El club del bronceado parejo

| Fanáticos del "naturismo", los habitués de la playa de Chihuahua, cercana a Punta del Este, no están dispuestos a que nada se interponga entre ellos y el sol.

CÉSAR BIANCHI

Un grupo de amigos variopinto conversa animadamente en la playa. Hay una pareja adulta argentina, dos parejas uruguayas más jóvenes, un hombre y dos chicas más, que son amigas del resto. Están a punto de comenzar una partida de truco, mientras comparten el mate. Precisamente, un caballero le pasa el mate a otro y a éste se le vuelca la yerba encima. "Suerte que no traje ropa", dice, y todos ríen.

Bien pudo haberse volcado un vaso de vino que no iba a mancharse, porque Antonio está totalmente desnudo, al igual que el resto de sus compañeros playeros.

Están todos disfrazados de Adán y de Eva en la playa nudista Chihuahua y ni siquiera disimulan sus partes íntimas con hojas de parra o sentándose frente al cronista en poses delicadas. Para nada. Hombres y mujeres se sientan, separan sus piernas o toman sol como si lo hicieran en cualquier "playa textil", como llaman a las convencionales.

Carlos Lucas tiene 50 años y es sindicado como el "presidente" de la playa, por la preocupación que siempre tuvo para con ella.

Es, para muchos, el gran responsable de la evolución y el reconocimiento que hoy ostenta Chihuahua, playa nudista a la altura del kilómetro 115 de la ruta 10, en la entrada a Punta del Este.

Lucas es empleado público y productor rural. En 1988 viajaba con su entonces esposa por Brasil y decidió bajar a una playa en la zona de Camboriú llamada praia do Pinho. Allí vio con sorpresa que estaban todos desnudos. "Nos explicaron el fenómeno y nos gustó", comenta. Llegaron entusiasmados a aplicar el "naturismo" en Uruguay.

Al principio iban a la parada 31 de Punta del Este, hasta que se enteraron que algunos pocos osados iban a Chihuahua, y se mudaron. En praia do Pinho de Camboriú se practica el nudismo oficialmente desde 1986. "No hay medias tintas. Están todos desnudos y son miles", cuenta. Inclusive está dividida: los hombres solos de un lado, y desde una marca territorial hacia el otro extremo están las familias.

Desde 1988 hasta 2000 le ha costado mucho a Lucas y sus amigos oficializar la playa Chihuahua, y formar la Asociación Uruguaya de Naturismo, con personería jurídica desde 1994. "Desde el año 1988 a 1994 nos persiguieron. Teníamos en contra a la Prefectura y a la Intendencia de Maldonado. Venían a decirnos que nos vistiéramos o directamente a corrernos de la playa", explica.

A partir de 1994 sus reclamos comenzaron a ser escuchados. Lucas y compañía consiguieron que funcionarios municipales limpiaran la playa, que colocaran un guardavidas y principalmente que los dejaran tomar sol desnudos.

Pero recién en el 2000 la comuna fernandina, la Prefectura y el Ministerio de Turismo entendieron la playa como símbolo de diversidad cultural e incluso como atractivo turístico.

Para Lucas, el nudismo es "una forma de vida basada en la autoestima, el respeto a los demás y a la naturaleza". Él, explica, promueve su práctica en grupo para fortalecer un espíritu social.

Para Antonio, en cambio, un argentino que se muestra como Dios lo trajo al mundo pero que muy coqueto oculta su edad, no hay principios detrás del nudismo.

"Ahorramos en prendas para bajar a la playa pero gastamos más en bronceador", dice en broma. "Atrás de esto no hay ninguna ideología en mi caso. Esta mañana fui a una playa en la Brava, y ahora vine a esta. En realidad prefiero estar donde están mis amigos y si es acá, mejor", agrega.

Lo que Lucas le recuerda es que esa mañana en la Brava, como acto reflejo estuvo a punto de sacarse el short en la playa. "No hay ninguna ventaja. Me gusta y chau", insiste.

Antonio y su mujer Graciela, de 46 años, ambos docentes de la localidad bonaerense de Pilar, se adhirieron al naturismo hace 20 años en una playa andaluza, en el golfo de Mazarrón. Hace 12 que lo practican en Chihuahua. "Aquella primera vez fue natural. No lo tuvimos que pensar mucho", dice Graciela, una mujer alta, con un bronceado parejo en todo el cuerpo, sin las marcas de la ropa de baño.

"Lo bueno es el contacto directo con el sol y la naturaleza. Es un sentimiento de libertad impresionante", dice Lucas, consultado por los atractivos que distinguen a Chihuahua del resto de las playas, las que ellos llaman "textiles". "La ropa me incomoda, me oprime. ¡Si todos nacimos desnudos!".

La Asociación Uruguaya de Naturismo tiene unos 50 socios, pero carece de un registro documentado. Sin embargo, durante los fines de semana de enero Lucas y sus amigos llegaron a contar hasta 2.000 y 3.000 nudistas en la playa. "Había argentinos, brasileños, paraguayos, chilenos, estadounidenses y europeos. De todo".

Lucas fue quien mandó a hacer un cartel de madera de bienvenida, fue el primero en ponerse a limpiar la playa y comenzó a repartir bolsitas para recoger los residuos. El cartel aclara que se trata de una playa nudista y exhorta a los que decidan permanecer allí que se avengan a las costumbres del lugar.

"Uruguay posee alrededor de 250 kilómetros de playa oceánica, además de las del Río de la Plata. Sólo unos pocos metros son destinados a la práctica del nudismo (...) Para estar vestido, existen otras playas. Esta es nudista", aclara un volante que el mismo Lucas reparte a los neófitos, curiosos o distraídos que llegan por primera vez.

"En las ‘playas textiles’ hay como mil personas una al lado de la otra y la playa está sucia. Además, nadie se habla entre sí. Esta se presta para sociabilizar. Nos conocemos casi todos", dice Lucas.

Chihuahua va desde las cabañas del Tío Tom hasta el arroyo El Potrero. Comprendía unos 2.000 metros, pero un grupo de vecinos protestó por la cercanía de los desnudistas y la Intendencia le restó 500 metros de espacio. "En enero presentamos un escrito con 350 firmas para que nos devuelvan los 500 metros, porque la playa nos quedó chica", agrega Lucas.

Trescientos veintidós gays

Roberto "Pato" Delgado es el salvavidas de la playa, y aclara que él está siempre vestido, con los colores amarillo y rojo de la Cooperativa de Guardavidas de Maldonado. La acotación viene a cuento porque la vedette argentina Graciela Alfano dijo en una entrevista que "todos", incluso los vendedores de refrescos y salvavidas estaban desnudos.

Delgado tiene 40 años y 21 como guardavidas. Dice que casi no ha tenido trabajo como tal: "apenas unos siete rescates, pero sin mayor gravedad". A él le gusta trabajar en Chihuahua porque "por lo menos es diferente. Es una playa tranquila, muy calma y limpia".

Eliberto Rijo se mete en la conversación. Es el cuidacoches, tiene 56 años y le dicen Beto. "¿Si hay gays? Ja, ja, ¡está lleno! El otro día entre los dos contamos 322", dice Beto.

Para ambos, el referente ineludible de la playa es Lucas. "Vive en Montevideo, pero viene siempre que puede. Él es quien habla con todo el mundo, hizo la cartelería y es un fiel anfitrión", comenta Delgado, el guardavidas.

Unos metros más allá, Lucas toma sol sin ropas. "Los gays van hacia el arroyo El Potrero, pero por iniciativa propia. También vienen gays a este sector y andan de la mano, pero se integran y no hay groserías", dice.

Los que sí constituyen una molestia, a veces, son los fisgones. Ya no son el 20% de los presentes como años atrás, cuando la playa era una novelería. Ahora son cada vez menos.

"A principio de los años 90 los teníamos que rajar porque molestaban", dice Lucas y recuerda un hombre que se hincó frente a los visitantes una tarde soleada de verano y comenzó a masturbarse. "Lo echamos, porque este no es el lugar para él".

Pero los voyeurs no sólo son hombres solos. "Hace unos días llegó una familia con ocho integrantes. Se pararon arriba de las dunas, empezaron a mirarnos y a reírse como si fuéramos animales de un zoológico. Me les acerqué y les di un papel a cada uno, para explicarles que esta playa es explícitamente nudista", explica Lucas. La familia se fue de inmediato.

Sensaciones al desnudo

Verónica tiene 30 años, es empleada y tiene un hijo; Gabriela tiene 33 y trabaja en el rubro hotelero. Verónica es más desinhibida que su amiga, que hace topless pero no se anima a sacarse el bikini.

La primera hace cuatro años que es habitué de Chihuahua. En aquel momento estaba en pareja y un día bajó a la playa con él. "Me encantó la sensación de estar sin ropa. Es una playa tranquila, y es más fácil hacer amigos".

Gabriela, por su parte, hace topless porque así se siente más cómoda. La primera vez lo hizo hace tres años en Portugal. A ella le molestan mucho los curiosos adolescentes. "Es la única contra de la playa. Si estás sola vienen, te dicen ‘hola’ y se quedan mosqueando", cuenta.

A Verónica, en cambio, no le importa para nada que la miren. Incluso, los festeja. "No me afecta para nada. Los miro y hasta me río". A ella le fascina prescindir de las prendas playeras para quemarse todo el cuerpo, sin las marcas del traje de baño.

A lado de ellas, en un amplio grupo de amigos desnudos, está el matrimonio de Andrea, de 32 años, y Beto, de 36, una pareja de Maldonado. Andrea lleva a Fausto en la panza desde hace seis meses. Para ellos, todo comenzó con una sugerencia de la prima de Beto, quien estuvo en playas nudistas de Europa.

Alberto, que trabaja en un banco, comenta que él estuvo del otro lado. "No voy a ser hipócrita: yo fui mirón", confiesa. El primer día que bajaron, se desnudaron y sintieron que todos los miraban a ellos y a nadie más.

Él comenta que la playa está "llena" de homosexuales, pero no le molesta. "Si estoy acá desnudo es porque tengo cierta apertura de criterios. Acá los ves, y a lo sumo andan de la mano, pero no hay obscenidades", dice.

Un minuto después recuerda cuando debió pedirle "calma" a una pareja heterosexual que se aprestaba a mantener relaciones íntimas. "Atrás de las dunas, donde nadie los ve, hay más lugar", les aconsejó. A Beto no le molesta admitir públicamente que es practicante del naturismo, y no tiene inconvenientes en dejarse fotografiar, porque en el banco donde trabaja no lo discriminan.

Su esposa embarazada, Andrea, dice que lo más atractivo de la playa es su tranquilidad. "Es una playa solidaria. Nosotros ayudamos a las chicas que llegan por primera vez. Las hacemos sentirse tranquilas, y en familia". ©

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