JOSE MASTANDREA
Llegó a Peñarol ilusionado. Sabiendo que "esta oportunidad no se me iba dar más", pero conciente de que tenía un gran desafío por delante. Y lo asumió. Quería sacarse la espina de jugar en un grande. Marcelo Tejera tuvo su debut. Su bautismo en el Centenario, ante la hinchada y con la camiseta aurinegra. "Pudo haber sido un debut soñado.... pero no lo fue: nos faltó un gol", confiesa en la tranquila mañana sabatina de Los Aromos.
—Cuando llegaste al club dijiste que todavía no te sentías jugador. Que necesitabas vivirlo. Salir a la cancha, ver a los hinchas en las tribunas, ponerte la camiseta. ¿Se puede decir que ahora sí te sentís jugador de Peñarol?
—Sí... ahora sí. Pero lo empecé a vivir desde que llegamos al estadio. El apoyo de la gente, el aliento que me dio el público incluso cuando salí a la cancha y ni que hablar cuando me tocó entrar. Siempre me hicieron sentir como que estaban conmigo.
—Dijiste que podía haber sido un debut soñado...
—Claro. Debutar, hacer un gol y que tu equipo gane no es poca cosa. Era el debut soñado para cualquiera pero al final no se dio. Nos faltó un gol para lograr el objetivo y eso tira abajo todo lo demás.
—Sin embargo el hincha se fue satisfecho.
—Sí, puede ser. Y nosotros, en ese primer momento también. Por lo que significó remontar esos tres goles de Quito, por la entrega, por lo que jugó el equipo, pero después, en el día a día te vas dando cuenta que no clasificamos, que estamos afuera de la Libertadores y eso te jode.
—Supongo que tu llegada a Peñarol tuvo mucho que ver el tema de la Libertadores.
—Y sí. Estaba dentro de las expectativas. Es un torneo que a mí siempre me gustó jugar. Cuando jugué en Defensor me encantaba la Copa, todo lo que encierra y significa para un jugador estar ahí. Para mí sigue siendo el torneo más importante, el de mayor peso y tradición.
—¿Cómo se hace para suplir esa falta de competencia? Esa pérdida, por llamarla de alguna manera...
—No queda otra que prepararse para el campeonato local. Prepararse de la mejor manera para ganar el Uruguayo. Para ganar todo lo que tengamos por delante. No puede haber excusas...
—¿Cuánto falta para ver al Tejera del fútbol mexicano?
—Y... falta... primero tengo que ponerme a punto físicamente y después en lo futbolístico. El del otro día fue mi primer partido. Ni siquiera tengo conocimiento de mis compañeros. Yo que sé... no nos conocemos ni en las cosas más simples que tiene el fútbol. En que ellos sepan a dónde puedo meter un pase o yo saber dónde van a estar en determinado momento o en tal o cual jugada. Eso se adquiere jugando, con seguidilla de partidos. Y eso me falta. No sé... creo que en cuatro o cinco partido se puede dar.
—¿Qué te pidió Morena cuando te dijo que entraras?
—Que agarrara la pelota, que me ubicara en donde me sintiera más cómodo para tenerla y que siguiera intentando llegar por abajo. Al principio me paré por la izquiera pero después vi que podía rendir más volcado hacia la derecha, por donde estaba Ronald (Ramírez) y creo que por ahí se niveló un poco más la cancha. Lástima que no se nos dio... pensaba que llegábamos...
—¿Ustedes lo sentían así en la cancha?
—Sí, sí... ellos estaban recontranerviosos. Vos le veías la cara y estaban rec..... no querían nada. Y eso que cuando entré fue como si se acelerara de 0 a 100 en segundos nada más. Entré en el medio de la locura, la pelota iba de un lado a otro adentro del área pero los rebotes se iban por centímetros. No ligamos nada y hubo un montón de rebotes. De verdad, pensé que llegábamos. Fue una pena porque para todos era un sueño esa clasificación, y estuvimos muy cerca de lograrla.
—¿Cómo ha sido la reacción de la gente en estos días? ¿Te dicen algo?
—Sí... pero no ahora. Desde que llegué a Peñarol. Me gritan, me alientan... yo que sé, por ahí lo que más me quedó fue lo que me dijeron el otro día: "Marcelo hace tiempo que te estábamos esperando". Y eso para uno es una alegría, el trato ha sido bárbaro, nunca imaginé que me fueran a recibir así.
Marcelo Tejera (31) sabe que el fútbol es así. Que tiene alegrías y tristezas. La noche del debut pudo haber sido la noche soñada. No lo fue. Pero sabe que en todo juego hay revancha. Y ya se ilusiona con ella.