Rachel Donadio, The New York Times
Desde la crisis financiera a lo largo del mundo, la Unión Europea (UE) ha estado profundamente dividida con respecto a la política económica. Con la intervención de Libia, también se ha dividido en torno a la política exterior. Sin embargo, muy pocos temas actuales demuestran que son más decisivos dentro del bloque que la inmigración.
Esto fue aclarado esta semana, cuando los 27 integrantes de la discordante UE rechazaron la idea de Italia de facilitarles los viajes a otras partes de Europa a los inmigrantes que aterricen primero en Italia. Al tiempo que una ola de inmigrantes huye de la intranquilidad en el norte de África que no da señales de estar menguando, el rechazo hizo que surgiera la posibilidad de un reforzamiento de controles entre fronteras europeas por primera vez desde que se introdujo el viaje sin visa, en la década de 1990.
Se han estado acumulando las frustraciones durante varias semanas, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, finalmente dijo basta. De visita en la isla de Lampedusa, el punto de entrada para miles de inmigrantes norafricanos hacia Europa, dijo: "Ya sea que Europa es algo real y concreto o no lo es. Y en ese caso, es mejor que cada cual regresemos a nuestra propia senda y dejemos que todos sigan sus propias políticas y egoísmo".
La declaración de Berlusconi, repetida por otros integrantes de su gobierno y criticada por sus contrapartes europeas, puso de relieve un enfrentamiento en el horizonte de Europa con respecto al manejo de los 23.000 inmigrantes que han llegado a Italia desde enero.
Temores hacia los inmigrantes impulsados por partidos conservadores, y la inconformidad de los electores debido al malestar económico, han profundizado lo que ya eran profundas divisiones dentro de Europa. Algunos expertos dicen que el tema está volviéndose cuando menos tan problemático -y potencialmente desestabilizador- como la lucha de Europa por controlar una sucesión de crisis fiscales. Y eso se suma a una nueva fuente de fricción en torno a la intervención de la OTAN en Libia.
La mayoría de los africanos que busca trabajo o refugio en Europa son tunecinos, pero hay cada vez más africanos huyendo de Libia. Para reducir las tensiones en los improvisados campamentos de Italia, hacia donde los oficiales embarcaron a los emigrantes que llegaron en los primeros días a Lampedusa, funcionarios oficiales dijeron que emitirían permisos temporales de residencia a inmigrantes calificados.
Italia le había pedido a otros estados integrantes de la UE que reconocieran la validez de los permisos para el ingreso, condonando esencialmente el paso de los inmigrantes a Francia y más allá. En una reunión de secretarios de relaciones exteriores de la UE en Luxemburgo el lunes, otros estados integrantes se negaron, entre los cuales destacaron a Francia y Alemania.
En respuesta a esto, el ministro del Interior de Italia, Roberto Maroni, dijo: "Yo me pregunto, ¿tendrá sentido permanecer en la Unión Europea?".
Si bien vecinos europeos han criticado a los italianos por su deficiente manejo de la situación de inmigración, las estrellas del partido de la Liga Norteña de Maroni, conocido por su postura antiinmigrante y feroz escepticismo al euro, han criticado al canciller por no haber actuado con suficiente fuerza.
También este lunes, Francia no solo rechazó la idea de Italia sobre una visa temporal, sino que su ministro del interior dijo que París usaría "todos los medios legales a nuestra disposición" para incrementar los patrullajes en la frontera franco-italiana. En semanas recientes, Francia ha rechazado a más de mil norafricanos que intentaban cruzar la frontera.
Alemania criticó a funcionarios italianos por haber socavado el Acuerdo de Schengen, el cual estableció zonas exentas de pasaportes, y dijo que Italia debería manejar a los inmigrantes por sí sola.
"Dentro de esta solidaridad europea, es necesario que cada país individual primero enfrente su responsabilidad", declaró el ministro del interior de Alemania, Hans-Peter Friedrich.
En Francia, el presidente Nicolas Sarkozy está luchando con el ascenso del ultraconservador Frente Nacional, conocido por su postura antiinmigrante, al tiempo que los temores sobre la inmigración también moldean la política alemana. La coalición de centro-izquierda de Berlusconi depende de la Liga del Norte.
A medida que se han profundizado las divisiones de Europa, las elecciones regionales han cobrado mayor significado europeo, particularmente en Alemania. En respuesta a fuertes presiones políticas, la canciller Ángela Merkel revirtió hace poco el apoyo a la energía nuclear que su partido había prodigado por largo tiempo e, incluso así, perdió en Baden-Wurtemburg, donde sus democristianos habían tenido influencia desde 1953. Previamente insistió en severas condiciones -y en la opinión de economistas, en contra de sí misma- en los rescates de Grecia e Irlanda para apaciguar a iracundos electores alemanes que no querían pagar por lo que veían como el despilfarro de terceros.
Más bien, la política europea ha sido la de esperar que los inmigrantes no vengan e intentar un convencimiento entre naciones del norte de África para que obliguen a sus ciudadanos a quedarse en casa. Si bien el colapso de gobiernos en Túnez y Egipto y la conmoción en Libia han echado por tierra una diversidad de tratados bilaterales con países europeos, incluyendo de tipo migratorio, esta política sigue en marcha.
Proyecto descosido
Al igual que sucede en las divisiones en torno a las políticas económicas y fiscales a lo largo de toda Europa, el altercado por la inmigración demostró una vez más las costuras del proyecto europeo.