"No hay motivo para excluir a la Iglesia de los debates"

La cuestión. ¿Cómo van a ser, a largo plazo, las relaciones entre la religión y la política?

La respuesta / Causas Sagradas

Causas sagradas (Taurus, distribuye Santillana, 980 pesos) es un repaso del historiador británico Michael Burleigh al vínculo entre religión y política en Europa desde, como se anuncia en la portada "la primera guerra mundial al terrorismo islamista". Burleigh es un reconocido investigador conservador con carrera en Oxford, Cardiff y en la London School of Economics. Su El Tercer Reich. Una nueva historia (que también editó Taurus) recibió múltiples elogios -El País Cultural lo incluyó entre los mejores libros de 2003- por lo exhaustivo y serio de su planteo. Causas sagradas ha sido juzgado con el mismo respeto.

A los ateos y anticlericales (muchos de los cuales se consideran "liberales") les gusta repetir la cantinela de las cruzadas y de la Inquisición y las guerras religiosas y de los cristianos evangélicos de Estados Unidos para excluir a las iglesias de toda participación en la política. En la medida que hay un debate, éste se mantiene al nivel de la alarma provocada cuando un primer ministro británico menciona sin darle mayor importancia que es responsable ante Dios, una confesión bastante común a lo largo de la historia europea, desde Luis el Piadoso hasta Gladstone. Históricamente, por supuesto, según han señalado pensadores como Marcel Gauchet y George Weigel, el cristianismo tuvo mucho que ver con la idea del individuo sacrosantoy autónomo, con la conservación de un ámbito al margen del Estado, anticipo de la sociedad civil, con el concepto de jefatura elegida y responsabilidad de los gobernantes ante poderes superiores. Casi resulta superfluo añadir que el cristianismo desempeñó un papel especial en la alta cultura europea y en campañas (o cruzadas) como la abolición del comercio de esclavos y el alivio de los males sociales de la industrialización. ¿Cuántos liberales ateos dirigen comedores gratuitos para drogadictos sin techo? ¿Acaso son la cultura de las armas y el rap gangsteril que tanto emocionan a los comentaristas culturales progres, mejor alternativa que las florecientes iglesias pentecostales negras? Y otra cosa más polémica, las iglesias mantienen inhibiciones y tabúes necesarios, sin los cuales parecemos degradados, a juzgar por gran parte de lo que suelen imponernos los que dirigen la programación televisiva en una obsesión por la sexualidad que comparte un sector del clero. Los logros históricos del cristianismo merecen más atención de lo que suelen recibir. Resulta curioso que haya cada vez más intelectuales laicos, como Règis Debray o Umberto Eco, dispuestos a defender el cristianismo contra los estúpidos intentos políticamente correctos de negarlo o marginarlo.

Por otra parte, parece que no existe ningún motivo racional para excluir del debate político a los cristianos -por no extenderse más-, como no lo hay para negar el voto a las personas pelirrojas o de ojos azules. Esto es especialmente notorio cuando hablan con autoridad, sobre todo en relación con los ancianos, los presos, los enfermos y los desfavorecidos, a los que la asistencia social burocratizada había hecho muy poco o nada por ayudar. Resulta más dudoso que tengan algo pertinente que aportar, por ejemplo, a la política exterior, sobre todo cuando se limitan a repetir las mismas opiniones de la intelectualidad progresista con respecto a, pongamos por caso, Israel y Palestina. Las cosas se complican más por lo que se refiere a temas como la creación o expansión de escuelas religiosas, con todas sus posibilidades de consolidar guetos antagónicos mediante lo que en el peor de los escenarios equivaldría a un adoctrinamiento monocultural, por mucha palabrería táctica que se dedica a un multiculturalismo interesado. Que un arzobispo de Francia de origen judío sea uno de los principales defensores de la separación de Iglesia y Estado o que Baviera prohíba los pañuelos ede cabeza musulmanes mientras hace obligatorios los crucifijos en las escuelas, ilustra la complejidad de los acontecimientos actuales de los que ha sido responsable en buena medida el islamismo radical.

Intelectual temerario

Causas sagradas está ilustrado con una serie cronológica de fotos que van desde la inauguración del cenotafio de Whitehall en 1920 hasta los disturbios en los suburbios de París. El pie de foto que acompaña la instantánea del ataque a las torres gemelas (y que se respeta en esta traducción) le valió a Burleigh alguna que otra crítica. Allí se define al 11/S como "un asesinato masivo" que "anunció el inicio de una agresión islamista ilimitada contra la civilización occidental". A eso se le llama un intelectual agresivo.

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