Oportunidad histórica

Uno de los conceptos más claros e importantes para entender los límites y las dificultades de nuestra política exterior es el que Sergio Abreu fijó en su libro de 2013: La vieja trenza: la alianza porteño- lusitana en la Cuenca del Plata (1800- 1875). Hoy y luego del triunfo presidencial de Milei en Argentina, estamos ante una circunstancia excepcional del desarrollo de aquella vieja trenza, que debemos entender como una oportunidad histórica.

Es cierto que la idea de la vieja trenza puede encontrar antecedentes en aquellos buenos analistas de las relaciones internacionales de nuestra región. Por poner un ejemplo lejano, ya en 1912 Luis Alberto de Herrera había escrito que era inmensa la importancia de la contradicción de influencias de Argentina y Brasil: “Mientras ellas no se anuden, será más fácil el porvenir de los débiles, ya que debe recordarse que, cada vez que se sumaron a un esfuerzo común, fue para obrar nuestro aniquilamiento”. Sin embargo, la idea de vieja trenza es que ella puede ser siempre extendida por un nuevo nudo; y que, también, sigue vigente con el mismo vigor de intereses nacionales contrapuestos con los de nuestro país.

El cambio más relevante que hubo, con relación a aquellos contextos históricos analizados por Abreu y las circunstancias del siglo XXI, es que en nuestro siglo se ha dado un fenómeno particularísimo: Brasil y Argentina dejaron de estar en situación de equilibrio de poder regional. En efecto, desde la perdida guerra de Malvinas en 1982 y, sobre todo, desde el desacomodo económico que significó la salida de la crisis de 2002, con la implementación de un corrosivo populismo durante casi veinte años, que terminó postrando a uno de los países más ricos del mundo, Argentina dejó de estar a la par de Brasil en los pesos económicos y protagonismos mundiales comparados.

La vieja trenza siguió desarrollándose, sí, pero hace dos décadas que lo hace de manera distinta, con un Buenos Aires que se caracteriza más por un seguidismo en relación con Brasilia que por una cooperación en la formación de nuevos nudos para las relaciones regionales. Y es aquí en donde el triunfo de Milei viene a romper radicalmente con el esquema vigente hasta ahora en la Argentina kirchnerista: no solamente ya no hay ninguna voluntad de seguidismo con respecto a Brasil, sino que Buenos Aires ha levantado la mira, con el objetivo de retomar aquella vieja premisa de su mejor historia, que fuera desarrollada incluso en los años 1930 por su notable canciller Saavedra Lamas, de “Argentina para la Humanidad”.

En este contexto, si nuestros grandes vecinos están camino a no obrar más de común acuerdo, en una lógica de encierro regional y con signo izquierdista-populista, los grandes condicionamientos de nuestra política exterior cambian radicalmente. Para Uruguay es necesario abrirse al mundo: si para una Argentina que aspira a ser potencia mundial también lo es, bienvenida la nueva perspectiva que tendrá consecuencias tanto en el Mercosur como en la prosperidad económica general del Río de la Plata. Para Uruguay es absolutamente necesario inscribirse dentro del campo de alianzas de Occidente, en un marco general de multipolaridad, que pone en tela de juicio valores sustanciales que hacen a nuestra definición como democracia y estado de derecho: si para Argentina sus principales socios estratégicos pasan a ser Estados Unidos e Israel, bienvenido el nuevo viento regional que nos quite el peso de un Brasil de Lula ideológicamente más cercano a Rusia y a China que lo que nuestra tradición política exige.

No se trata de promover la discordia en la región. Se trata de asumir que el concepto de vieja trenza implica un acuerdo que en distintas circunstancias ha favorecido a nuestros dos poderosos vecinos en detrimento de los intereses de Uruguay (y de los de Paraguay también).

Terminar con la actual versión de la vieja trenza en la que se perenniza el liderazgo de Brasil, aportará a Argentina un aire fresco de protagonismo mundial: ese que su gran historia le invita a perseguir y que sus capacidades le aseguran poder lograr, si los argentinos se deciden a desplegarlas con sentido democrático y con convicción en las virtudes de la economía de mercado.

El Brasil de Lula se ha mostrado pragmático en áreas de interés bilateral común. La Argentina de Milei parece dispuesta a terminar con la encerrona del Mercosur y a abrirse al mundo.

Tenemos que tomar esta oportunidad histórica para hacer primar nuestros intereses nacionales en favor de nuestro bienestar y nuestra prosperidad.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar