PUENTE PARA EL NARCOTRÁFICO

Mulas eligen Uruguay por bajas penas; nuevas estrategias para burlar seguridad en Carrasco

Dobles fondos de valijas, cocaína impregnada en la ropa y los que tragan tizas. Los narcos no dejan de buscar formas para que sus mulas puedan pasar hacia Europa. Quienes caen dicen que deciden salir al mundo desde Carrasco porque en Uruguay las penas son más leves que en otros países.

Aeropuerto de Carrasco
Valijas con doble fondo siguen siendo una estrategia muy utilizada. (Archivo: El País)

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Primero la mula no vale nada: es, para los narcotraficantes, un mero medio de transporte. Después, cuando lleva la carga, ya pasa a valer el costo de la droga: en promedio podríamos hablar de unos US$ 1.000. Luego, en caso de que llegue a Europa, la mula ya vale entre US$ 35.000 y US$ 40.000, que es lo que se puede conseguir por la venta de lo que haya logrado trasladar.

Si en el camino cae, la mula vuelve a no valer nada. No habrá nadie que reclame por ella. La darán por perdida. En algún bolsillo tendrá un teléfono celular con un número de contacto de un narco que nunca atenderá y con suerte algo de dinero, no más de US$ 150.

Va a ir presa la mula, probablemente al Comcar. Y en muchos casos su idioma no va a ser comprendido por ninguno de los otros presos. Vivirá un infierno. Cuando consiga la libertad será expulsada de Uruguay. Volverá a su país. Quizá allí viva otro infierno, el mismo del que escapó y le llevó a convertirse en mula.

¿Quiénes son?

Si uno tuviera que trazar un perfil de las mulas que transitan por Carrasco, no podría hablar más que de algunas generalidades: son más los hombres que las mujeres, suelen tener entre 30 y 40 años, sus nacionalidades son diversas (las hay de todos los continentes), y se mueven en el aeropuerto con la misma torpeza que puede mostrar un viajante primerizo —y esto se debe a que en muchos casos viajan por primera vez.

Comúnmente caen en la zona del check in: es allí donde alguno de los policías capta una actitud sospechosa y la detiene. “Pasajero con alto perfil de riesgo”, les dicen. En caso de que la mula haya despachado su equipaje, lo irán a buscar. La valija, que antes debería haber pasado por el control de los rayos X y a veces también por el olfato de algún perro policía, será abierta en la cara del presunto traficante. La mula no tendrá escapatoria. Si confiesa su pena será menor. Ellas lo saben y por eso casi siempre hablan.

Si la mula cae, no cae toda la organización. En el escenario del narcotráfico los papeles están bien divididos: está el que planta, está el que produce, está el que transporta y está el que distribuye. Y muchas veces ni se conocen entre ellos. Es un negocio en el que participan muchos.

Antes, en décadas pasadas, los grandes cárteles, como el de Medellín (1976-1993), o el de Cali (1975-1995), hacían todo: plantaban, producían, transportaban y distribuían. Ahora no, por eso cuando atrapan a un transportista pocas pistas habrá de quién está detrás de él.

Lo más común es encontrar dobles fondos en las maletas, pero hay otra modalidad que se viene utilizando cada vez más: la de esconder cocaína impregnada en prendas, algo que se logra a través de un proceso químico.

También están las que tragan la droga. Las detenciones de estas últimas mulas han caído estrepitosamente. Algunos advierten que esto se debe a que las tizas con cocaína cada vez se hacen mejor, y a que hay fármacos que ellas pueden tomar para no mostrarse descompuestas durante el viaje.

—Nosotros podemos saber a cuántos logramos detener, pero no tenemos certezas de cuál es el universo de personas que intenta pasar con drogas y logra pasar. Esa es la verdad —reconoce Carlos Noria, titular de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas (Dgrtid).

Marihuana

Trasladan flores, plantas y semillas

En 2014 se reglamentó la ley de regulación del mercado de la marihuana. Inmediatamente empezaron los registros para clubes cannábicos y autocultivo. Poco después, a partir de 2015, narcóticos empezó a incautar semillas de marihuana que algunas personas intentaban entrar o sacar de forma ilegal de Uruguay. Mientras que según los registros del Ministerio del Interior de 2005 a 2014 no hubo ninguna incautación de semillas, en 2015 se hallaron 1,1 kilo; en 2016, 337 gramos; en 2017, 1 kilo; en 2018, 1,4 kilo; y en 2019, hasta agosto, 1 kilo.
También, desde 2017, narcóticos empezó a incautar flores: 17,6 kilos en ese año, 16,9 kilos en 2018 y en 2019 van ya 22 kilos.
En cuanto a las plantas, aunque ya había habido incautaciones antes de la regulación, las cifras crecieron: se pasó de 269 en 2013, a 459 en 2014, 624 en 2015, 661 en 2016, 1.926 en 2017, 368 en 2018 y van 825 en 2019.

Droga impregnada

 El 18 de julio a las 11:45 horas la policía del aeropuerto detuvo a dos sudafricanos, un hombre y una mujer, que se disponían a hacer el check in. Planeaban abordar el vuelo IB612 de Iberia rumbo a Madrid. De ahí irían a Hong Kong. Ella llevaba una valija verde y él una azul. Ambas de la misma marca. En la de ella no había cocaína; en la de él sí: más de 11 kilos.

Era pasta de coca que estaba distribuida en tres planchas de cambiadores de bebés con un peso de 1,7 kilos; también había: cinco chiripás con 1,6 kilos, dos rebozos con 900 gramos, 17 pantalones con 1,7 kilos y 48 bodys con 5,2 kilos.

Lo que hizo la policía del aeropuerto fue verter un reactivo —que sirve para detectar cocaína— en dos de las prendas. El examen dio positivo. De todos modos, antes de realizar este procedimiento las autoridades ya tenían la certeza de que habían atrapado a una mula.

—Cuando se abre una maleta y hay ropa con cocaína impregnada uno se da cuenta —señala Noria.

La vestimenta suele estar más opaca que de costumbre, al tocarla se siente “acartonada” y tiene un olor al que los policías ya están acostumbrados.

Para extraer la droga se hace el proceso inverso al que los narcos realizan para impregnarla ropa. Se ponen las prendas en un recipiente y se las cubre en su totalidad con agua. Allí se dejan por 24 horas. Luego se sacan, se escurren y la solución obtenida se traslada a unos vasos de Bohemia. A eso se le agrega amoníaco y se pasa todo a través de un filtro. Lo que queda se coloca en bandejas recubiertas con aluminio y se seca por 24 horas en una estufa a 40° centígrados.

—Los últimos decomisos que hemos tenido en el aeropuerto han sido así: droga impregnada en ropa. Es la nueva modalidad —señala Noria.

El hombre que llevaba los 11 kilos de cocaína fue condenado el 16 de septiembre. Obtuvo una pena de tres años y cuatro meses de penitenciaría, la que cumple en el Comcar. Si lo hubieran agarrado en Hong Kong probablemente habría pagado con una pena de 20 años.

La sudafricana, en tanto, quedó varada en el aeropuerto hasta que le enviaron dinero para que pueda viajar a su país.

—Vivió ahí hasta que le mandaron plata para el pasaje —dice Patricia Rodríguez, fiscal de Ciudad de la Costa que manejó el caso.
—Como Tom Hanks —bromeo.
—Como Tom Hanks —afirma ella.

Con los ciudadanos sudafricanos que son detenidos en Carrasco se da el problema de que en Uruguay no existe una embajada de ese país, sí hay una en Argentina a la que se suele notificar y que no tiene un protocolo específico para cada vez que pasa esto. De hecho, muchas veces quienes quedan varados dependen de algún familiar o amigo.

El fiscal Eduardo Sosa, de Atlántida, que también recibe mulas del aeropuerto, cuenta que tuvo recientemente otro caso de una persona que quiso pasar droga impregnada en ropa de bebé. No era un sudafricano, era un croata.

—Es el método que están usando ahora —advierte.

Cada vez más

Cada vez más. Las cifras de incautaciones de cocaína en Uruguay han marcado récords en los últimos años. De 179 kilos en 2017, se pasó a 756 kilos en 2018 y a 1.715 kilos hasta el 20 de agosto de este año (ver datos completos del Ministerio del Interior). Mirando estos números, lo que se incauta de cocaína en el aeropuerto puede ser considerado poco.

Entre el año pasado y lo que va de este se hicieron 19 detenciones en el aeropuerto de Carrasco (12 en 2018 y siete en 2019): tres uruguayos, siete brasileños, un colombiano, cuatro peruanos, dos checos y dos sudafricanos.

En 15 de los casos las mulas llevaban cocaína, en tres anfetaminas en escamas y en una, éxtasis. Las de cocaína sumaron un total de 80 kilos: 63,400 que intentaban sacarse del país y 16,600 que se pretendían entrar. En el caso de las anfetaminas en escamas, fueron 22,5 kilos. Y en lo que respecta al éxtasis, 5,5 kilos.

—Es mucha, mucha, anfetamina. Mucho, mucho, éxtasis. Esto le fue descubierto a pasajeros que estaban en tránsito, que iban a Europa —señala Noria.

Para el jerarca la droga que se mueve por Uruguay no es para Uruguay.

El último informe elaborado por el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toximanías, publicado en 2019, establece que en el último año 19,1 millones de adultos jóvenes (de 15 a 34 años) habían consumido algún tipo de droga ilegal en Europa. En cuanto a la cocaína, 3,9 millones de personas (de 15 a 64 años) declararon haberla consumido en el último año.

En tanto, según los datos de la Universidad de Maryland, que ha hecho un análisis similar en Estado Unidos, son 2,3 millones de consumidores habituales los que hay en el país norteamericano.

El Observatorio Europeo no es preciso en cuanto al dinero que se mueve por la venta de drogas, se atiene a hablar de “miles de millones de euros anuales”. La Universidad de Maryland calcula un mercado de US$ 150.000 millones anuales.

En esta coyuntura Uruguay es un país que suele funcionar como un puente.

—Los últimos dos casos que tuve fueron de personas que venían de Buenos Aires, y pretendían pasar por Carrasco —señala la fiscal Rodríguez.

—Entran a Montevideo, cruzan a Buenos Aires, cargan, vuelven a Montevideo e intentar irse —agrega Noria.

También los hay que llegan, van en ómnibus a Brasil, y vuelven. El jerarca, en tanto, sostiene que quienes ingresan suelen llegar de vuelos provenientes de la zona andina.

—Es un tema coyuntural —sigue Noria—. Tiene que ver con lo que pasa en el mundo. Colombia ha aumentado su producción de manera considerable, debido a un montón de factores, tanto ambientales como políticos. Y al mismo tiempo Estados Unidos y Europa cada vez consumen más. Esto lleva a que los narcos busquen diversificar las rutas. Hace unos días la policía brasileña desbarató a una organización que metía drogas en contenedores; en marzo de este año hicieron en Estados Unidos una incautación récord de cocaína, 19 toneladas que salieron de Chile e iban a Filadelfia. Estamos en la región, no podemos mudarnos, nos están usando también a nosotros.

Cocaína
Incautaciones de cocaína crecieron en los últimos dos años (

Otras penas

Como dijimos, la droga que pasa por el aeropuerto es solo una parte del total de la droga que llega a Uruguay. Para trasladar grandes cargamentos es más seductor, dadas sus dimensiones, el puerto de Montevideo, de donde salieron los 4.500 kilos de cocaína que fueron decomisados en Hamburgo en julio. El control del puerto no está a cargo de la Dgrtid, la que opera en Carrasco, sino que está en manos de Prefectura y Aduanas.

Después de esto, en agosto, fueron encontrados 600 kilos de cocaína en un jet privado que partió sí desde el aeropuerto y arribó en Niza. En este caso, señala Noria, tampoco la Dgrtid tuvo participación porque, sostiene, ellos solo se encargaban de controlar vuelos comerciales.

—El tema es que los controles que teníamos previstos no eran para vuelos privados. Eso cambió y ahora estamos controlando todo. Tenemos la misma gente pero nos distribuimos distinto —explica.

¿Pero por qué se elige Uruguay como punto de partida para trasladar tanta droga? Una explicación es la que da Noria: el país es parte de América Latina, el único sitio donde se produce cocaína en el mundo, y es inevitable que los narcos lo intenten utilizar para traficar; otra razón, según lo que han declarado las propias mulas en las fiscalías de Rodríguez y Sosa, es que las penas para quienes caen en Uruguay son menos severas que en otros países. En un procedimiento abreviado, en el que la mula reconoce su intento de pasar droga, las condenas no suelen ser de más de tres años.

El 16 de agosto, por ejemplo, una mujer sudafricana de 44 años fue atrapada cuando pretendía abordar un vuelo hacia Madrid, también para luego ir hacia Hong Kong. Arrastraba una valija fucsia. Dentro había dos carteras de dama y un portafolio con dobles fondos en los que se guardaban seis planchas de pasta de coca. En total eran 2,7 kilogramos. Tras un procedimiento abreviado se la condenó a dos años y seis meses de penitenciaría.

Mulas que tragan

En 2009 falleció una mula en el Hospital Maciel. Una de las tizas que había tragado se rompió y la envenenó. Tuvo una muerte espantosa. A partir de ahí empezaron a caer pacientes que eran descubiertos en el aeropuerto de Carrasco. Ante esta realidad, Fernando Machado, en ese entonces jefe del departamento de Emergencia del centro, seleccionó a un grupo de residentes para que se pusieran a trabajar en un protocolo para tratar mulas.

Entre 2010 y 2011 generaron una base de datos con los 17 pacientes que habían sido tratados en el Maciel en ese tiempo, incluyendo al fallecido. De estos, otros dos debieron ser operados y el resto solo fueron tratados con medicamentos.

Todas las mulas detectadas en Uruguay tenían cocaína. En Europa se han dado casos de mulas con heroína, pero aquí no. La heroína, incluso, tendría una ventaja, porque existe un antídoto; con la cocaína no, si se rompe una tiza la situación es catastrófica.

—En general se trata de extranjeros, de entre 30 y 40 años, de países pobres Todos decían tener necesidades económicas importantes —señala Gabriel Massaferro, uno de los médicos elegidos por Machado para realizar el protocolo.

Las azafatas de las aerolíneas están entrenadas: si un paciente no come ni toma agua y se muestra particularmente nervioso durante el vuelo, probablemente se trate de una mula. Pero claro, en un vuelo corto, esto es difícil de detectar.

En promedio, las mulas que han sido descubiertas en Uruguay tenían unas 65 tizas. Cada una puede tener hasta unos 100 gramos. A nivel mundial, el récord de tizas tragadas por una mula son 230. Para prepararse suelen comer durante un tiempo trozos enteros de zanahoria. La mula debe estar preparada para tragar una gran cantidad de tizas en corto tiempo, puesto que una vez que lo hace empieza la cuenta regresiva.

—Tienen que acostumbrarse a tragar, porque el tránsito intestinal lleva a que al menos una vez por día, cada dos o tres como mucho, la persona tenga necesidad de movilizar —explica Massaferro.

Tanto Noria como Massaferro advierten que las mulas suelen tomar algún tipo de fármaco para enlentecer este proceso. También advierten que han mejorado mucho los envoltorios. Al principio solían usar papel celofán, pero ya desde hace unos años utilizan parafina sólida, con lo que generan una especie de cápsula que “tragan como si fuera un antibiótico”.

Noria advierte que ya hace al menos tres años que no atrapan mulas que hayan tragado. Sin embargo, no descarta que estas sigan existiendo, y que logren escaparle al sistema de control. Massaferro casi da por descontado esto:

—No creo que hayan desaparecido. Más bien tiendo a pensar que al ser mejores las tizas se las captura menos.

Narcóticos no descarta plan de derribos de Lacalle Pou

En marzo pasado, en una entrevista con O Estado de San Pablo, el hoy candidato a la presidencia por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, dijo que de llegar al poder se iba a “terminar el recreo” para los delincuentes. Y en este sentido precisó que, además de llevar a más policías a los barrios, se propone “cerrar las fronteras al narcotráfico”. En este sentido dijo estar considerando “una ley para el derribo de aeronaves que llevan droga y que pasan por nuestro país”.
El mes pasado el ministro de Defensa, José Bayardi, sostuvo que “quien le haya aconsejado” una posible ley de derribos a Lacalle Pou, “no entiende nada”. En declaraciones a Radio Sarandí sostuvo que “la ley de derribos existe cuando hay un riesgo de naturaleza vital en cualquier sociedad”. Y explicó: “Un ejemplo gráfico es el avión que cayó en Pensilvania cuando las Torres Gemelas. De alguna manera había un bien mayor que proteger que era la vida de miles de ciudadanos en el momento”.
Sin embargo, el planteo de Lacalle Pou no es descartado por todas las autoridades. Carlos Noria, Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas, sostiene que aunque “es un tema complicado y habría que ver como instrumentarlo”, se trata “de una herramienta más” para combatir el narcotráfico.
“Hay que ver. Tiene que haber personal responsable que esté las 24 horas pendiente de que lo llamen para indicarle que hay un vuelo no autorizado. Brasil ya tiene una ley aprobada, habría que ver cómo la ejecuta. Hay que ver el tema de los tiempos también, porque nuestro territorio es muy chico, y pueden pasar muy rápido”, señala Noria.
El jerarca sostiene que su dirección tiene “muy claro” que “una de las vías de entrada de droga al país son las aeronaves no autorizadas”. Incluso advierte que en el operativo realizado en Parque del Plata en agosto pasado, donde se encontraron 870 kilos de cocaína, “había indicios de que esa droga había sido tirada” desde aviones.

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