La polémica por los insultos durante la interpelación del ministro Fratti ha sido exagerada. El Parlamento siempre ha sido un lugar de debates acalorados, donde han habido peleas y hasta armas de fuego. Por lo cual es algo llamativo el nivel de sensibilidad ante un par de insultos. El tema es que eso parece más bien consecuencia de la falta de nivel de nuestros políticos (reflejo de lo que ocurre en la sociedad), donde es más fácil insultar, que apelar al sarcasmo o la ironía.