Una marea blanca se paseó por el interior del país, con históricas y apabullantes votaciones en la gran mayoría de los departamentos.
El Partido Nacional arrasó en 13 intendencias, en tanto el resto se repartió con Salto que obtuvo la Coalición Republicana, el Partido Colorado se mantuvo en Rivera como el último gran bastión de esa fuerza histórica, en tanto el Frente Amplio triunfó en cuatro departamentos: perdieron Salto, pero ganaron Río Negro y Lavalleja, y mantuvieron la supremacía en Canelones y Montevideo.
Para el Frente Amplio fue una enorme sorpresa y disgusto la formidable respuesta de los blancos: en Artigas, Salto y Soriano la presencia de presuntas irregularidades los dieron por “liquidados” y se encontraron con que los principales dirigentes de esos departamentos (Emiliano Soravilla, Carlos Albisu y Guillermo Besozzi respectivamente) arrasaron.
En Rocha, San José y Paysandú los frentistas consideraban a los blancos derrotados. Falso pronóstico; les hicieron morder el polvo de la derrota y en algunos casos hasta por goleada.
Y lo que ocurrió ahora no es nada nuevo: el mapa de votación volvió a ser la reiteración del viejo conflicto del campo versus la ciudad. En una época no muy lejana la ciudad era bastión del Partido Colorado, en tanto el campo siempre fue el gran baluarte del Partido Nacional. Ahora es el Frente Amplio que domina la ciudad, mientras el campo sigue siendo fiel a los blancos.
La historia dice que Montevideo, con su escaso tamaño y su gran población ha vivido siempre a expensas del trabajo del interior del país.
Allí se produce, se cosecha, se cría ganado, se tropea y se engorda para generar divisas al país. Los pueblos del interior y sus pequeñas empresas y comercios, florecen o cierran al compás de la suerte de este sector, mientras que en la capital lo que se engorda es la burocracia.
Cada vez hay que atender más funcionarios públicos, la multiplicación como panes bíblicos de los recursos para atender a los sindicatos instalados en Montevideo (y su vecino Canelones), y eso cuesta dinero que se quita al interior del país y sus ciudades.
Martín Lema fue un excelente candidato, por lo que planteó, por lo que luchó y por el moderno paquete de medidas que propuso. No dio tregua para este brutal basural en que se ha convertido Montevideo y crece año a año o día a día, ante la pasividad de la mayoría de los ciudadanos, los frenteamplistas, que parecen disfrutar viviendo en la cochambre o no les interesa nada. Pero el resultado fue el mismo.
Lo único rescatable es que es una mugre democrática que está en todo lados: no distingue zonas ricas, pobres, medias, centro o periferia. Y nadie se hace responsable, nadie es removido, nadie es sacado por inútil y la mayoría de los montevideanos disfrutan de vivir o estar rodeados por la basura.
Si bien lo de Lema fue una gran apuesta, el Partido Nacional y ahora también la Coalición Republicana pecó de la misma pasividad que han tenido durante estos 35 años que los ha llevado a lanzar a sus candidatos cuando faltan escasos meses para las elecciones municipales. Hasta ahora, nunca se entendió que para pelear o tener una mejor calificación entre los montevideanos deben planificar y trabajar mucho en forma permanente con sus candidatos y no recién apenas unos pocos meses antes de los comicios. Así nunca van a poder cambiar su escaso arrastre en la capital. Lo que sus dirigentes hacen en el interior, deben hacerlo también en Montevideo. Esta vez se abrió una ventanita de esperanza. En medio de la no sorpresa por la derrota el pasado domingo -era lo que se preveía en todas las encuestas- los blancos destacaron dos puntos claves después del discurso que dio Lema, en el que marcó que “todo valió la pena” y que “mañana empezamos de nuevo”.
Ojalá se concrete, porque si miramos la vereda de enfrente y nos preguntamos si puede cambiar en algo la gestión del FA en la Intendencia de Montevideo con la presencia de Mario Bergara, la respuesta categórica es NO. Desde que el Frente Amplio accedió a la comuna capitalina hubo una transferencia del poder en beneficio de Adeom, el cada vez más fuerte sindicato municipal.
A cambio de paz -fundamental para “vender” la imagen de un gobierno progre que no enfrenta los reclamos de sus funcionarios-, los distintos titulares de la Intendencia cedieron a todas las pretensiones gremiales. Los roles están invertidos: manda Adeom y obedecen los gobernantes frenteamplistas.