La noticia de que el estado está litigando contra un padre para evitar pagar un remedio muy caro que podría beneficiar a su hija enferma, tiene diversas lecturas. Alguien podría decir que gastar tanto dinero en remedios experimentales y de escaso efecto es poco razonable. Pero en un país donde el estado se gasta 800 millones de dólares en bancar la aventura ruinosa de Ancap con el pórtland, “amarretear” ese dinero a un padre desesperado es de una crueldad absoluta.