JORGE SAVIA
Si acaso, lo de Peñarol y Defensor fue como lo del estado del tiempo: de un lado y de otro hubo vientos arrachados, por momentos bastantes fuertes, pero finalmente no consiguieron desatar ninguna tormenta arrasadora, concluyente, para que la victoria le correspondiera a los aurinegros o a los violetas.
Primero, hasta que Martinuccio entró por Alonso a los 33` y ya insinuó algún otro tipo de movimiento ofensivo en el marco del cual -a los 40`- surgió una jugada en la que Peñarol reclamó penal de Martín Silva a Ramis, aunque lo que ocurrió fue que el artiguense se tiró cuando el arquero le cruzó la pierna (llegando antes a la pelota) por delante de su carrera, el viento sopló amenazante sólo desde el lado de Punta Carretas.
Defensor fue protagonista, manejó más y mejor la pelota, mientras que por esa misma razón -pero vista desde el lado opuesto- Peñarol no fabricó una llegada, ni un tiro al arco o un corner siquiera, en casi todo el primer tiempo.
El aluvión tuvo características bien definidas: partiendo del trabajo de marca y contención de Gaglianone y Amado en el medio, siguiendo a través de las combinaciones e incursiones personales que hicieron Ariosa y De Souza por izquierda, y con la imposición -clara, neta- de Taborda en el espacio aéreo del fondo aurinegro, Defensor Sporting estuvo a punto de ponerse en ganancia no menos de cuatro veces. En una se lo impidió el travesaño, en otras el responsable fue Sosa, y también hubo falta de contundencia de los propios delanteros violetas.
Después, ya con Martinuccio asentado en su equipo, vino la virazón en el complemento, donde Peñarol -con pase del argentino y gran definición de Ramis- no sólo se puso rápidamente 1 a 0: también dio la sensación de que, con el don de ubicación de De los Santos, más ese festival de "Pitufos" que se escenificó con los toques y paredes de Román, a veces Albín, Martinuccio, Ramis y -a veces- Pacheco, el huracán iba a ser aurinegro.
Sin embargo, en la medida que Díaz se fue acomodando en el medio, Defensor volvió a salir por la izquierda, y con un par de vendavales violetas quedó claro que al estático fondo aurinegro se le podía volar el techo en cualquier momento; no ocurrió cuando Taborda se tiró para adelante ante un pase de Amado, pero pasó cuando -en una acción similar- anotó Guerrero.
Al final, porque Peñarol quedó con 10 y no dio ventajas en defensa, amainaron los vientos. De los dos. Que durante los 90` fueron arrachados, pero sin poder desatar una tormenta. Ni para una victoria aurinegra, ni tampoco violeta.
La cifra
887 minutos estuvo Peñarol sin tener un jugador expulsado en el Torneo Apertura.
Las estrellas
A. Martinuccio
Entró y le cambió la cara al ataque aurinegro; protagonizó jugadas de riesgo.