El talentoso Mr.Wynants

| Estuvo al borde de la muerte y hoy está en el podio de la vida al igual que su colega Lance Armstrong

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ANTONIO ALVAREZ

Con la aletargada felicidad de los chamanes, Milton Wynants pegó su mano abierta en el parabrisas del ómnibus. Está pálido pero feliz en la cabina del chofer. No quiere perderse a ninguna de esos cientos de almas anónimas que dejaron todo para verlo, apenas por esos cinco segundos que demora el ómnibus en alejarse por la ruta.

No son multitudes, pero sumadas kilómetro a kilómetro, son centenares, miles los uruguayos que salieron a ver pasar al campeón en la mañana del martes 19. Los gauchos lo saludan con los pañuelos blancos al viento como si se tratara de un libertador del siglo XIX. Y paradas al costado de la ruta, las madres con sus hijos en brazos señalan un punto vago en el espacio y tratan de decirle a esos chicos quién es aquel hombre huesudo, con cara de comediante, que realizó una proeza deportiva extraordinaria, reservada por lo general a individuos de otras latitudes.

Eran las 11.30 horas y el teléfono había sonado toda la mañana. Marlene, la esposa de Wynants, creyó que se trataba de otra radio sanducera sedienta de noticias, pero de repente se escuchó su voz llena de indignación. Milton Wynants seguía en la cabina del chofer saludando gente cuando se dio cuenta que su esposa lloraba del otro lado del vidrio. Wynants temió abrir esa puerta, pero al final la abrió. "Nos robaron, Milton. ¿Te das cuenta? Nos robaron la casa", le dijo Marlene.

El ciclista puso cara de póquer y no emitió sonido. Caminó por el pasillo hasta el fondo del ómnibus, se tomó la cara con las manos, pero la insistencia de la pequeña Luciana lo obligó a calmarse.

Marlene seguía furiosa con la noticia que había llegado a 100 kilómetros de la ansiada meta. "Estoy segura que el mismo que nos robó va a ser uno de los muchos que te va a dar una palmada cuando llegués a Paysandú".

Milton la llamó al fondo del ómnibus y mantuvieron una conversación íntima. En otros asientos, donde estaban algunos parientes y amigos, ya había comenzado a barajarse la posibilidad de esquivar la procesión en Paysandú y desviarse hacia la casa de los Wynants donde esperaba la Policía.

Agustín Margalef y Luis "El Tamango" Martínez, quienes habían permanecido en silencio durante todo el viaje, fueron hasta donde estaba Milton e intentaron convencerlo que era una mala idea dejar a la gente sin festejo.

Pero no hacía falta. Milton ya había decidido que la fiesta no podía interrumpirse. "No podemos arruinarle el día a esa gente. Y no podemos arruinarnos el día nosotros", dijo Milton con voz firme y le pidió a dos periodistas sanduceros que venían con el ómnibus que si entraban en la transmisión en vivo no mencionaran el tema del robo.

El hecho había ocurrido a la 1.10 de la madrugada anterior. Para entonces ya trabajaba en su casa la Policía Técnica desde hacía rato en la desaparición de 6 mil dólares que estaban dentro de una cajita escondida en el dormitorio.

A José Wynants, el padre de Milton, no le extraña esa actitud de su hijo de poner paños fríos. "Este muchacho cuanto más cosas malas le pasan, más fiero se pone. Siempre lo malo lo convierte en positivo", afirma José Wynants, un ex ciclista que se gana la vida como herrero.

Milton le debe a su padre no sólo la genética, sino también la pasión por las bicicletas. Los Wynants llegaron de Bélgica a principios de siglo y formaron una colonia en Casablanca, a 15 kilómetros de Paysandú, durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Milton tenía doce años tuvo su primer encuentro con el ciclismo. Entonces era un hábil punterito derecho en el club El Litoral de baby fútbol. Uno de sus tíos le había prometido una bicicleta en desuso que estaba en el galpón a cambio de dos goles y a Milton no le tembló el pulso: su equipo ganó y dos de los tantos fueron suyos. Era la bicicleta que su padre y dos tíos habían comprado muchos años atrás para alternarse en las competencias federadas.

"De ahí en adelante no quiso saber más nada del fútbol. Se dedicó de lleno al ciclismo. El sufría mucho porque no crecía y porque otros corrían más rápido que él", cuenta su esposa Marlene que lo conoce desde esa época porque él corría junto a su hermano, Milton Castrillón.

Wynants ya por entonces no se daba por vencido ante nada y comenzó a dar vueltas manzana para medir sus tiempos. Para ello colocaba aquellos enormes relojes despertador en la puerta de su casa y salía a competir con sus amigos de la cuadra.

Pronto se dio cuenta que perdía en las carreras cortas. Pero en las competencias de largo aliento era imbatible, aun por niños más veloces y atléticos que él.

A los 19 años comenzó a competir en serio. Muy pronto todos notaron a Milton Wynants por su fortaleza física y mental. "En una Rutas de América de 1996 tuvo una rodada brutal. Yo estaba en la cama de al lado y lo vi tiritar toda la noche por el dolor. Al otro día, llegó primero a Montevideo. En el velódromo, nadie le avisó a los ciclistas que habían colocado unos autos a escasos metros de la llegada. Milton llegó embalado, la multitud se abrió y él atropelló los vehículos. Se creía que tenía una fractura de cráneo, pero cuando lo vi en el Clínicas estaba enojado porque se había roto su ropa de ciclista ", cuenta José.

Sólo de esta manera se explica que Milton haya pasado unos de los peores momentos de su vida hace ocho meses y hoy se haya convertido en el ciclista más importante de Sudamérica. El 17 de diciembre de 2002 Milton tomaba velocidad detrás de un camión -"chupaba rueda", como suelen decir los ciclistas- y cuando intentaba pasarlo chocaba contra otro que estaba estacionado. Sufrió una fisura de cráneo y fractura de pelvis.

"Muy poca gente sabe que no es la primera vez que a Milton le pasa algo así. Hace unos cuantos años un camión lo atropelló después de hacerle un "finito" y lo dejó tendido en la ruta sin atención. Esa fractura recién se la encontraron antes de los panamericanos", recuerda Marlene Wynants.

Ante todos esos accidentes, Milton respondió con menos de quince días de reposo. Su entrenador, Aníbal Belasse, cuenta que esta última vez Wynants salió a la ruta con collarete y con el torso totalmente negro por los hematomas, apenas dos semanas después de haber estado en un centro de tratamiento intensivo.

Aunque hay demasiados uruguayos que se atribuyen los logros internacionales de Wynants, el ciclista cree que Belasse es el responsable de su actual rendimiento atlético tanto en pista como en ruta.

"Hace un año y medio que estamos juntos, y creo que hoy estoy mejor físicamente inclusive que cuando gané la medalla de plata en las Olimpíadas de Sidney", cuenta el propio Milton.

Belasse, un entrenador autodidacta de 47 años, es considerado por una treintena de discípulos, entre ellos el propio Wynants, como un auténtico gurú, tanto arriba como abajo de la bicicleta.

Como corredor, el mayor logro de Belasse fue representar a Uruguay en los Panamericanos de 1994. Pero en los últimos años de su trayectoria deportiva se hizo famoso entre sus pares por sus conocimientos acerca de los secretos del ciclista. Comenzó asesorando a los más importantes corredores sobre la colocación de los asientos y en algunos casos siguió entrenándolos en cuestiones técnicas. "El me ayuda en todo. No sólo en

lo deportivo. Me ha ayudado a enfrentar mi timidez, que es un defecto que tengo y que debo corregir", afirma Wynants acerca de Belasse.

UN WYNANTS TOTAL

El entrenador inició con él una sociedad de vida y trabajo bajo la premisa de someter a su alumno estrella a una rutina de entrenamiento científica, con alimentación especial y disciplina general desconocida hasta entonces por el ciclista sanducera.

Wynants no sólo bajó de sus tradicionales 70 kilos a 66,200, porque su entrenador estableció esa marca como peso ideal en tiempos de competencia. El entrenamiento también incluyó aspectos motivacionales, de concentración deportiva y de comportamiento, aun lejos de los tubos y manillares.

"Siempre le digo a Milton que debe ser un campeón en todo sentido. Y los campeones tienen la obligación de dar un mensaje a la sociedad. Milton debe aprovechar al máximo su calidad de tipo sano y honesto. Y creo que él ha comenzado a disfrutar del nexo con la gente. La verdad es que este regreso desde Santo Domingo ha sorprendido a muchos, inclusive a mí", dice Belasse.

Wynants y Belasse deben comenzar una etapa de mantenimiento físico esta misma semana. Y al mismo tiempo trabajarán en un plan de entrenamiento que llevará varias etapas, de cuatro meses a un año, con el objetivo final de clasificar y llegar en las mejores condiciones a las Olimpíadas de Atenas en setiembre de 2004.

El plan de entrenamiento de un deportista de élite como es Wynants debe incluir también un presupuesto de cierta magnitud. En Europa ningún corredor de primer nivel baja de cifras de seis dígitos en dólares, aunque está claro que Milton se conformará con bastante menos.

El ciclista y su entrenador deberán calzarse el traje y saldrán a recorrer empresas que quieran asociar su imagen a la del triunfal Milton Wynants. El apoyo oficial que recibe Wynants es importante pero insuficiente para enfrentar los desafíos que tiene por delante. Hasta Atenas 2004, Wynants usufructuará una beca de U$S 1.200, a la cual hay que restarle 100 que se destinan al pago de un seguro de vida. A ello se le suma un sueldo del Ministerio de Deportes de 13 mil pesos.

Milton vive con este último dinero y el resto lo ahorra para pagar los caros insumos deportivos. Una bicicleta de las que usa Wynants cuesta alrededor de 4 mil dólares, un tubo de bicicleta sale 80 o 100 dólares, una rueda cotiza a 1.200 dólares y un traje de ciclista puede estar en vidriera a más de 400 dólares. Y todos estos insumos, además de una alimentación especial, deberán ser multiplicados por dos, ya que el campeón llevará consigo a todas las instancias a otro ciclista, que seguramente será su compadre Agustín Margalef.

El ciclista número dos no es un capricho del entrenador. En enero próximo comienzan las copas mundiales de las cuales salen los dieciocho olímpicos. Wynants se tiene fe para las pruebas que clasifican por puntos, que serán a razón de una por mes. De allí, irán a las Olimpíadas los dos primeros de cada competencia.

Pero si fracasara allí, después vendrá la revancha en el Mundial de Ciclismo desde donde sacarán pasaporte a Atenas los cuatro primeros ranqueados, más los dos ya surgidos del Mundial B.

Y aunque Wynants no llegara a estar entre esos primeros ocho clasificados tendría una chance extra con la ayuda de Margalef para entrar por las pruebas en dupla llamadas Madison, de donde emergen los restantes diez competidores y en las cuales Wynants no ha tenido destacada actuación. Por lo menos no hasta ahora.

En Santo Domingo, el sanducero corrió tres pruebas: las dos en las que consiguió medalla de oro y la prueba Madison, en la cual la dupla Wynants- Margalef salió octava. "Milton tiene lo que tienen los grandes supercampeones: es lo que se llama una persona tranquilamente nerviosa. Es decir, tiene un gran manejo del estrés, pero sin perder el estado de alerta en competencia. Es un notable corredor en ruta. Pero es un fuera de serie como corredor en pista. Allí está entre los mejores dos o tres del mundo. Pero en Madison aún hay mucho que trabajar".

Para Belasse, Wynants tiene condiciones "sobrenaturales" en pista porque su fisiología posee una alta concentración de lactosa que le permite permanecer más tiempo que el resto de los corredores con pulsaciones muy altas. Los últimos estudios indican que Wynants puede soportar sin problemas 189 pulsaciones por minuto, algo que a cualquier ser normal —incluidos muchos deportistas— le causaría una segura muerte por infarto.

Milton lo explica la prueba en pista con su clásica simpleza conceptual: "durante 40 kilómetros de recorrido en una hora de carrera tenés que estar en el máximo nivel de concentración. Si dudás un instante, perdés. Se termina todo", dice él en su carácter de especialista de una técnica del ciclismo casi inexistente en Uruguay.

FUTURO IMPERFECTO

El otro gran talento que permite a Wynants estar en el podio de los mejores es lo que en ciclismo se llama la "vuelta de pierna" que mide la eficiencia en el pedaleo y que convierte al corredor sanducero en imbatible en las medianas y largas distancias, aun para ciclistas de mucho mayor potencia física que él. "En ese sentido es un ciclista de las características de Lance Armstrong. Su vuelta de pierna es consecuencia de su gran capacidad aeróbica y anaeróbica", explica Belasse.

Acerca del futuro de Wynants se hacen muchas conjeturas. Si llegara la consagración en Atenas 2004 es probable que aparezcan verdaderas ofertas para correr en el profesionalismo europeo. Belasse no tiene ninguna duda que podría hacerlo sin problemas, aunque reconoce que la edad de Milton es una circunstancia limitante no por su capacidad actual, sino porque ya debería estar en esa categoría desde hace años.

"El profesionalismo tiene una carga de estrés aun mayor que las pruebas a las que ha sido sometido hasta hoy. Pero no tengo ninguna duda que haría un gran papel en el Tour de France, por ejemplo. El único problema es cuánto tiempo el podría estar corriendo a ese nivel. Ser profesional trae consigo la adaptación de vivir en Europa e implica todo un protocolo, quizás corriendo primero como diletante", afirma Belasse sin dudar.

Pero es un buen comienzo que el entrenador pretenda poner a su pupilo en las mejores manos. Aunque lo entrenó con miras al Panamericano, no lo pudo acompañar a Santo Domingo. Sin embargo fue el impulsor de su entrenamiento previo en New Jersey ("la temperatura era la misma y le permitió aclimatarse") y le dio claras pautas para que adquiriera allá instrumental de carrera y tuviera una una sesión con el mismo ortopédico que asesora al gran Lance Armstrong en Nueva York.

"Si quiere estar entre los mejores tiene que trabajar al más alto nivel. No puede ir con ropa inadecuada o sabiendo que si tiene que comprar un repuesto debe dejar de comer o debe retacear en el hotel o trasladarse en bicicleta, como ha sucedido", explica el entrenador. "De eso se trata el plan de entrenamiento en el que trabajamos hoy. Es para dejar de hacer las cosas a la uruguaya".

Milton no sueña por el momento con otras cosas que no sean bicicletas y caramañolas. "Algún día, con mi señora, pensaremos en poner un negocio o algo así. Pero ahora no puedo hacer otra cosa". Por ahora dice que tiene cuatro o cinco años de carrera a primer nivel mundial y argumenta con razón que su especialidad, la carrera en pista, es una competencia en la que los años corren a favor. Como prueba pone a su único vencedor en Sidney, el español Joan Llaneras, quien triunfó en las Olimpíadas a los 36 años.

"En Atlanta estuve en el puesto 11. En Sidney salí segundo. Y ahora no tengo otra alternativa que el oro", dice Milton y aclara: "pero antes tengo que clasificar".

Wynants tiene buenas razones para creer que es depositario de nuevas hazañas y lo comprueba a cada paso. Al final, llega a casa rodeado de policías, luego de la caravana. La casita es modesta pero muy agradable, tiene dos plantas, está pintada de azules y verdes y se encuentra situada en un barrio periférico de Paysandú que aún no tiene nombre. ¿Milton Wynants, quizás, tal como ocurrió en Salto con Federico Moreira?

Los policías están allí desde la mañana para investigar el extraño caso. Visiblemente perturbado, Wynants atraviesa los escasos metros entre el patrullero y la puerta de su casa. Quiere que todo termine rápido. Una veintena de escolares y una maestra decidieron mirarlo todo desde la vereda de enfrente. Una señora de aspecto muy humilde se le atraviesa en el camino sin reparar que Milton está en otra cosa. De hecho los otros Wynants tratan de hacerle entender que acaban de robar 6 mil dólares.

"¿Me das una camisetita?", implora la mujer sin detenerse ante nada. Wynants se abre de los agentes y va en busca de la mujer. Le dice que sí, que la pase a buscar en un rato. "Creeme que dentro de un rato la tenés, no te preocupes", le dice Milton, mientras arregla con unos enviados de canal 12 que en dos horas estará en un avión para marchar de vuelta a Montevideo donde lo espera el Licenciado Pettinati.

Y cuando piensa que ahora sí puede dedicarse a cuestiones menos gloriosas que el ciclismo, aparece una niña del vecindario que lo estaba esperando con un dibujo, de los tantos que recibió en las últimas horas.

Es un Milton Wynants vestido de celeste y dorado, con un enorme sol detrás y una bicicleta más grande que todo lo demás. En la dedicatoria se puede leer con letra muy clara y sin más trámites: "Prefiero que ganes otra medalla en las Olimpíadas".

Y ante el relevo de pruebas, Milton sonrió otra vez esa mañana. La gente está empecinada en que sea feliz.

"un Triunfo oportuno"

"Es un triunfo muy merecido para él en particular y muy oportuno para el ciclismo por el mal momento que atreviesa este deporte. No tengo dudas que las autoridades le darán el apoyo que se merece con miras a los Juegos Olímpicos. Milton es un extraordinario semifondista, un ciclista con un gran poder de recuperación. Tiene la virtud de un momento a otro de volver a arrancar, una, dos, diez veces, hasta que logra su objetivo de fuga. Este triunfo no extraña a nadie por la forma en que él trabaja y se esperan muchas otras cosas de él en el futuro".

(Federico Moreira, ex ciclista y medallista de oro)

"Estara en atenas 2004"

"La Federación Ciclista, el Comité Olímpico y el Ministerio de Deportes seguiremos apoyando a Wynants con becas y financiamiento. Creo que su victoria en la prueba por puntos era esperable. Y una vez que se sacó la presión de ser favorito pudo ganar su segunda medalla demostrándonos a todos que se puede ser un especialista en pista y triunfar también en ruta. También demostró que lo de Sidney no fue casualidad, como creían algunos. Milton va por buen camino hacia Atenas. Ahora lo esperan las copas mundiales en México, Australia, Moscú y Alemania". (Daniel Gutiérrez Pte. de la Federación Ciclista)

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