GUILLERMINA LUZURIAGA
Cada temporada llega a Uruguay un promedio de 60 jugadores extranjeros en busca de éxito deportivo, pero sólo una minoría logra concretarlo.
Para graficar esta premisa, basta con mencionar que en la pasada edición de Liga Uruguaya fueron sólo cinco los foráneos que disputaron el torneo desde el comienzo y hasta el final de la actuación de sus equipos.
Y menos aún son los que dejan una marca que trasciende el tiempo y llegan al corazón de sus clubes, como lo es el caso de Kojo Mensah, Marcus Elliot y Jeff Simpson.
Anastasia dejó atrás tres años de ausencia en Primera y volvió más renovado y con más fuerzas que nunca.
La apuesta por estos tres extranjeros fue un éxito y respalda un proyecto serio y responsable, organizado por un grupo de jóvenes dirigentes.
En casi tres meses, los foráneros "funebreros" provocaron furor en la ciudad. Plasmaron un juego dinámico, vistoso y efectivo que hoy tiene al equipo con buenas chances de colocarse entre los mejores 10 del torneo.
Mensah es el más joven de los tres. Neoyorquino de nacimiento, comenzó a practicar básquet a los 12 años, cuando se mudó a Brooklyn.
"Lo único que hacían mis nuevos amigos era jugar y jugar en las plazas, así que me uní a ellos y luego comencé a practicarlo en la escuela", contó el base de 1.84 de altura.
Dos años después, cuando cursaba su primer año del "High School" Bishop Loughlin, compitió en torneos estatales y tomó conciencia de que quería convertirse en profesional. Posteriormente, defendió a la preparatoria Notre Dame y a Siena College, experiencias que le sirvieron para desembocar en la Universidad de Duquesne.
Su vinculación con el deporte es herencia familiar, y 100% originaria de Ghana. Su padre fue un destacado futbolista que vistió durante años la camiseta del seleccionado nacional; su madre se dedicó al netball (disciplina emparentada con el básquet).
Sobre sus raíces africanas, Kojo explicó que le encantaría volver a la tierra de sus progenitores: "Fui cuando era muy chico. Es algo que tengo pendiente, sé que lo disfrutaría, pero las 23 horas de vuelo es lo que todavía no me ha decidido".
Elliot es otro deportista de raza. A los seis años comenzó a practicar básquet, fútbol americano y béisbol por iniciativa de su padre. "Recién a los 14 empecé a tomar al deporte en serio. Jugué en high school, junior college y luego fui reclutado por la Universidad de Louisiana Tech".
El escolta, que tuvo su primera experiencia profesional en el equipo chileno de Valdivia (fue uno de los tres goleadores del torneo local), lo que echa de menos es su familia, novia y la iglesia. "Soy cristiano y extraño ir a misa los martes y domingos. Aquí no voy porque no entiendo nada, pero tengo la suerte de que mis amigos me envían grabaciones de discursos y sermones, y me pasan links para poder escuchar enseñanzas online", dijo Elliot, quien siempre viaja con una Biblia como compañía.
Simpson es un interno de 26 años que jugó en Turquía, Ucrania, Ecuador y Grecia. "Empecé a jugar a los 5 años y siempre tuve el apoyo de mi familia. No llegué a terminar el `high school` por un problema con el entrenador, pero me cambié a una universidad en la que completé mis estudios y logré graduarme en North Texas", explicó el ex jugador de Olimpia.
Simpson, quien adora vivir en Fray Bentos y es el más divertido de los tres, contó que su debilidad son sus dos pequeñas hijas, de uno y cinco años, que viven en Houston.
Jeff Simpson
Su hermano está en la guerra
"Tengo un hermano que está sirviendo en la Guerra de Irak para las Fuerzas Americanas", contó Simpson, quien tuvo su primer pasaje en Uruguay con el equipo de Olimpia.
"Estoy esperando que vuelva, le queda poco tiempo. Es claro que hay muchísima pobreza y demasiadas muertes, pero estoy acostumbrado porque mi padre también sirvió para los militares".
Su progenitor participó de la Guerra del Desierto, también conocida como Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991) y unos meses en la Guerra de Irak.
Además, también tiene tíos y primos que son soldados y están al servicio de Estados Unidos.
A pesar que toda su familia tiene pasado, presente y futuro militar, Simpson jamás consideró la posibilidad de unirse al ejército: "Es un trabajo que no es para mí, yo estoy hecho para el basquetbol, es lo que disfruto".
Marcus Elliot
Mucho trabajo a pico y pala
Elliot, dueño de unos contundentes ojos verdes, y quien tuvo que remar mucho para poder jugar al basquetbol profesional, trabajó en la construcción antes de desembarcar en Uruguay.
"Necesitaba el dinero para poder sobrevivir junto a mi familia, y conseguí ese trabajo en Fort Walton (Florida)", explicó.
Pero esa no fue la primera vez que ejerció de obrero, ya que anteriormente desempeñó similares actividades en construcciones de Louisiana y New Orleans.
Sin embargo, Elliot nunca dejó de entrenar para estar en forma al momento en el que algún equipo confiara en él: "Después de la universidad ningún agente creyó en mí ni en mi talento, entonces empecé a grabar mis imágenes en DVD y a colgarlas en Internet. También se las envié a contactos que tenía, pero pasé una temporada entera sin recibir respuesta".
Kojo Mensah
Recibió dos balazos en una fiesta
Mensah disfrutaba junto a compañeros de equipo de una fiesta en el campus de la Universidad de Duquesne (la misma a la que asistió Martín Osimani), una como las tantas que se ven en las películas norteamericanas.
Todo se desarrollaba con normalidad, pero de repente el ambiente cambió y la reunión terminó con cinco heridos de bala.
"Uno de mis amigos estaba hablando con una chica y apareció un joven que era su ex novio y quien todavía creía que mantenía vínculo. Se puso celoso y el ánimo se calentó", explicó.
"Empezó a discutir, sacó un revólver y disparó a todos los que estábamos alrededor. Alcanzó a cinco personas, entre las que estaba yo. Me dio un balazo en el hombro derecho y otro en el antebrazo izquierdo", recordó Mensah, quien a pesar de la gravedad de las heridas permaneció hospitalizado sólo tres días.
Su primo juega en Houston Rockets
Pops Mensah-Bonsu es primo hermano de Kojo Mensah y uno de los ala-pívots del plantel principal de Houston Rockets, orientado por Rick Adelman.
"Con él tengo una muy buena relación. Intercambiamos mails y sigo su carrera por Internet. Generalmente hablo con mi prima y ella me comenta algún detalle en particular y busco en la web determinada jugada", puntualizó el conductor "funebrero".
"A pesar que nos llevamos muy bien, sé que es una persona con una agenda muy ocupada y tengo claro que no dispone de mucho tiempo libre".
Mensah-Bonsu, nacido en Gran Bretaña, es dueño de la casaca número 21 de la franquicia campeona en 1994 y 1995. Con sus 2.06 de altura y 106 kilos, ha jugado en San Antonio Spurs, Dallas Mavericks y Toronto Raptors, y también defendió a Joventut de la Liga ACB de Españada y a Benetton Treviso de la Liga A de Italia.
Asimismo, fue contratado por Granada (también de la Primera ibérica) para salvarlos del descenso. ¡Y vaya si cumplió! Lideró el partido con 22 puntos y nueve rebotes, atrapando el último rebote que dio la victoria a su equipo. Hoy es recordado como un verdadero héroe.
Como la mayoría de los estadounidenses, Kojo es fanático de la NBA, y en particular de Los Angeles Lakers. "Es mi equipo preferido por Kobe Bryant, me encanta su juego. De todas formas, me enfoco más en mirar a Chris Paul y Baron Davis, que son referentes en mi posición".
"Juegan por el club y por la ciudad"
Guillermo Levratto está vinculado a Anastasia desde toda la vida. Asumió por primera vez la presidencia del club en 2004, luego dejó por estatutos del club y retornó en febrero de 2008.
Sobre el trabajo del tridente extranjero, el titular "funebrero" dijo estar muy conforme: "Incluso resumo mi opinión a través de un concepto que ellos mismos manejan. Siempre dicen que además de estar jugando para el club, que fue quien los contrató, lo hacen por la ciudad".
"El hotel en el que viven es céntrico, está a dos cuadras del club y a cinco del lugar en el que comen, lo que les permite estar en contacto permanente con la gente. Cada vez que van a practicar son el centro de atención y no paran de firmar autógrafos", explicó Levratto.
"Para nosotros son un objetivo cumplido, porque se puede ser muy buen profesional, pero frío con el ambiente, y ellos son todo lo contrario", puntualizó.
Para el presidente, la clave estuvo en la interacción que hubo a la hora de elegirlos: "No podíamos fallar por responsabilidad, ya que nuestra estructura no nos permite equivocarnos. Valió la pena el mes que invertimos averiguar antecedentes y estudiar números. Elegimos tres, pero no es detalle menor que descartamos más de 20".
Fue un trabajo de dirigentes, cuerpo técnico y del representante de los jugadores: "Confiamos en Juan Pablo Da Prá. Le hicimos muchas preguntas, y su certeza a la hora de responder nos dio seguridad para decidirnos".
Los promedios de la primera fase
22.1 Unidades y cinco asistencias promedia Mensah en 38.7`, según las estadísticas de la FUBB. Es quien más faltas recibe con 8.7.
Dulce de leche
Mensah se convirtió en fanático del dulce de leche, pero admitió que todavía no se animó a probar el mate y que lo mira de reojo.
22.8 Puntos promedió Elliot en 15 partidos, destacándose sus 2.3 triples y 7.5 libres en 37.2` de juego. Además, recibe 7.5 faltas.
Muy religioso
De los cinco tatuajes que tiene Elliot, el más significativo es un mensaje extenso en el antebrazo derecho en el que le habla a Dios.
12.4 Es el promedio en rebotes de Simpson, quien además coloca por juego 3.6 tapas y encesta 18.1 puntos en 34`1 de juego.
Un ex Olimpia
El nombre de Simpson suena conocido por su pasaje olimpista. Sólo jugó dos partidos y lo cortaron. ¿Se habrán arrepentido?
Se sienten como en su casa
Si en algo coinciden estos tres jugadores de historias tan disímiles, es en el trato que reciben en Fray Bentos.
Para Mensah, el calor de la gente es primordial: "Jugadores con experiencia me decían que afuera de Estados Unidos iba a estar muy solo, y que el ambiente iba a ser frío, pero me sorprendí gratamente".
El base comparte mucho tiempo con sus compañeros de equipo: "Hasta nos reuninos en la casa del DT", explicó.
Lo que destaca Elliot es la tranquilidad: "Se respira un ambiente relajado, puedo pensar sobre diversos aspectos de mi vida. Además, Pablo (Garbarino, asistente) es como mi padre, y su familia es como la mía".
"Amo la vida de la ciudad", aclara Simpson, quien hace hincapié en que puede descansar todo lo que necesita y que le encanta caminar y sentir el calor de la gente.
"La dirigencia nos trata como si estuvieramos en nuestros hogares", puntualizó el grandote del trío.
En lo que refiere a las metas colectivas, coincidieron en que, a pesar que nadie los da clasificando, tienen muchas chances de meterse entre los diez.
Mensah dice que deben aprender a jugar fuera de su casa, mientras que Simpson explicó: "Tenemos que lograr un juego más consistente y aprender de los errores".