DOS HORAS QUE MARCARON A CERRO LARGO

Milagro a 30 años del papa en Melo

La llegada de Juan Pablo II se revive como un hito de su historia por motivos dobles: para los creyentes fue un día de júbilo y para el anecdotario, el 8 de mayo de 1988 se produjo un tragicómico fracaso comercial ante expectativas desmedidas de una concurrencia masiva y hambrienta.

Juan Pablo II por Arotxa
Juan Pablo II por Arotxa

A los siete años Celina tuvo el encuentro más importante de su vida. Estaba vestida como una china de campaña, dos colitas y pañuelo celeste, cuando él bajó del avión. Con ojos de asombro, ella le entregó un ramo de flores y él, un sobre sellado con un rosario dentro. Le habló con ese tono rígido pero afinado que tenía para el español: "Tienes que enseñar a rezar a mucha gente. Tienes que acercar el Uruguay a María".

Este martes 8 de mayo se cumplen 30 años de la llegada del Papa Juan Pablo II a Melo. Aunque duró solo dos horas, la visita marcó para siempre a los arachanes que la reviven con recuerdos divididos, con una cara que enaltece el valor de fe del mensaje papal y el revés de un fracaso comercial tragicómico. Ante la expectativa de una concurrencia multitudinaria y hambrienta desde Brasil, cientos de personas apostaron por puestos callejeros de comida, pero vendieron casi nada en un fenómeno que inspiró la película El baño del Papa (2007).

Docente de matemáticas y madre de dos hijas, Celina Menéndez conserva el rosario en el espaldar de su cama. "Cuando le pido algo con devoción, cumple", dice sobre su relación con el hoy San Juan Pablo II.

Gustavo Padilla, en la actualidad funcionario municipal, preparó 300 hamburguesas para aquel 8 de mayo de 1988. No vendió ninguna. Richard Palleiro, hoy abogado, compró 20 kilos de chorizos. Colocó solo cinco choripanes. "Fuimos de los que tuvimos pérdidas menores", dicen. Si bien nadie puso un baño como ficciona la película, se reportan casos de hasta 5.000 embutidos sin vender, 4.000 milanesas, 3.000 empanadas, kilos y kilos de asado o pan casero que se tiraron o regalaron.

"El Papa hizo un milagro en Melo: convirtió los chorizos en clavo". Esta ha sido la humorada más repetida en Cerro Largo desde entonces. El lado trágico remite a historias de personas pobres que supuestamente vendieron vehículos o muebles para transformarlos en comida con la ilusión de redoblar lo invertido.

El intendente Sergio Botana cree que la visita de Juan Pablo II ha sido la más significativa de la historia de Cerro Largo: por única vez esta ciudad fronteriza de 50.000 habitantes fue el centro del mundo católico. Pero la presencia del líder espiritual también fue valiosa en números. Los cálculos de la época estiman un auditorio de unos 10.000 fieles, una multitud para las dimensiones arachanas. Hoy, las estimaciones más católicas hablan de 40.000 espectadores aunque el recuerdo de los expuesteros bajan la concurrencia a 7.000 personas. La mayoría locatarios y ninguno con hambre.

Durante su primer período de gobierno, Botana dispuso de la compra del predio de dos hectáreas, propiedad del Banco Hipotecario, donde el Papa leyó su homilía. "No podía permitir que hicieran viviendas", asegura. Ahora está en obras una plaza que se denominará De la Concordia y cuya inauguración se preveía para el aniversario, pero se ha demorado.

Con un costo cercano al millón y medio de dólares y financiado en parte por el BID, el diseño remite al escudo de Juan Pablo II. Una vez inaugurada, la Plaza de la Concordia será el recordatorio más grande en Uruguay de cualquiera de las dos visitas papales al país. "Está pensada como espacio para los jóvenes, a los que Juan Pablo II les dedicó su vida", describe Botana.

El obispo de Melo, Heriberto Bodeant, considera que el melense está revalorizando el desembarco del Pontífice. "Más allá de ese infortunio (los chorizos de clavo), con el tiempo y luego de la muerte y canonización de Juan Pablo II, el pueblo está tomando consciencia de que aquí estuvo un santo", dice. En ocasión de las tres décadas de la visita, la diócesis preparó varias instancias recordatorias en misas y peregrinaciones.

Pero la capital de Cerro Largo parece que también fue especial para Karol Wojtya. Héctor Lescano, hoy embajador en Buenos Aires, viajó a mediados de los años 90 a el Vaticano como parte de una comitiva de la democracia cristiana. Juan Pablo II saludó a los presentes y cuando supo que estaba ante un uruguayo preguntó con su español rígido y afinado: "¿Y Melo cómo está?, ¿sigue con sus problemas de trabajo?".

La clave.

Juan Pablo II aterrizó en Uruguay por primera vez en abril de 1987, cuando dio su histórica misa en Tres Cruces, ante 300.000 personas. Trece meses después volvió para una segunda visita de tres días que incluyó homilías en el Estadio Centenario, en Melo, Florida y Salto.

"El Papa iba a viajar a Argentina y Chile como forma de celebrar la paz entre ellos, que se había logrado con su mediación. Pero como el acuerdo se había firmado en Montevideo, fuimos con ese argumento al Vaticano y logramos meternos en la agenda. Así se dio la primera visita. La segunda fue de espíritu pastoral y Juan Pablo II ya la tenía prevista", rememora el presidente de la época, Julio María Sanguinetti.

Para cada una de las localidades, el Papa desarrollaba un tema y en Melo se decidió por el entonces acuciante (y vigente hoy) problema del trabajo. Monseñor Roberto Cáceres, exobispo de Melo, fue clave para la llegada del Pontífice. "La diócesis se preparó todo un año para la llegada del Papa. En las comunidades se analizaban todas las semanas las condiciones precarias del trabajo de aquellos años, muchas de las cuales perduran", asegura Cáceres, hoy con 97 años y retirado de la actividad sacerdotal.

En el presente, Cerro Largo aporta el 2% del PIB nacional, los hogares en situación de pobreza ascienden al 7,5% cuando la media uruguaya es de 6,2% y su tasa de desocupación es similar al resto, pero con problemas de informalidad. De acuerdo a datos de 2016 el 44,6% de las personas ocupadas trabajan en negro. Cerro Largo y Artigas representan los departamentos de menor aporte a la seguridad social.

Hace 30 años todos estos indicadores solo podían ser peores. Buena parte de los trabajadores precarios se dedicaban (y se dedican) al pequeño contrabando. Son los llamados "kileros": hombres en moto que van y vienen al poblado brasileño de Aceguá (a 60 kilómetros) con garrafas, muebles o comestibles... lo que sea conveniente en determinado momento de la relación cambiaria entre los países. Instalada esa cultura del rebusque diario, el anuncio de la visita papal preparó el terreno para la creencia y el deseo de que una concurrencia multitudinaria se convirtiera en una oportunidad económica.

Después de una noche fría y con llovizna, llegó el día. A las 9:25 del domingo 8 de mayo de 1988 el avión que trasladaba al Papa aterrizó en el aeropuerto de Melo. Celina Menéndez y un niño de nombre Juan Pablo (en honor al Pontífice y que hoy vive en Montevideo) lo recibieron vestidos de china y gaucho. Las autoridades, con Sanguinetti y Cáceres a la cabeza, le dieron la bienvenida. El tercer hombre que le estrechó la mano era un joven intendente de Cerro Largo, entonces blanco y de nombre Rodolfo Nin Novoa, hoy canciller.

Luego se subió al "papamóvil" y recorrió unos 10 kilómetros saludando a los melenses que estaban en las veredas agitando las banderas y carteles. Llegó a la explanada y dictó una homilía histórica, reveladora de su pensamiento respecto a las relaciones laborales y las luchas ideológicas.

Juan Pablo II definió al trabajo como "testimonio de la dignidad humana", les habló de compromiso a los empleados y a los empresarios. Resaltó la importancia de los sindicatos y los llamó a todos a pensar en que el mejor resultado del proceso laboral en su conjunto debe ser el bien de la comunidad. "Si los protagonistas —trabajadores y empresas— logran instaurar una civilización del trabajo, se producirá una revolución pacífica en profundidad", dijo. Hay que verlo en contexto: en 1988 existían aún la URSS y el Muro de Berlín.

Rosendo García. Foto: Fernando Ponzetto
Rosendo García. Foto: Fernando Ponzetto

Rosendo García tenía 18 años y quedó impactado con el mensaje. Como representante de la juventud melense le entregó al Papa en ofrenda un saco de arroz, símbolo de la producción de la zona. "Los jóvenes te necesitamos", le dijo. "Recemos juntos", fue la respuesta del Pontífice.

Para las 11:35, la multitud se dispersaba y Juan Pablo II estaba tomando el avión de vuelta a Montevideo. Nunca se sabrá si los vio o no. Pero en los perímetros del predio y en las calles laterales había decenas de puestos de comida. Al final de la película El baño del Papa se reseña que hubo 387 puntos de venta. Otros cálculos hablan de 200.

"Yo estuve ahí y para mí estaba lleno de gente y fue una fiesta inigualable para Melo. Tenemos que quedarnos con eso", asegura Sanguinetti. Rosendo García, hoy ingeniero agrónomo y empresario, llama a ver lo profundo detrás de lo superficial. "Pocos o muchos, los que estábamos ahí fuimos a alimentar nuestro espíritu, no el estómago".

El clavo.

En los días previos, los medios informaban de la llegada de 800 ómnibus de diferentes ciudades de Brasil, además de miles de personas de localidades de la región, como Treinta y Tres, Tacuarembó o Rivera. La intendencia dispuso que un kilómetro de la ancha Avenida Mata se dejara libre para el estacionamiento de los vehículos brasileños. Aduanas tenía instrucciones de liberar el paso de los feligreses.

En una crónica del diario El País del día previo a la llegada de Karol Wojtya, el obispo de Porto Alegre, Claudio Colling, dio cuenta en Melo de la llegada inminente de miles de brasileños. "Yo he viajado en automóvil los 500 kilómetros que hay de aquí a Porto Alegre y me crucé durante el camino con cientos de vehículos con banderas amarillas y blancas. Seguramente vendrán aquí. Es más, estoy seguro de que de las ciudades de Bagé, Pelotas, Yaguarón, San Gabriel y otras, vendrán todos los fieles".

El mismo día, el intendente Nin Novoa declaraba: "Las informaciones que tenemos nos hacen esperar a 40.000 brasileños".

Sin embargo, cayó la tarde y la noche del sábado 7 y nadie venía. Hacía frío y el rocío se volvía llovizna por momentos.

Se había organizado una vigilia pero ante el rigor del clima, apenas participaron unos 300 jóvenes, entre ellos Botana, economista y hoy intendente. Entonces tenía 20 años y había sido alumno del Colegio Salesiano. Recuerda que guitarrearon y cantaron hasta la madrugada. Había un fogón y algunas carpas para dormir.

Para el amanecer, el fracaso comercial era evidente. Los puestos de venta estaban armados desde la tarde previa, incluso por una cuestión de hospitalidad. Nadie quería que llegara tanta gente a Melo y no hubiese capacidad para alimentarlos.

Solo tres ómnibus cruzaron la frontera el 8 de mayo de 1988. Es cierto que eran tiempos anteriores a internet, pero nadie entiende hasta hoy cómo se generó un error de cálculo tan grande y generalizado. Sin redes sociales, se formó una ola de "fake news" histórica para la frontera y el país.

La televisión no ayudó. Canal 5 transmitió la homilía en vivo a colores y a todo el país. La señal fue repetida por canales locales y brasileños. La propia creencia de una concurrencia masiva pudo causar el efecto contrario: ante la eventualidad de pasar una mañana incómodo, con frío y apretado en Melo, los fieles eligieron verlo por TV.

Sergio Sánchez trabajaba entonces en La voz de Melo, radio líder en Cerro Largo. Fue uno de los periodistas que mayor difusión le dio al acontecimiento y ese día ofició de animador en el estrado papal. "Estábamos convencidos de que iban a venir decenas de miles de personas de todos lados. Pero no fue así", reconoce hoy. De todos modos, estima en 40.000 la concurrencia total, sobre todo de melenses y zonas cercanas.

Widney Noda encarna la única excepción al fracaso comercial. Carpintero de profesión, en la noche vendió unas 200 torta fritas y café. Su secreto: puso un techo donde los jóvenes de la vigilia se guarecían.

Windey Noda. Foto: Fernando Ponzetto
Windey Noda. Foto: Fernando Ponzetto

Profesor de dibujo y empresario de la cartelería, Wilson Gómez instaló 20 puestos de venta de banderas y pósters del Papa. El 8 de mayo habrá vendido 50 unidades, aunque llevaba meses colocando el producto en librerías y el resultado final de su inversión también fue positivo. "Fui relator de fútbol y sé calcular. Para mí, no había más de 7.000 personas en la explanada", recuerda. El otro problema fue la hora. "Si los puestos de comida no habían vendido en la noche, ¿quién iba a comer algo a las 11:30 de la mañana?"

Una vez que el Papa se despidió de los melenses, Gómez fue testigo de escenas duras entre los puesteros: personas llorando, abrazados, alguno que se desmayó. En ese mediodía, una parte de Melo desbordaba de júbilo y otra, de decepción y culpa. "Muchos lo vivían como un castigo por querer hacer plata con el Papa", recuerda Gómez.

Wilson Gómez. Foto: Fernando Ponzetto
Wilson Gómez. Foto: Fernando Ponzetto

Para Celina Menéndez la responsabilidad fue de la intendencia de la época. "Autorizó a todos a vender cuando debió haber dado un cupo limitado o prohibirlo", opina.

El clima quedó enrarecido y Sergio Sánchez fue señalado como el culpable máximo de la confusión. Se tomó tres días y el miércoles siguiente hizo un editorial en la radio. "Dije que en todo caso yo fui culpable de creer lo mismo que creía todo el mundo y que fue una bola de nieve que nadie sabe cómo comenzó. Tampoco sabía que iban a poner puestos. Yo jamás hablé de una oportunidad comercial. Informé sobre un acontecimiento religioso. Después de ese día, nadie más me responsabilizó de nada".

El milagro.

El año pasado el Papa Santo volvió a Melo, representado por sus reliquias. Un grupo de monjas llevó un recipiente con gotas de sangre de Karol Wojtya, que sorprendentemente no ha coagulado. Frente a esa representación de Juan Pa- blo II, Celina pidió con devoción por su padre, enfermo renal. Después de seis años de espera por un riñón, al mes de aquel pedido consiguió el donante y fue trasplantado.

El problema del trabajo sigue vigente en Melo. En estos momentos, dos de las empresas privadas más grandes están en conflicto: la cooperativa láctea y un frigorífico que emplea a 800 personas.

El obispo Bodeant cree que en Melo hay personas más o menos religiosas, como en todos lados. Con fe o sin ella, de lo que se congratula es de un ejercicio generalizado de la solidaridad. "Cuando se enteran que alguien está pasando mal, enseguida se interesan, tratan de darle una mano".

En términos estadísticos, los arachanes son más pobres que los montevideanos que los canarios o que los fernandinos. Pero nunca un melense durmió en la calle o comió de la basura.

Después de aquel 8 de mayo, gran parte del sobrante alimenticio terminó en los estómagos más pobres, repartido entre las escuelas y las barriadas. Padilla, aquel de las 300 hamburguesas, puso un aviso en la radio invitando a pasar por su casa a todo aquel que quisiera alimentarse.

Con dolor, pero también con humor, hubo comilonas por todo el pueblo durante semanas. En tiempos sin freezer en las casas, las chacinerías y carnicerías (que se habían favorecido) prestaron sus cámaras de frío para conservar embutidos. Hasta año y medio después, se siguieron consumiendo los "chorizos del Papa".

A lo mejor el clavo, o como los melenses lo resolvieron, también pudo ser un milagro. PRODUCCIÓN: NÉSTOR ARAÚJO

Misa y homenaje también en Salto y Florida

La segunda visita del Papa Juan Pablo II a Uruguay fue la más larga e incluyó una intensa agenda de actividades los días 7, 8 y 9 de mayo de 1988. En su primera jornada en el país, dio un misa en el Estadio Centenario ante 100.000 fieles. Luego se presentó en la Universidad Católica. Al otro día comenzó su gira por el interior: a Melo llegó la mañana del domingo 8 y para la tarde estaba en el estadio Campeones Olímpicos de Florida, donde dio misa y ordenó a 13 sacerdotes uruguayos.

Al otro día, el lunes 9, hizo su misa despedida en Uruguay, en la ciudad de Salto.

El expresidente Julio María Sanguinetti lo recibió en sus dos visitas a Uruguay y también lo vio en varias oportunidades en el Vaticano. A pesar de su condición de agnóstico, el exmandatario valora la personalidad del pontífice. "Era un hombre de fe admirable. Tenía un carácter muy sereno y, a la vez, era incansable".

Sanguinetti recuerda una anécdota de su segunda visita. "Antes de la misa de Florida él estaba en una improvisada sacristía que había detrás del escenario. La multitud lo esperaba. De repente nuestro canciller, Luis Barrios, se asomó por la cortina y lo vio solito, hincado, rezando".

En Salto dedicó su homilía a la evangelización nueva, "nueva en sus métodos" y "nueva en su ardor". El discurso se desarrolló en el parque Mattos Netto, a orillas del río Uruguay y ante unas 20.000 personas.

En aquella localidad fronteriza también circularon especulaciones desmedidas de una concurrencia masiva, en especial de argentinos. Hubo personas que apostaron a la venta de alimentos, aunque en menor medida que en Melo.

El Papa eligió Salto y Melo por tratarse de las diócesis más antiguas del país. Y Florida por ser el hogar de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona nacional.

Estos días en los tres departamentos habrá misas y celebraciones dedicadas al ahora San Juan Pablo II en ocasión del aniversario número 30 de la visita.

El exintendente de Salto Eduardo Malaquina visitó a Juan Pablo II en Roma en 1994. El Pontífice lo recordó y le preguntó por el quinchado que se empleó como altar en aquella oportunidad. Hoy, el parque Mattos Netto se ha convertido en un barrio residencial y la suerte del quincho fue peor: hace 10 años un hombre fuera de sí, presuntamente borracho, lo prendió fuego.

En el lugar hay una plaqueta alusiva a tan ilustre visita. El mismo 9 de mayo de 1988 Juan Pablo II partió con rumbo a Bolivia para no volver. El único Papa que visitó tierras orientales se despidió en el aeropuerto vivando: ¡Uruguay, que seas muy feliz en el camino de tu historia nueva!".

Rodolfo Nin Novoa
"Me dio la impresión de hombre en paz"
Rodolfo Nin Novoa con Juan Pablo II

—Usted era intendente de Cerro Largo durante la visita del Papa Juan Pablo II, ¿qué fue lo más desafiante de los preparativos?

—Fue bastante discutido el lugar donde finalmente el Papa iba a hacer su homilía. No se trataba de una misa. Al principio se iba a realizar en el Parque Zorrilla, pero unos meses antes se inundó y se resolvió por ese predio en la entrada de Melo. La coordinación con la diócesis y con otros organismos fue increíble. La elección del tipo de estrado tuvo que ver con el tema que iba a desarrollar el Papa, que era el mundo del trabajo. Definimos con los arquitectos que fuera algo muy austero y rústico, con mucha madera y arpillera. Fue algo muy sencillo. Pero la construcción demandó un gran esfuerzo de toda la comunidad, con la intendencia a la cabeza. Éramos un gobierno joven. El país hacía tres años que había salido de la dictadura.

—¿Qué recuerda en concreto del día de la llegada del Papa?

—Fue muy emotivo. Junto a otras autoridades fuimos a esperarlo al aeropuerto. Imagínese, un Papa llegando a Melo. Era algo histórico.

—¿Qué impresión le dio personalmente?

—Lo saludé y conversé con él unos instantes. Me dio la impresión de un hombre muy en paz. Tenía una manera muy afectuosa de acercarse a las personas. Y la mirada, sobre todo, era muy determinante.

—¿Usted es religioso?

—No soy practicante, pero tengo formación católica.

—En los días previos se generó una gran expectativa por la llegada de miles de personas, ¿todos creían en esos vaticinios?

—Sí, todo el mundo. Las informaciones periodísticas y de referentes de la Iglesia eran esas. Desde la Intendencia hicimos previsiones. Además, yo había invitado a todos los intendentes de la región y también se suponían que vendrían muchos fieles de los departamentos limítrofes.

—Muchos apostaron por puestos comerciales, ¿la Intendencia debió limitarlos?

—Nosotros nunca fomentamos que la gente pusiera puestos de comida. Al contrario. Pero cuando vimos que las expectativas eran tantas, decidimos no restringir, pero sí pusimos un orden y establecimos zonas.

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