Es muy difícil entender la obsesión del nuevo gobierno en contra del proyecto Arazatí. Es sabido que el país precisa una nueva fuente de agua potable. Y este proyecto es el fruto del análisis de la gente más capacitada que hay en el país en la materia. Los argumentos de que el agua del Río de la Plata es salobre, o que pueda contaminar un acuífero, son absurdos. Buenos Aires saca el agua de allí, y el Río de la Plata también está sobre acuíferos. Parece un capricho sin fundamento.