Un indicador clásico de desarrollo de un país es que su tasa de mortalidad infantil sea baja. Los datos preliminares de 2022 muestran que luego de un estancamiento entre 2017 y 2021, hubo una baja relevante. Se trata de una consecuencia clara del énfasis de cuidados en la primera infancia definido por el gobierno, a través de políticas como el control de los embarazos, la atención eficiente en el parto, y el buen seguimiento y control de los recién nacidos. Aquí también hay un buen legado de la gestión del ministro Salinas.