El clímax que el mundial de Fórmula Uno tendrá en Brasil, con tres pilotos con posibilidades de ganar el campeonato, no es una situación nueva. Ya se produjo en 1986, cuando Alain Prost, Nigel Mansell y Nelson Piquet concurrieron a la ciudad australiana de Adelaide con aspiraciones de conseguir el título.
Lewis Hamilton, quien este año lo pelea con su compañero de equipo Fernando Alonso y Kimi Raikkonen, tratará de esquivar la mala suerte que persiguió a su compatriota británico Mansell.
Mansell llegó a la última carrera con una ventaja de siete puntos y logró la `pole position`. Tenía claro que un tercer lugar le bastaba para ganar el título.
Keke Rosberg, compañero del francés Prost en McLaren, estuvo al frente de la carrera, pero se retiró por un problema de neumáticos en la vuelta 63 de 82, permitiendo al brasileño Piquet tomar la punta y que Mansell se ubicase segundo.
A Mansell le tocaba cambiar neumáticos al final de la vuelta 64, pero a medio camino de los boxes, su neumático trasero se reventó cuando corría a máxima velocidad al final de una recta. Trató como pudo de controlar su Williams y lo detuvo a unos cuantos metros de una barrera de neumáticos.
Inquieto por los problemas de Rosberg y Mansell, Piquet fue directo a boxes tras la 65 para hacer el cambio, y salió con un retraso de 15 segundos detrás de Prost.
Prost tenía que acabar adelante de Piquet para conseguir la corona. El francés, sin embargo, no paró y apostó a los neumáticos que tenía para afrontar la parte final de la carrera. Su ventaja menguó a cuatro segundos, pero cruzó la meta primero.
Prost se proclamó campeón mundial y revalidó su cetro.
Una definición así de dramática podría verse cuando Hamilton, el español Alonso y el finlandés Raikkonen se encuentren el próximo domingo en el circuito brasileño de Interlagos.