Marcela Quispe cautiva miradas cuando agita sus polleras de pliegues multicolores y mueve la cabeza con gracia, para equilibrar su sombrero bombín al compás de una espectacular danza folclórica en la calle. Es la más joven de la comparsa y de su mantilla cuelga un prendedor de plata, mientras que en sus orejas se observan dos enormes pendientes de oro. Orgullo indígena, lujo y color lucen las bailarinas "cholas``.
Alentadas por la promoción de los valores autóctonos que hace el gobierno, ellas iniciaron su propio destape reivindicando su señorío aymara en las calles, en fiestas populares y en las pasarelas, donde lucen vistosos trajes que no escapan al glamour de la moda más refinada.
Hasta no hace mucho, no era bien visto por la conservadora sociedad paceña que una chola ingresara a un hotel de cinco estrellas, aún cuando todavía tienen ingreso restringido a locales exclusivos. Pero hoy son funcionarias, empresarias y hacen sus desfiles de moda en hoteles.
Chola es la expresión común con la que se denomina a las mujeres campesinas de origen indígena, aunque con frecuencia son mestizas, y que se caracterizan por usar ropas que en buena medida imitan a las de las españolas de la época colonial: polleras que parecen armadas con miriñaque o almidonadas, mantillas y sombreros de bombín.
Las indígenas del campo no visten con la elegancia de las cholas de la ciudad. Aquellas cosen sus trajes rústicos con lana de oveja y las cholas urbanas utilizan telas finas según las pautas de la moda internacional, que hábiles comerciantes indígenas traen en fugaces viajes a Japón, Chile, Brasil y Estados Unidos.
No es barato para su economía. Un sombrero puede costar hasta 356 dólares; la pollera, manta y zapatos hasta 171 dólares, sin contar las pendientes de oro y el enorme prendedor que lucen en el pecho y el sombrero, dice la concejal, Rosario Aguilar, la primera chola que llegó al Consejo Municipal de La Paz desde una organización barrial. Otra chola quechua es presidente de la Asamblea Constituyente. Hay varias senadoras, diputadas y alcaldesas.
"Las mujeres de pollera tenemos el coraje de representar a la chola, de mostrarnos, es una forma de sentir orgullo boliviano``, dice Dady Chayra, de 22 años, mientras retoca su traje para participar en el concurso "Cholita paceña``. El certamen escoge cada julio a la belleza indígena aymara, pero este año la ganadora fue despojada del título porque el jurado descubrió que utilizó trenzas postizas.