Hay que admitir que el presidente Yamandú Orsi a veces nos deja pensando. Con interés siempre, con curiosidad en ocasiones y muchas veces con perplejidad. Ocurre con esta idea suya, planteada la semana pasada ante el Congreso de Intendentes, de crear un Banco Municipal. No uno para una determinada intendencia, sino uno que sirva para todas ellas.
La función que el presidente imagina para ese banco es la de cobrar los tributos municipales, ya sea la contribución inmobiliaria, la rural, la patente de rodado, las tasas municipales, las de saneamiento y cualquier otro cobro que hagan las intendencias. La pregunta obvia es si es necesario crear un banco totalmente nuevo para cumplir esas funciones. Es como la idea de crear una Universidad de la Educación. ¿No sería más sencillo crear una facultad de esa especialidad dentro de una universidad ya existente?
Lo obvio sería que las intendencias tengan sus cuentas en bancos de plaza y allí vaya a dar todo lo que cada una recauda, cosa que sin duda ya alguien hace. El Banco de la República seguramente cumple hoy con esa función.
Es de esperar que la idea no implique modificar el sistema actualmente muy simple, de cobro de esos impuestos. Si el contribuyente tiene cuenta bancaria esos tributos se descuentan automáticamente de ahí. Si no quiere usar ese mecanismo, se trata simplemente de ir a un Abitab o un Red Pagos, y en un trámite muy sencillo, resolver el pago. No tiene mucho sentido crear otro banco estatal cuando los que hay cumplen con todas las funciones: Banco República, Banco Hipotecario y Banco de Seguros del Estado.
Más allá de los titulares es poco lo divulgado respecto a esta propuesta y la pregunta es si no hay detrás de ella alguna otra intención. Porque si bien el presidente es muy amigo de proponer ideas “federalistas”, en el sentido de darle más autonomía a los departamentos, ésta por el contrario tiene todo el aspecto de ser muy centralista ya que permitiría desde un único banco estatal con cometidos municipales, tener una estricta vigilancia de lo que cada intendencia recauda.
Quizás otra función, aún no desarrollada, sea que un banco municipal de estas características esté dispuesto a ofrecer préstamos a las intendencias cuando su cúmulo de deudas haya llegado al punto de que otros bancos y otras empresas públicas (Ancap y UTE, por ejemplo) no quieran dar más crédito.
Esto es lo que el país, con asombro (y también con fastidio) ha estado observando. Varios de los nuevos intendentes han dicho que no tienen plata para pagar sueldos y que tampoco pueden acceder a préstamos en instituciones oficiales porque ya nadie quiere darles crédito. Lo curioso es que esto, que linda en el escándalo, ocurre en intendencias donde el cambio de autoridades se hizo sin cambiar de partidos. Ocurre en Montevideo, en Florida, en Cerro Largo.
En medio de tanto lío, el presidente anuncia su idea de crear este nuevo banco estatal. Si además de recaudar tributos municipales se le agregara lo de otorgar préstamos, todo terminaría siendo parte de una misma trampa. Intendencias desfinanciadas, pese a los impuestos que cobra a su gente, empresas públicas que cierran la canilla a los gobiernos departamentales porque no cobran por los servicios que prestan, bancos que no pueden dar más porque empiezan a ver que las deudas son de tal envergadura que corren riesgo de convertirse en incobrables. En ese contexto, sería de desear que detrás del proyecto de crear un banco municipal no esté incluida la idea de dar préstamos cuando todas las otras puertas se cierran. La fuente del dinero seguiría siendo la misma, no importa cuantos bancos nuevos se inventen. Todo viene del Estado, un dinero que proviene de lo que pagan los contribuyentes.
En medio de la controversia por la situación de varios departamentos, el gobierno anunció que estaba pensando en hacer transferencias a las intendencias por 4.000 millones de dólares, considerada la mayor transferencia de la historia hecha desde la administración central hacia las intendencias.
Una cosa es ver como las intendencias que tienen problemas en sus cuentas resuelven ese nudo y otra es la eventual creación de un nuevo, e innecesario, banco estatal. Instalar la infraestructura correspondiente y contratar gente (¿más empleados públicos?) para montar algo que ya están haciendo los bancos existentes, que son más que suficientes, parece un exceso. Es de esperar que a medida que se profundice sobre este idea, se la descarte.