La reciente confrontación pública entre Gabriel Oddone, designado ministro de Economía del próximo gobierno del Frente Amplio, y Alejandro Sánchez, futuro secretario de Presidencia, ha generado una profunda inquietud entre agentes económicos locales e internacionales. Oddone propuso avanzar en la desindexación salarial como medida para controlar la inflación, mientras que Sánchez rechazó categóricamente esta iniciativa, presuntamente defendiendo el salario real de los trabajadores, lo que evidencia una falta de consenso en temas económicos fundamentales que comprometen seriamente la gestión macroeconómica.
Esta divergencia no solo refleja una discordancia de opiniones, sino que también pone de manifiesto una preocupante descoordinación en el seno del Frente Amplio. Resulta especialmente alarmante que estas discrepancias emerjan antes de la asunción oficial del nuevo gobierno, lo que podría presagiar desafíos aún mayores en la implementación de políticas económicas coherentes y efectivas, más aún teniendo en cuenta el complejo escenario internacional que se presagia para el año en curso.
La desindexación salarial, propuesta por Oddone, busca desvincular los aumentos salariales automáticos de la inflación, con el objetivo de reducir la inercia inflacionaria y mejorar la competitividad. Sin embargo, esta medida ha sido objeto de debate interno en el Frente Amplio. Fernando Pereira, presidente de la coalición, también ha expresado diferencias con Oddone, enfatizando la importancia de la negociación colectiva y la protección de los salarios más bajos. Pereira señaló que “hay unos 500.000 trabajadores que ganan menos de $ 25.000 pesos” y que la desindexación podría perjudicar sus ingresos. Además, destacó que “lo que defiende el Frente Amplio no es lo que está defendiendo Gabriel”.
Estas discrepancias internas evocan recuerdos del gobierno de José Mujica, durante el cual la existencia de dos equipos económicos con visiones contrapuestas generó tensiones y falta de dirección clara en la política económica. La actual situación parece aún más preocupante, ya que la ausencia de un consenso podría derivar en la percepción de que no existe ni siquiera un equipo económico a cargo de la situación. Si dos equipos económicos fueron muy malos, no tener ninguno es la única alternativa aún peor.
La falta de cohesión en el equipo económico no solo afecta la imagen del gobierno entrante, sino que también puede tener repercusiones directas en la confianza de los inversores, la generación de puestos de trabajo y la percepción internacional de Uruguay como un país con políticas económicas predecibles. La incertidumbre y la falta de dirección pueden desalentar la inversión y obstaculizar el crecimiento económico, algo imperdonable ya que si un gobierno no es capaz de ayudar al menos debería no generarle más problemas a los uruguayos.
Es imperativo que el Frente Amplio aborde estas discrepancias de manera urgente. O se confirma que Oddone será el titular de la política económica o se lo sustituye por alguien que tenga capacidad de hacerlo, la indefinición es el peor escenario que se pueda concebir. Resulta irónico, incluso, que quien criticaba a Azucena Arbeleche por no ser una “ministra de economía” sino una de “finanzas” porque era el presidente el que definía la política económica, algo absolutamente falso ya que la realidad demostró que simplemente existió durante la actual administración una relación de confianza mutua y respaldo entre Lacalle Pou y Arbeleche, ahora sea cuestionado ya no solo por el presidente sino por su secretario.
La ciudadanía uruguaya espera que sus líderes actúen con responsabilidad y madurez, priorizando el interés nacional por encima de las diferencias partidarias o personales. La capacidad del nuevo gobierno para superar estas discrepancias y presentar una visión económica unificada será determinante para el futuro inmediato de Uruguay. Es necesario que el Frente Amplio demuestre su compromiso con la estabilidad y el progreso del país, dejando de lado las divisiones internas y trabajando en conjunto por el bienestar de todos los uruguayos. Si no es capaz de hacerlo la suerte del país durante el próximo quinquenio estará comprometida. Las dudas crecientes sobre cuánto decide Oddone o cuánto puede durar en su cargo son veneno puro para la predictibilidad del país, uno de sus activos fundamentales, sin el cual no es posible edificar ninguna otra política pública.