El arte de celebrar

Poseedora de una trayectoria de más de tres décadas, Elena Tejeira ha sabido convertir cada evento en una experiencia donde confluyen alta gastronomía y emoción. Con sus propuestas, siempre diseñadas para cada ocasión, busca sorprender y crear momentos que permanezcan en la memoria. Pasen y prueben.

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Natalia Ayala.

La cocina es también una forma de contar historias. Así lo afirma Elena Tejeira al comenzar la charla con PAULA, durante la cual hizo un repaso de su intensa carrera, y a la vez adelantó detalles de su renovada etapa en la que vuelve a su especialidad, el servicio para fiestas.

“En el restaurante, la experiencia comienza cuando el comensal cruza la puerta. En cambio, cuando uno se dedica al catering, sabe que todo se inicia mucho antes; con una detallada conversación”, afirma la empresaria uruguaya. Tal cual lo explica, cada evento trae consigo una historia en la que el estilo y el modo de ser de quien celebra, va a adivinarse en el lugar donde se llevará a cabo el encuentro, en el clima que se desea crear, y en las emociones que despierta en los invitados. Tales ingredientes son fundamentales y se suman por supuesto, al resto. Para Elena, “escuchar con atención es el primer paso en su trabajo. A partir de allí, se produce un proceso creativo en el que la gastronomía deberá integrarse. La comida no puede ser un elemento aislado en el contexto de planificar y vivir una fiesta. Al contrario, debe hablar el mismo lenguaje que el entorno y afinarse en cada detalle. Cuando eso sucede, el resultado es una experiencia que se vuelve memorable”.

Los primeros pasos de Elena Tejeira en este campo, fueron junto a gente de peso en el mundo de las celebraciones. “Tuve la enorme fortuna de comenzar mi camino trabajando junto a Nelson Mancebo, uno de los grandes creativos en nuestro país, diseñador y productor de eventos con éxito a lo largo de su carrera. Él tiene una forma muy especial de describir cómo será cada celebración: habla de la luz, de los espacios, de la energía del lugar. Yo cerraba los ojos y podía imaginarme allí, viendo cómo circularían las bandejas, cómo se presentarían los platos, cómo se movería el servicio entre los invitados. Ese ejercicio de imaginar la situación completa fue una escuela creativa invaluable para mí. Desde entonces entendí que la gastronomía en una fiesta o reunión no puede diseñarse solo desde la cocina; se crea pensando en la atmósfera completa”.

Tejeira recuerda que en aquellos tiempos no existía el fenómeno de Internet ni de las redes sociales. No se contaba con la ayuda de imágenes infinitas a un click de distancia, ni pautas de tendencias que aparecieran cada semana. “Inspirarse implicaba investigar, buscar referencias en libros, viajar, observar y experimentar mucho. Quizás por eso la creatividad nacía de un lugar más intuitivo y artesanal. Inspirarse, aplicar buenas técnicas y trabajar con los mejores productos siempre fue parte fundamental de nuestro trabajo. Por eso es que con el tiempo entendí que los ingredientes más importantes no solo están en la cocina: sino que también están en las sensaciones que logramos generar. La sorpresa de los invitados cuando descubren una propuesta inesperada; la emoción del anfitrión al ver que su idea tomó forma, ese instante en que todo parece fluir con naturalidad: esos momentos son los que me impulsan desde hace más de 37 años. Hoy se habla mucho de experiencias inmersivas. En el área de los eventos, siempre fueron parte del objetivo. Una fiesta no es solo una reunión social: es un pequeño universo donde todo está pensado para generar emociones”.

Otro de los puntos que Tejeira destaca como esencial para lograr sus objetivos es el trabajo en equipo. Wedding planners, organizadores, agencias, novios y familias son quienes aportan la visión inicial. Su tarea, básicamente, es traducir esa idea en sabores, texturas, aromas y presentaciones que acompañen el relato. “En este camino experimenté muchos formatos: tuve una chacra de eventos, concesiones gastronómicas, cafeterías, restaurantes, comedores institucionales y también realicé consultorías. Cada etapa dejó aprendizajes, desafíos, y como suele suceder en el viaje del emprendedor, tuve aciertos y grandes caídas, que también enseñan. Hoy disfruto esta etapa diferente. Tengo mi propio laboratorio de cocina, un espacio donde puedo volver al origen de todo: cocinar, probar, estudiar, investigar, y pasar horas desarrollando ideas, sin sentir que estoy trabajando. Quizás eso sea lo que significa realmente vivir de una pasión”, afirma.

En un repaso por sus años de formación, cuenta que asistió a la Escuela Técnica UTU de San Salvador, donde estudió cocina, panadería y pastelería. “Pero gran parte de lo que soy se construyó en el camino, en cada proyecto y con cada desafío que me obligó a aprender algo nuevo. La cocina evoluciona constantemente, y nosotros con ella. Adaptarnos, investigar, probar y mantenernos flexibles es parte del oficio. Después de tantos años, sigo sintiendo la misma emoción cuando llega el día de un evento y todo se pone en marcha; ver el trabajo terminado; y sentir que logramos hacer algo especial. Porque, al final, la cocina también puede ser una forma de contar historias”, concluye.

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