NUEVOS ROSTROS EN EL HALL DE ENTRADA

¿Adiós a los porteros?

Cada vez más edificios prescinden de porteros o tercerizan contratación para reducir gastos comunes. En los últimos meses, algunos decidieron probar un novedoso servicio de videovigilancia remota, que no quiere eliminar puestos  aunque sí los está sustituyendo. ¿El fin de un oficio de confianza?

Es entre un 50% y un 60% más barato contratar a un operador de videovigilancia que disponer de un portero tradicional. Foto: A. Colmegna
Es entre un 50% y un 60% más barato contratar a un operador de videovigilancia que disponer de un portero tradicional. Foto: A. Colmegna

Camino dos cuadras, tres, cinco y cuento: son 18 edificios y ningún portero. En cada hall sus oficinas minúsculas están vacías. Sorpresivamente me topo con un portero virtual: un hombre vestido de guardia de seguridad que observa la entrada del edificio desde una pantalla. Le hago señas, pero me ignora. Pasan siete minutos: salto, grito, aplaudo, aprieto el botón de portería y nada. Unas calles más adelante me cruzo con otro, y otro, y otro. No encuentro guardianes de carne y hueso hasta que aparece Eduardo, que lleva 11 años abriéndoles la puerta a los 58 apartamentos del "Olympia". Los domingos, su único día libre en este puesto, cruza la calle y trabaja en un edificio vecino, el "Avenida"; allí hay otras 20 propiedades.

Le pregunto por sus nuevos y extraños colegas, que según expertos ya se convirtieron en un servicio de tendencia en Europa y en la región.

—¿Las máquinas? Son vigilantes que observan la actividad del edificio a distancia, algunos compañeros trabajan junto con ellos y a otros los despidieron y pusieron este servicio en su lugar —cuenta.

Eduardo necesita los dos empleos para llegar a fin de mes porque en el primero cobra un sueldo de $ 31.000. Según el último ajuste de este sector, el salario mínimo es de $ 21.960. Aquellos porteros que no viven en el edificio —una condición cada vez más habitual— también cobran un ficto de $ 9.366. Y hay una serie de beneficios que corresponden a las distintas responsabilidades que conlleva su tarea. Sin embargo, entre los consultados, el del ingreso más alto es Eduardo.

Con el espíritu de un amigo desinteresado, aclara que "el dinero no es todo" porque mantiene una relación "casi familiar con sus patrones".

—Cuando me fui de mi trabajo anterior la gente lloraba. Es que fueron 13 años. El cariño te lo tenés que ganar tú. A mí me hacen regalos por mi cumpleaños, la gente lo sabe y me saluda —dice.

Eduardo tiene los codos apoyados sobre una agenda con los teléfonos de los services a los que debe llamar si colapsan la rampa del garaje, la bomba de agua, la caldera, la calefacción o los ascensores. Delante suyo tiene un monitor con las imágenes de las cámaras que hay colocadas en las dos torres del amplio hogar que custodia. Ya no le alcanza con recibir a los habitantes, debe estar atento a los intrusos que podrían querer entrar a robar. Si el cliente lo solicita, el portero virtual también podría cumplir con algunas de estas tareas. Gustavo Castro, gerente comercial de Prosegur, explica que el servicio "El ojo del halcón" fue lanzado en 2015 para "la protección integral de los habitantes". Además de vigilar los accesos de entrada de la propiedad, el operador puede sumar funciones a medida, "como el monitoreo de señales de emergencia, fallas de ascensores, control de portones, iluminación exterior y bombas de agua", dice.

—¿Querés que te dé un consejo de portero? —propone Eduardo. Tú tenés que tener el menor interés en la vida de la gente. Salvo que te cuenten, nunca preguntes.

Portero o vigilante, ¿Es tan distinto?

Las empresas de seguridad que ofrecen porteros se rigen por el convenio colectivo de la vigilancia privada. “De esta forma, si bien el empleado cumple un rol de portero, está contratado como vigilante”, explica Eduardo Sosa, de Fuecys. Si bien para el sindicato la tercerización “implica una precarización”, las mejoras en los ingresos de los vigilantes resultan en un salario mínimo de $ 22.670, cercano al de los porteros ($ 21.960), aunque no cuentan con sus beneficios adicionales.

A algunas cuadras de este universo, está Carlos, que mata el tiempo cruzado de brazos: en uno tiene un tatuaje del signo de Leo y en el otro uno del planeta Neptuno. Antes de ser portero fue tarotista y después mozo. La mayoría de estos empleados tienen un extenso prontuario laboral hasta llegar a un vestíbulo. La portería es una de las pocas tareas en las que se prioriza la contratación de personas experientes. "Habitualmente solicitan empleados de entre 30 y 64 años", señala Adrián López, director de recursos humanos de la empresa de seguridad Masterson, que cuenta con servicio de portería. Y era, hasta hace poco, un trabajo tranquilo, seguro y duradero. El socio más antiguo de la Asociación de Porteros de Casas y Apartamentos se jubiló luego de 48 años de servicio. "Hoy en una reunión de copropietarios te cambian por una máquina de un día para el otro", dice Eduardo.

Ahora más atareado, recibiendo con una sonrisa a cada persona que ingresa, Carlos opina:

—Este trabajo es muy parecido a servir una mesa, se trata de socializar pero pasando desapercibido porque si no se genera aquello de que la gente cree que sos un alcahuete o un chusma.

Yanella y Walter: directivos de los 800 socios del sindicato. Foto: F. Ponzetto
Recoba y Acosta:  directivos de los 800 socios del sindicato. Foto: F. Ponzetto

Ojo por ojo.

Los vecinos que entran y salen saludan a Carlos, pero ninguno mira hacia la pantalla que está junto a él custodiando la entrada y que muestra a una operadora mujer. Señalando al tótem, un módulo de audio y video que tiene la altura de un humano, dice: "Ella es Elisa y trabaja desde Buenos Aires".

Del otro lado del plástico, Elisa sonríe avergonzada y saluda con una mano.

—No nos está permitido tener algún tipo de relación con los porteros y los vecinos, pero sí tenemos un buen diálogo —cuenta sin mirarme a los ojos.

Prosegur tiene 280 tótems instalados en Argentina y 30 en Uruguay. Entre otras empresas que cuentan con este servicio están Securitas y Masterson, con cinco clientes la primera y cuatro la segunda. "Es un producto innovador y por eso cuesta convencer al cliente. Se requieren varias reuniones para explicar sus ventajas y cómo funciona", dice López, de Masterson.

Me despido de Carlos y camino por otra avenida. Elisa aparece en otro hall distinto. Le hago señas y al rato responde: otra vez sonríe con incomodidad. Depende de cada firma, pero lo habitual es que un operador vigile las cámaras —que suelen ser entre cuatro y seis— de hasta ocho edificios. Observan durante 30 minutos, rotan con otro vigilante, y descansan entre 15 y 30 minutos. Y así durante una jornada de ocho horas. Si ven un intruso, despliegan el operativo: avisan al portero (si hay uno), a los vecinos (si están presentes), a la empresa de seguridad (que envía un móvil) y a la Policía. "Es un sistema que previene, disuade y acompaña al portero, que de esta manera está a salvo de ser vulnerado", dice Castro.

Cada mañana Carlos les da los buenos días a algunos de estos colegas remotos. Y por lo general charlan del clima en la capital, aunque alguno esté del otro lado del río.

—¿Y los vecinos?

—El 89% se queja. Cuando pusieron esta máquina despidieron al portero de la noche y al que hacía suplencias. Para mí fue desconcertante: no sabía qué es lo que iba a hacer o qué es lo que iba a decir la máquina. Muchos vecinos se quejan de que ahora tienen que bajar a abrirle al delivery o al médico. Ahorraron, pero creen que se perdieron servicios —dice.

Fernanda Arias, responsable de marketing y comunicaciones de Securitas, reconoce que la mayoría de las consultas que reciben "buscan una opción para bajar los gastos comunes". Sin embargo, sostiene que este es un servicio que complementa al recurso humano y no quiere sustituirlo. "Se recomienda en edificios que mantienen al portero y en la noche, para no perder seguridad, pueden colocar un tótem". Pero, a la hora de citar las ventajas, las tres empresas reconocen que el costo de contratación de un videovigilante durante 24 horas es entre un 50 y un 65% menor que disponer de un portero tradicional en el mismo horario.

A medias.

Johanna Miquiero, de la inmobiliaria Acsa, confirma que más allá de la novedad de la videovigilancia "se contrata menos personal dependiente". Es que, como en otros rubros, la portería se terceriza cada día más "para evitar las relaciones de dependencia y reducir costos". "Tener portero 24 horas representa entre el 50 y el 90% de los gastos comunes", dice. En algunos casos, los cambios vienen de la mano de la arquitectura. "La mayoría de las nuevas edificaciones no traen unidad de portería", asegura. Por eso Arias aclara que los tótems de Securitas "se adaptan a la estética de la vivienda": sus principales clientes son los edificios modernos.

Los vecinos veteranos aún se resisten a prescindir de estos funcionarios. Y algunas administraciones también. La ley de tercerización laboral establece que si la empresa no cumple las normas, la responsabilidad recae sobre el patrón. Claudia Ramírez, del estudio Sevrini, administrador de unos 50 edificios, dice que algunas empresas de seguridad "no son serias". "Podrían traernos los mismos problemas legales que queremos evitarnos, por eso estamos retornando a la relación laboral directa".

Ante este vaivén, la desazón invade el local de la Asociación de Porteros de Casas y Apartamentos, un sindicato fundado en 1939 por un grupo de conserjes gallegos. Walter Acosta, con 27 años de antigüedad en el rubro y presidente de la directiva, se lamenta al decir que de los 13.000 porteros que hay en el país únicamente unos 800 son miembros del gremio.

—Es que hay miedo —opina Yanella Recoba, otra integrante de la comisión.

Una de las actividades de Acosta es recorrer edificios para convencer a sus colegas de agruparse y así "ser más fuertes en las negociaciones con la Cámara de Comercio en los Consejos de Salarios". "Algunos compañeros me niegan la entrada porque tienen miedo de que los despidan si se asocian", cuenta. Eduardo Sosa, secretario de Desarrollo Social de Fuecys, la federación de sindicatos que incluye a los porteros, opina que "la incapacidad de movilizarse les impide romper el techo que tienen encima". "Su salario debería duplicarse pero es casi imposible que suceda, les es muy difícil negociar aumentos".

Con la voz amarga, Acosta dice que el suyo es un trabajo que quizá se termine.

—Al portero uno le deja la llave de su casa, de su auto, le deja a un pariente enfermo, le deja a su hijo. Este es un trabajo de confianza y lamentablemente en el mundo moderno pareciera que la confianza se está volviendo obsoleta.

En edificios de Maldonado, el cantar es otro

El Sindicato Unido de Trabajadores de Edificios de Maldonado (Sutem) se fundó en 2008. Ese año recuperó las 36 horas de descanso semanal que se habían perdido en 1994 y en los Consejos de Salarios logró un aumento del 10% para las mucamas, 10% para los limpiadores de vidrio de riesgo y un 15% para los técnicos con diploma. En 2015 negoció un plus del 20% para los serenos y compró un terreno para generar un espacio de esparcimiento para sus socios. César Teijón, presidente de Sutem, dice que durante la temporada hay unos 15.000 empleados en edificios, de los cuales unos 500 están afiliados al sindicato. “Los porteros están teniendo un cambio en la matriz laboral porque son los que más sufren la tercerización”, asegura, aunque cree que es un puesto que no va a desaparecer ya que “los turistas necesitan siempre a una persona de confianza”. Los trabajadores contratados mediante empresas tienen salarios más bajos, que están entre los $15.000 y $ 18.000.

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