenar, de hablar ni de ver a nadie”, cuenta a El País. “La gente tiene que entender que el jugador de fútbol, por más que haga lo que le gusta, es una persona como cualquier otra”.

Desde el principio.

El sinfín de estímulos empieza en el baby fútbol, el primer paso en una carrera tan explosiva como efímera. Martínez expresa que desde ahí se “bastardea o se anula el sentimiento del miedo”. Con el clásico “meté la pata, no seas cagón” se niega una emoción necesaria para superarse, explica. “Antes de ser rudo, uno tuvo que tener miedo. Lo previo a la valentía, a ir para adelante, es el temor. Lo que viene después, ser valiente, es la capacidad de afrontar el temor y superarlo”, sostiene.

“Estamos en una cultura que hace que un jugador en un plantel no pueda decir que tiene miedo antes de entrar a un partido. Y ahí hay una anulación de emociones. Lo mejor sería expresarlo, decir ‘tengo miedo, pero estoy con ganas de jugar’, y que un compañero te diga ‘vamo arriba, corré conmigo’”, ejemplifica el especialista. En ese caso, al haberse expresado, la emoción no vuelve en forma de ansiedad.

Pero esto, generalmente, no pasa. “Es un cascarón que nos hicimos los deportistas, eso de ir contra la adversidad siempre”, dice Porta.

Pero no solo frente a la cancha está esa negación del temor. “Es terrible el miedo que sienten (los jugadores) cuando se recuperan de una lesión”, dice Martínez. La recuperación implica “todo el proceso biológico de recuperación de la lesión misma”, y conjuntamente, “una recuperación psicológica de la lesión que tiene que ver con la confianza”. A veces, señala, este último proceso es más largo. En el fútbol en particular, la emoción está “anulada” al punto de que el futbolista no expresa el temor natural de volver a lesionarse. Y en su vuelta a la práctica, se mezcla “la obligación de rendir” —más cuando se es el sostén de la familia— con la presión del entorno y de los dirigentes por jugar y jugar bien.

Por su parte, el especialista Martín Bergalo, psicólogo deportivo en Gol al futuro, señala que todos estos estímulos “siempre van a estar en el entorno, el tema es cómo los interpreta la persona”. Y agrega: “Va a haber estímulos de distinta índole según el contexto; y esto impacta sobre una estructura, una personalidad, una historia. Todo está puesto en juego para que una persona maneje de la mejor forma una situación específica”.

En ese sentido, la atención psicológica no está garantizada en todos los clubes, ya sea por su situación económica o porque en varios casos se ve al psicólogo como “un gasto” más que una inversión. Según un relevamiento de la SND, la mayoría de los clubes de segunda división no cuentan con un psicólogo en el equipo, y en primera división son “muy pocos” los que lo tienen.

Sin embargo, la mayoría de los clubes cuenta con al menos uno en formativas. De hecho, el reglamento de concesión de licencias de clubes de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) no exige a las instituciones de primera y segunda división que cuenten con un psicólogo. Pero sí es obligatorio que lo tengan, desde 2020, en caso de participar en torneos de la Conmebol. Ahora, para la participación en los torneos uruguayos, no es un requisito en la actualidad.

Ese vacío de algunos clubes se intenta compensar a través de una de las aristas del programa Gol al futuro de la SND, que dispone de cuatro psicólogos que trabajan en todos los cuadros de la AUF a nivel sub14 y sub 19 de la división A y B. “Trabajan con los clubes, los entrenadores, los preparadores físicos, los dirigentes e incluso con padres de los futbolistas. Se hacen en talleres de diversos temas; es un tratamiento abarcativo de toda la salud mental”, dice Alejandro Sagasti, director del Área Programas Especiales de la SND.

Sagasti agrega que, de requerirlo, también se trabaja de forma individual, y si el profesional evalúa que se requiere un tratamiento con psicólogo clínico o psiquiatra, se hace una derivación a la sociedad médica del jugador.

Williams Martínez
Williams Martínez estaba disputando el torneo de la Segunda División Profesional defendiendo la camiseta de Villa Teresa.

El final.

Después del periplo, colgar los botines “es todo un tema”, dicen los especialistas y los jugadores. “Cuando uno deja el fútbol no sabe ni cómo reaccionar”, señala Porta. Incluso antes de tomar la decisión hay miedos e incertidumbres frente a un futuro incierto.

No obstante, en este el último tiempo, los programas que se llevan a cabo desde la SND y desde las autoridades del fútbol en general impulsan a los juveniles a terminar el liceo y seguir formándose. “La mayoría de los que pasan por las formativas del fútbol van a terminar trabajando en otra cosa. Eso hay que tenerlo claro, que los jugadores tomen conciencia y tengan otras posibilidades”, dice Bergalo.

Sobre los que sí llegan a ser profesionales, Porta plantea: “Muchos pueden tener una vocación o se fueron preparando sin estar abocados 24 horas a ese proyecto paralelo, pero ya lo comenzaron y lo pueden continuar cuando dejan el fútbol. Pero la realidad es que la mayoría termina y no sabe qué hacer”.

Por eso, señala Martínez, vemos a muchos futbolistas cerca de los 40 años que “estiran” su retiro, van al interior o pasan de cuadro en cuadro sin enfrentarse a la “reelaboración del proyecto de vida”, que vuelve a aparecer a una corta edad. “Los pocos que pueden hacer una diferencia económica grande, pueden tener emprendimientos personales o cierta solvencia económica. Pero para la mayoría, el día después es muy duro”, agrega el psicólogo.

¿Qué se podría hacer, entonces, para contener emocionalmente a un futbolista cuando está en la cima y cuando está en el ocaso? Para Porta, la solución no viene de arriba. “Cuando se apagan las luces y estás afuera de la cancha, sos una persona común y corriente. Eso tenemos que aprenderlo nosotros. Tenemos que permitirnos expresar y liberar la amargura”.

Teléfonos de ayuda

Línea Vida Prevención del Suicidio 0800 0767 - *0767
Línea de apoyo emocional 0800 1920

Funcionan durante las 24 horas, todos los días del año, sin importar a qué prestador de salud esté afiliada la persona que consulta.

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