Enric González, El País de Madrid
Los 40 millones de ejemplares vendidos de El Código Da Vinci han representado un choque en la imagen secretista del Opus Dei, pero también una publicidad planetaria. Entre el boicot y el diálogo, el Opus Dei ha escogido el camino de una cierta transparencia para no desperdiciar el repentino interés público.
Juan Manuel Mora, jefe de Comunicación del Opus Dei, y Brian Finnerty, portavoz en Estados Unidos, se citaron en Nueva York el 23 de marzo de 2003. Buscaban una estrategia para promocionar la imagen del Opus, sobre todo en Estados Unidos, donde, pese a grandes inversiones, la organización es casi desconocida.
Mora y Finnerty paseaban por la Quinta Avenida cuando se les apareció la respuesta en el escaparate de una librería: era una montaña de ejemplares de El Código Da Vinci, la novela de Dan Brown recién publicada. "Los dos conocíamos el argumento —comentó Finnerty— y estuvimos de acuerdo en que el éxito de Brown iba a mantenernos ocupados por mucho tiempo".
Para el Opus Dei, El Código Da Vinci marca un antes y un después. Es imposible ignorar una novela que vende 40 millones de ejemplares cuando se desempeña el papel del malvado. Eso le ha ocurrido al Opus Dei, una organización cuya imagen externa siempre ha estado envuelta en sombras: desde las prácticas de automortificación a la vida sectaria en residencias, pasando por la tendencia al secreto, las conexiones históricas con el franquismo y los presuntos objetivos políticos, "la Obra" —como la llaman sus miembros— no ha disfrutado de buena prensa, sobre todo en ambientes progresistas. Son, aunque minoría, bastantes los antiguos seguidores que acusan al Opus de infiltrarse en las élites profesionales y de lavar el cerebro a sus miembros.
Desde 2003, para disipar su leyenda negra, el Opus Dei ha optado por mostrarse. Sus dirigentes están dispuestos a hablar de todo. De dinero: un patrimonio estimado en 2.800 millones de dólares. O de cilicios, la cadena con pinchos que los numerarios llevan dos horas al día en la parte superior del muslo.
El marketing como táctica
El "malo" de El Código Da Vinci es el obispo Manuel Aringarosa, "presidente-general" del Opus Dei. Aringarosa dispone de un sicario, un monje albino llamado Silas, numerario del Opus Dei, que asesina por orden del obispo. A la organización sólo le faltaba eso. Siempre había recibido críticas, desde fuera de la Iglesia y desde dentro. Su modesta proyección estadounidense ya se había visto empañada en 2001 con la detención de Robert Hanssen, un agente del FBI que espiaba para Moscú: Hanssen resultó del Opus. El Código Da Vinci, con Aringarosa y el monje Silas, constituía la frutilla de la torta.
Tres años después, el propio Mora dice que El Código... "no ha sido del todo negativo" para el Opus. En realidad, les ha proporcionado una gran publicidad que Mora y sus compañeros del equipo de comunicación de "la Obra" han aprovechado. La estrategia del Opus Dei, respaldada por su máxima autoridad, el prelado Javier Echevarría, resulta en principio simple: mensajes positivos, rechazo del boicot o la batalla legal y máxima transparencia. El propio Echevarría conoció a Escrivá y al Opus Dei gracias a un artículo en una revista que criticaba con dureza a la organización.
El vicario del Opus Dei en Estados Unidos, Thomas Bohlin, opina que El Código Da Vinci culminó, de forma accidental, un proceso que se gestaba desde hacía tiempo. Ese proceso partió con el Estatuto Jurídico de la Prelatura (1982), la reforma del Derecho Canónico (1983) que facilitó el encaje del Opus Dei en el entramado institucional católico, y se consolidó con la beatificación (1992) y canonización (2002) de Escrivá. Para Bohlin, lo más simbólico fue la construcción de un edificio en el centro de Nueva York: "La torre de Murray Hill simboliza nuestra apuesta global, nuestro deseo de ser visibles. San Josemaría solía decir que debíamos estar en Nueva York porque era el corazón del planeta y su capital profesional, y nuestro objetivo es la santificación del trabajo. Estoy seguro de que Brown no habría escrito su libro si no existiera el rascacielos. Lo importante es que aquí estamos, visibles, y queremos que se hable de nosotros".
El rascacielos de 17 pisos resulta modesto dentro del contexto neoyorquino. Terminó de construirse en 2001 y acoge la sede del vicario, la residencia de unos 60 numerarios, varias oficinas y un centro de conferencias por el que pasan unas 10.000 personas al año, además de una iglesia y una capilla. Está decorado con una elegancia sobria, como un hotel de cuatro estrellas. Costó 70 millones de dólares, de los que la mitad procedieron de una sola donación y el resto de más de 5.000 contribuciones.
Queda por ver el impacto de la película, cuyo estreno está anunciado para el 19 de mayo y cuya productora, Columbia-Sony, no aceptó recibir a representantes del Opus Dei ni suavizar el contenido de la novela. Pero hasta ahora, la estrategia del Opus funciona bien. La decisión de dialogar con los editores de El Código... en lugar de plantear medidas de fuerza ha desembocado en una forma de cooperación.
Random House publicó El Código Da Vinci. También publicó Opus Dei: Una mirada objetiva tras los mitos y realidades de la fuerza más controvertida de la Iglesia Católica, un libro que no deja mal parado al grupo, de John Allen, un periodista estadounidense especializado en temas de la Iglesia. Una semana antes del estreno de la película El Código Da Vinci, lanzará Camino, la obra fundamental de Escrivá. "El lector estadounidense encontrará en una misma promoción la novela de Dan Brown en edición de lujo, la novela en rústica con fotos de la película, el guión de la película, el libro de Allen y el libro de san Josemaría", explicó Barry. Al editor no le preocupa la extraña amalgama. "Nuestro trabajo es vender libros, y la novela de Brown abrió un mercado; es el consumidor quien decide".
Una apertura progresiva
No fue fácil establecer la política de "apertura y diálogo". El Opus Dei es una institución disciplinada, pero no suele ser el prelado quien decide. El obispo Echevarría, que vive en Roma, se apoya para gobernar en dos organismos: el Consejo General, compuesto por siete hombres, y el Consejo Asesor Central, compuesto por ocho mujeres. Ambos funcionan de forma independiente y separada y cuentan con la misma autoridad.
Muchos miembros del Opus se sintieron agraviados por El Código Da Vinci y pidieron guerra. "En un primer momento, había tres posiciones distintas y de fuerza similar", indicó Brian Finnerty. "Unos pedían una demanda judicial, otros apostaban por la comunicación y el diálogo, y otros preferían no hacer nada y dejar pasar la tormenta".
"La novela causó estupor y ofendió a muchos de nosotros, no ya porque el Opus Dei cargara con el papel del malvado, sino, sobre todo, porque acusaba a la Iglesia de basarse sobre una gran mentira", explicó Isabel Sánchez Serrano, abogada y miembro del consejo femenino. "Recibimos sugerencias que apuntaban hacia la acción legal, en particular desde Alemania, donde las leyes resultaban muy idóneas pero pronto se forjó una mayoría a favor del diálogo".
Sánchez Serrano vive en la sede central del Opus Dei, una mansión en el barrio romano de Parioli en la que están enterrados Escrivá y su sucesor, Álvaro del Portillo. Como en Nueva York y en las otras 1.751 residencias del Opus repartidas por el mundo, hombres y mujeres hacen vidas separadas.
La abogada dice que el Opus Dei está cambiando: "la anterior generación también se abría a la transparencia, porque esa era la actitud del propio fundador, pero la evolución es indudable, todas las organizaciones humanas evolucionan".
Mora, que se ocupa de la imagen externa del Opus desde 1991, habla de varios factores. El primero, la concesión al Opus del Estatuto de Prelatura Personal por parte de Juan Pablo II. "Antes de la Prelatura no encajábamos en las estructuras tradicionales de la Iglesia y éramos una cosa rara: una institución religiosa en la que los sacerdotes carecían de preeminencia sobre los laicos, que acogía a hombres y mujeres y que carecía de distintivos externos", dice. "Cada uno de nosotros tenía una fuerte identidad religiosa, pero a la identidad colectiva le faltaban la definición jurídica y un lugar en el entramado institucional; una política de comunicación correcta sólo puede desarrollarse cuando la identidad está clara".
El segundo hito fue la beatificación de Escrivá de Balaguer, en 1992, 17 años después de su muerte. Ella supuso un nuevo espaldarazo, pero también una llamada de atención. Fueron numerosos, dentro y fuera de la Iglesia, los que criticaron al Opus Dei. "No lo esperábamos, creíamos que se había disipado ya nuestra leyenda negra —indicó el portavoz— pero resultó que no era así. Muchos seguían considerándonos una organización secreta, oscura, rara. Evidentemente, la culpa era nuestra, por no darnos a conocer de forma adecuada. Y nos pusimos a trabajar".
En 2002, cuando Escrivá fue canonizado, apenas hubo polémica. "Para entonces estábamos instalados dentro del catolicismo, teníamos claro quiénes éramos y cómo explicarlo", dijo Mora. "Al año siguiente apareció la novela de Dan Brown, afortunadamente en un buen momento para nosotros. Si se hubiera publicado una década antes nos habría hecho mucho daño".
Allen, corresponsal en el Vaticano de la revista estadounidense National Catholic Reporter pensó en escribir un libro sobre el Opus y se lo planteó a Mora y a Marc Carroggio, portavoz en Roma para la prensa internacional. Quedó sorprendido cuando ambos, tras consultar con el prelado, se comprometieron a cooperar sin restricciones. Allen contrató incluso a un contable experto para que buceara en los balances del Opus, un asunto complicado porque sólo una pequeña parte de sus escuelas, hospitales y demás centros pertenecen de forma corporativa a la institución. El resto sólo se vincula indirectamente, a través de sus directivos y sociedades interpuestas. Tras seis meses de trabajo, Allen y su contable estimaron un patrimonio mínimo de 2.800 millones de dólares, cifra que el Opus considera "más o menos correcta".
"Hay dos Opus Dei", dijo Allen. "Uno es el mítico, una institución riquísima, poderosa, con gran influencia en asuntos tanto religiosos como civiles; ése es el reflejado por Dan Brown. El otro Opus Dei es el real, una institución con 85.491 miembros, con un presupuesto inferior al de la diócesis de Chicago y bastante menos fuerte de lo que la gente imagina".
Allen compara al Opus Dei con la cerveza Guinness: espesa, alta en graduación y no apta para todos los paladares. Tras su investigación, que incluye una minuciosa comprobación de las acusaciones de antiguos miembros hostiles y otros detractores, afirma que siente el máximo respeto hacia la Obra, pero puntualiza que, como católico, no sería capaz de someterse a su disciplina.
Sin boicot
El Opus Dei tiende a captar dirigentes políticos y profesionales con alta preparación para crecer e influir socialmente. El numerario acude al trabajo con una misión proselitista, hacerlo lo mejor posible para agradar a Dios y ofrecer su conducta como ejemplo a los demás. La Obra nació masculina, pero hoy 55% de sus miembros son mujeres.
El interés del Opus Dei por darse a conocer y extenderse en Estados Unidos no es nuevo. El primer centro se abrió en Chicago en 1949, sólo dos años después de que el Opus saliera de España. Chicago se mantiene como la única ciudad estadounidense donde la Obra cuenta con una presencia apreciable. Por lo demás, las cifras de afiliados no impresionan. En Estados Unidos ascienden a unos 3.000, de los que apenas 200 residen en Nueva York.
El Opus Dei mantiene ante Columbia-Sony, que produce la versión filmada de El Código Da Vinci, la misma actitud de "no beligerancia" adoptada frente a la editorial Random House. Bohlin, el vicario en Estados Unidos, ha remitido tres cartas a Amy Pascal, la presidenta de Columbia. La primera, fechada el 15 de enero de 2004, indica que el argumento constituye una "grave injusticia" por la "distorsión de la identidad institucional" del Opus. El tono de las tres misivas es amable. La respuesta de Columbia, en los tres casos, ha sido también amable, y basta. Columbia ofreció al Opus la posibilidad de participar en la gestión de una página de debate en internet; Bohlin (y la Conferencia Episcopal de Estados Unidos) declinó la oferta. Para dar a conocer la realidad del Opus y la irrealidad de El Código Da Vinci, el numerario John Wauck, sacerdote, ha creado un blog en inglés bastante divertido: www.davincicode-opusdei.com. El Opus Dei insiste en que "no habrá boicot" a la película.
"Querido Aringarosa..."
El Código Da Vinci ha convertido la torre de la organización en Nueva York en una atracción turística. Muchos se detienen para fotografiarse ante el portal.
Para sacar algún provecho del atractivo turístico, se ha instalado junto a la puerta un expositor con folletos sobre el Opus. El letrero dice: "Para fanáticos de El Código Da Vinci: si te interesa el Opus Dei real, toma uno".
También llegan con frecuencia a la sede neoyorquina cartas dirigidas al "obispo Aringarosa". Algunas contienen insultos, otras son delirantes.
Quienes escriben al "obispo Aringarosa" están convencidos de que el Opus Dei acumula poder y guarda secretos de magnitud cósmica. En realidad, el Opus empequeñece cuando se traduce en cifras. Sus 85.000 miembros son el 0,008% de los católicos del mundo. Las afiliaciones anuales oscilan entre las 600 y las 700. Cuenta con dos cardenales, con 40 entre los 4.500 obispos y con un par de docenas de miembros en la curia vaticana. España, con 35.000 afiliados, sigue constituyendo el centro de gravedad de la organización, que también es fuerte en Italia, Perú, México y Filipinas. En el Reino Unido hay sólo 400 miembros (pero uno de ellos, Ruth Kelly, es ministra de Educación del gobierno laborista).
Otra cosa es la "calidad" de los miembros del Opus Dei. Suele atribuirse a la Obra un especial interés por captar políticos y profesionales de alto nivel. Al menos entre los numerarios, los célibes que viven, salvo excepciones, en las residencias y se someten a una severa disciplina de trabajo, oración y mortificación, esa fama es justificada.
Los portavoces aseguran que el Opus está abierto a todos, y disponen de numerosos ejemplos de lavanderos, peluqueros y taxistas para demostrar el policlasismo de la organización. El periodista Allen dijo que "al principio se orientaba de forma decidida hacia la élite de la sociedad, pero ya no". La realidad, sin embargo, tarda en cambiar. "El perfil es todavía de cuello blanco, tanto entre los numerarios como entre los supernumerarios, y son raros los obreros. El numerario típico muestra un alto nivel de formación y de capacidad profesional".
Resalta, pese a todo, la atracción que el Opus Dei ejerce entre las amas de casa. La afluencia de madres de familia supernumerarias ha decantado la balanza interna para el lado femenino.
A los supernumerarios (70% del total), los numerarios (20%) y a los sacerdotes (2,2%) se añade en el Opus Dei una categoría llamada "numerarias auxiliares". Son unas 4.000 mujeres que, en general, se ocupan de la gestión interna en las residencias, lo que incluye las tareas domésticas. Esa función ha suscitado acusaciones de machismo y discriminación, que los dirigentes de la Obra (y las propias "auxiliares") se esfuerzan en rebatir. La explicación se remonta a los orígenes, cuando Escrivá quiso trasladar a la organización religiosa el ambiente hogareño de su casa, donde se celebraron las primeras reuniones del Opus. Escrivá solía hablar de la necesidad de un "toque femenino" en las residencias. Hoy ese argumento suena un poco desfasado, pero numerarios y numerarias consideran esencial el trabajo de las "auxiliares", que asumen la función de "madre" y hacen de los centros "lugares realmente familiares y habitables". "Esas personas —afirmó el portavoz Mora— desempeñan como un trabajo profesional la misma tarea de una madre en cualquier familia, y su trabajo tiene la misma dignidad que el de un ministro".
Cilicio y azotes en nalgas
La vida cotidiana de un numerario está rígidamente ordenada. La jornada empieza con la palabra Serviam (Serviré) al despertar. Se exige la asistencia diaria a misa con comunión, el rezo del ángelus y del rosario, la lectura de los evangelios, la repetición de varias oraciones y practicar ejercicios de meditación.
Los numerarios deben llevar el cilicio, una faja con espinas metálicas, anudado en torno al muslo un par de horas diarias, y una vez por semana azotarse las nalgas con una especie de látigo mientras se reza un avemaría.
Los castigos corporales han contribuido de forma notable a las leyendas siniestras en torno al Opus Dei, sobre todo por el hecho de que Escrivá solía ser cruento en sus autoflagelaciones y existen testimonios sobre los rastros de sangre que dejaba tras azotarse. Los miembros de la organización restan importancia a esas prácticas, cuya función es la de "compartir" el sufrimiento de Jesús. Lamentan también la atención que desde el exterior se presta a "algo secundario que apenas ocupa el 1% de nuestro tiempo".
El portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, uno de los más conocidos numerarios del Opus, dijo que dos horas de gimnasio mortifican más que el cilicio. Los portavoces de la organización recuerdan que el uso del cilicio no tiene nada de anómalo en el catolicismo, ya que los jesuitas lo utilizaron hasta los años 60, y afirman que a los recién ingresados se les aconseja prudencia en el uso de los instrumentos del dolor.
Quienes abandonan el Opus Dei (una pequeña minoría respecto al total, pero demasiado amplia para no tomar en serio sus denuncias) suelen acusar a la organización de "lavar cerebros" y anular personalidades a base de limitar la libertad e imponer mortificaciones. El prelado Echevarría ha admitido que el Opus Dei puede haber dañado a algunas personas y ha pedido perdón por ello. La explicación oficial consiste en que, en efecto, el Opus no es, como la cerveza Guinness, para todos los paladares, y en que la disciplina que para algunos eleva la autoestima y agudiza la experiencia religiosa, para otros resulta intolerable.
UNIVERSIDADES, ESCUELAS Y HOSPITALES
Propiedades en todo el mundo
El País de Madrid
Es muy difícil elaborar una lista de las propiedades del Opus Dei, porque a veces gestiona centros sin poseerlos y otras veces se limita a prestar "asistencia espiritual" o a aportar profesionales a centros que, sin embargo, se identifican con "la Obra". La "lista canónica", recogida por el periodista John Allen en su libro y contrastada con portavoces del Opus para esta nota, incluye:
15 universidades, con unos 80.000 estudiantes en facultades y escuelas.
Siete hospitales, con 1.000 médicos, 1.500 enfermeras y 300.000 pacientes.
11 escuelas de negocios.
36 escuelas y liceos con 25.000 alumnos, a las que se añaden otros 230 (con unos 100.000 alumnos) en las que el Opus Dei se hace cargo de la atención religiosa.
97 escuelas profesionales, con 13.000 alumnos.
166 residencias universitarias que acogen a 6.000 personas que, en su mayoría, no pertenecen al Opus Dei.
Hay que añadir Harambee, un fondo creado con motivo de la canonización de Escrivá para financiar proyectos de desarrollo en África, y levantar decenas de pequeños centros como el que funciona en el Bronx neoyorkino para ayudar a los chicos a alcanzar la Universidad. Esos centros subsisten gracias al patrocinio externo.
"CAMPAÑA DIFAMATORIA"
Sin sexo y sin sal
AFP
Un ex miembro del Opus Dei en Brasil dijo que debió ser "desprogramado" para superar el miedo al sexo, a las mujeres y otras "tentaciones" que adquirió durante su pasaje por ese grupo religioso.
"En el Opus usted mortifica los cinco sentidos (...). Si le gusta mirar por una ventana, decide no mirar. Si le gusta la sal, empieza a comer sin sal. Deja de oír música. Somos entrenados para imaginar que el sexo tiene mal olor", contó Antonio Carlos Brolezzi a la revista Época.
Brolezzi, que publicará un libro sobre historia, tiene 40 años y tuvo que recorrer un largo camino hasta llegar a ser lo que hoy es: un tranquilo profesor de matemáticas en la Universidad de San Pablo, casado y con una hija.
Cuando abandonó la congregación a los 30 años, y había pasado diez tratando de disciplinar la carne, usando un mameluco de franela bajo su ropa para evitar tocarse los genitales.
Brolezzi recordó que los numerarios que se habían masturbado no podían comulgar y que por eso el cura interrumpía la oración en los minutos finales para recibir las confesiones. En los centros grandes del Opus la fila era enorme; había un montón de muchachos de 20 años esperando alivio para el alma.
Al dejar el grupo consiguió novia, pero las cosas no fueron fáciles. La primera vez que fueron a un motel, quedó estupefacto al oír que ella le preguntaba si tenía preservativos, y que en caso contrario los pidiera en la recepción.
"Yo ni sabía lo que era un preservativo. Pedí cinco, totalmente cohibido. Ella se puso feliz, pero no usé ninguno. El motel estaba a media luz, algo roja, parecía un antro del demonio. Ella se sacó la ropa, se acostó y yo me imaginé que tenía que acostarme encima de ella, sólo que mi pene estaba marchito".
"Me vuelve a la mente la maldición que ellos me lanzaron cuando me fui. Decían que Dios me había hecho para ser soltero, y que entonces no podría funcionar. Dijeron que si tenía un hijo podría nacer deforme (...). Pasé diez años en la Obra y otros diez temblando de terror cada vez que oía nombrar al Opus Dei".
Época entrevistó a otros "desertores", que compararon las técnicas de captación del Opus a las del "lavado de cerebro".
Un responsable del Opus en Brasil, el periodista Carlos Alberto Di Franco, dijo a la revista que hay una "campaña difamatoria y dolorosa", pero que al mismo tiempo será buena para la orden porque "es la señal de la cruz de Cristo y no hay cristianismo sin cruz".
Según Época, el Opus tiene unos 1.700 adeptos y dos millones de admiradores en Brasil, muchos de ellos en puestos importantes de la política, los negocios y las universidades.
Di Franco contó que organiza charlas de formación cristiana en las que participa Geraldo Alckmin, gobernador de San Pablo y candidato presidencial del PSDB, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.
LAS MAXIMAS DE ESCRIVA
La mujer, discreta
C.B.
El libro Camino, escrito en 1939 por el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, es uno de los textos de cabecera para los miembros de ese grupo católico. Contiene 999 máximas que aconsejan a los seguidores en aspectos como: carácter, oración, mortificación, penitencia y propósitos.
Algunas de las máximas son muy polémicas:
48 Poco recio es tu carácter: ¡qué afán de meterte en todo! Te empeñas en ser la sal de todos los platos... Y —no te enfadarás porque te hable claro— tienes poca gracia para ser sal: y no eres capaz de deshacerte y pasar inadvertido a la vista, igual que ese condimento.
50 Eres curioso y preguntón, oliscón y ventanero: ¿no te da vergüenza ser, hasta en los defectos, tan poco masculino?
123 Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia, para ti la castidad no será carga: será corona triunfal.
131 Nunca hables, ni para lamentarte, de cosas o sucesos impuros. Mira que es materia más pegajosa que la pez. Cambia de conversación, y si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y hermosura de la santa pureza, virtud de hombres que saben lo que vale su alma.
132 No tengas la cobardía de ser "valiente". ¡Huye!
136 Cuando has buscado la compañía de una satisfacción sensual... ¡qué soledad luego!
166 Me escribes: "Padre, tengo... dolor de muelas en el corazón". No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones. ¡Si te dejaras!
169 Te acogota el dolor porque lo recibes con cobardía. Recíbelo, valiente, con espíritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.
175 Ningún ideal se hace realidad sin sacrificio. Niégate. ¡Es tan hermoso ser víctima!
196 Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición.
207 Agradece, como un favor muy especial, ese santo aborrecimiento que sientes de ti mismo.
208 Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor, santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!
592 No olvides que eres... el depósito de la basura. Por eso, si acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia... y te llena de magníficas flores..., ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso. Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios?
593 Cuando te veas como eres, ha de parecerte natural que te desprecien.
597 Si obraras conforme a los impulsos que sientes en tu corazón y a los que la razón te dicta, estarías de continuo con la boca en tierra, en postración, como un gusano sucio, feo y despreciable... delante de ¡ese Dios! que tanto te va aguantando.
888 Que vuestra oración sea viril. Ser niño no es ser afeminado.
945 Es mala disposición oír la palabra de Dios con espíritu crítico.
946 Si queréis entregaros a Dios en el mundo antes que sabios (ellas no hace falta que sean sabias; basta que sean discretas) habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración: hábeis de llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias, orar, orar y orar; expiar, expiar y expiar.