En medio del escándalo por los aranceles impuestos por Trump, hay un tema que suele ser omitido por los “expertos”. Se habla mucho de balanza comercial, de equilibrios políticos, de competitividad, pero se suele omitir a la persona. Si un ciudadano quiere consumir un producto, ¿quién le da a un burócrata el derecho a limitarlo por consideraciones elaboradas entre políticos y empresarios prebendarios? Respetar la libertad de la persona evitaría muchos de los problemas de hoy.