Sí, es una verdadera lástima, como cierra el breve pero elocuente comentario consignado en "La clave" de esta misma página en nuestra edición del 20 de diciembre, referente a un incidente verbal -o ni siquiera eso- entre el Presidente de la República y nuestro corresponsal en Maldonado el domingo pasado.
Una lástima porque da pie a que se diga más de lo mismo en cuanto al reproche de la desprolijidad de su presentación pública habitual -aunque uno no termine de convencerse que nadie intente corregirlo- y si ello fuera la consecuencia de una estrategia para vender una imagen, mucho peor todavía, en la medida que confirma que la gente de su círculo más íntimo no tiene nivel de gobernante, siempre que no fuera un autodidacta, lo cual no es descartable.
Y es una lástima por el dispendio de tiempo que demanda prestarle atención a un tema que ya es reiterativo, pero que no es menor, ya que José Mujica Cordano es quien por su investidura nos representa a todos, y siempre tiene recursos para avergonzar y apartar ciudadanos que se hartan de su poca educación en el trato a trabajadores que están cumpliendo con su deber de difundir lo más claramente posible la opinión del Presidente.
Ahora el problema fue con periodistas, y no es la primera vez que agrede con la misma salida de tono cuando comprende que si no termina así se queda sin argumentos para contestar preguntas para las que no tiene respuestas. Mujica conoce a los periodistas. Los conoce demasiado, y por distintas razones no todas ellas refieren a su trayectoria en cargos públicos. Y sabe que ocasionalmente lo pueden poner en un trance difícil. No puede en consecuencia invocar en su descargo que lo hayan sorprendido. Pero como no puede con su genio, habla hasta la exageración. Prácticamente a diario da una pequeña conferencia de prensa. En la ocasión a que nos referimos, el tema del momento era la orden de salida que se le dio a un navío que llevaba una bandera que no es tal bandera porque no existe, de las Malvinas. Sabía que le iban a preguntar sobre ello, y pareció estar preparado, adoptando una actitud de indiferencia, de aquí no pasó nada, porque en realidad todos los días hay problemas con los barcos a los que no se les da trascendencia.
Esa fue la explicación que dio, y no estaba mal. Y ese era el momento para dar por terminado el diálogo, pero se quedó, lo que aprovechó el periodista para preguntarle algo que lo descolocó. Así, dominado por la violencia a la que conoce muy de cerca, tiró a matar. Hizo una breve pausa, y le espetó: "pero no sea nabo". A la sorpresa del periodista siguió un corto intercambio de acusaciones sobre quién le había faltado el respeto a quién, y entonces afloró en el Presidente la veta de autoritarismo propia de su formación, para dar por terminada la conferencia de prensa con una orden: "y retírese de acá". Nadie que se precie de estar informado podrá argumentar en defensa de la urbanidad gestual del mandatario, que tuvo una reacción temperamental o fuera del marco de su personalidad, porque actitudes como ésta, no importa si más graves o no porque todas son graves, se le esperan todos los días. No sería él, de otra manera.
El saldo que deja no es bueno para nadie. Es más doloroso para aquellos que se encandilan con ese estilo. Van quedando menos, pero igual los hay, lo sabe y se complace con ello. Es más, hasta diríamos que si lo dejaran, gobernaría para ellos. Es su cacique, el elegido para contraponerlo a Astori, y luego de un primer año de gestión vacilante, luego del revoltijo político consecuencia de la Ley de Caducidad y sus secuelas, optó por el camino propio, que abarca su conducta mediática.
En esta misma línea, toman sentido también las propuestas violatorias del orden jurídico, como la de llevarse por delante y a cualquier precio el Tratado del Mercosur para posibilitar el ingreso de Venezuela como miembro pleno. Cuesta admitir que ni el Presidente ni el Canciller comprendan que en una sociedad entre países con muy diferentes simetrías, la fuerza de los más débiles estará siempre en el respeto al derecho, no en su tortura. Es que no se puede definir lo que debe ser una política de Estado en base a afinidades ideológicas de los gobiernos de turno.
Nada para concluir. Se trata solo de reiterar.