EDITORIAL
diario El País

Otra omisión que demuele cultura

Fotos y videos en las redes sociales están divulgando en estos días un nuevo ejemplo de desaprensión por la tradición arquitectónica y urbanística de nuestra ciudad.

Ahora le toca a la residencia Castellanos, una hermosa casa creada por los arquitectos Boix y Terra Arocena a principios del siglo XX en pleno Pocitos: en Roque Graseras y Bulevar España.

Con la previsible intención de construir un edificio de apartamentos, esta mansión señorial entró en proceso de demolición, a poco más de un año de cumplido el plazo de una medida de protección cautelar, dispuesta por la autoridad departamental en 2018.

La historia del edificio de Assimakos se repite: aquella propiedad, ubicada en la intersección de Avenida Italia y Solís de Mataojo, y caracterizada por una hermosa cúpula y un frontispicio creativamente tallado de modo artesanal, se convirtió en polvo en apenas cuatro días, entre un jueves y un domingo del año 2014. La empresa que perpetró ese culturicidio pagó una modesta multa y a nadie más importó el tema.

En 2017, el entonces intendente Daniel Martínez demostró sensibilidad al impedir que el castillito de la confitería Cantegrill de 21 de Setiembre y Williman, obra del legendario Humberto Pittamiglio, corriera la misma suerte.

Es preocupante este empobrecimiento del debate cultural, siempre subordinado a las adhesiones ideológicas y nunca al análisis objetivo de los hechos.

Si bien la solución arquitectónica es harto discutible (se mantuvo la fachada del castillo pero se erigió detrás un edificio cuyo diseño no pega ni con cola), al menos la inspiración de Pittamiglio permanece, como nota felizmente discordante en un desarrollo urbanístico plagado de estructuras rectangulares sin alma.

Ahora, la peor historia se repite. La organización de la sociedad civil Patrimonio Activo denuncia la demolición de la residencia Castellanos que, si bien está ajustada a derecho, por el vencimiento del plazo asignado a su protección cautelar, deja en evidencia una omisión de la administración Cosse.

En declaraciones a Montevideo Portal, el presidente del colectivo citado, Eric Shaffner, ha sido contundente al respecto: "una vez más nos enfrentamos a la demolición de un bien patrimonial por argumentos administrativos e ineficiencia de la Unidad de Patrimonio de la Intendencia”. En un comunicado hecho público en las últimas horas, la organización solicita nuevamente a la Intendencia capitalina "que obre a favor de los intereses y el derecho de la ciudadanía a conservar este recurso que es de todos y que el país necesita. Montevideo continúa perdiendo su historia y su belleza para convertirse en una ciudad anónima, sin valores que la distingan. El momento de tomar acción es ahora”.

El asunto preocupa también al presidente de la Comisión de Patrimonio del MEC, William Rey Ashfield, que en más de una oportunidad se ha declarado enemigo acérrimo de estos atentados, al punto de haber enfrentado judicialmente a la multinacional que barrió con el Hotel San Rafael en Punta del Este.

Mientras tanto, la intendenta Cosse pasa por alto estos graves ataques a la tradición urbanística y se complace en transmitir por Facebook la inauguración de una feria de plantitas en la explanada municipal. Pero no es la única omisa en este punto. Una tuitera que comenta la realidad con ingenio, bajo el nick de Interés general, ha escrito ayer: "la Facultad de Arquitectura, ¿no opina?". Tiene razón: vaya si llama la atención que el Instituto de Historia de esa casa de estudios nada diga de tan grave pérdida para el paisaje urbano.

Son los mismos que vociferaron su indignación ante el mural en una pa-red lateral del IPA, en homenaje a su fundador Antonio Grompone, pero omitieron toda denuncia contra los grafitis politiqueros que enchastran la fachada del mismo edificio. ¿Será mucho pedir que, como integrantes de la Academia, no subordinen el celo profesional al origen político-partidario de quien se equivoca? Si como bien han dicho, la arquitectura "no es un lienzo", ¿están dispuestos a callar cuando se la quiere reemplazar por un edificio tipo caja de zapatos?

Es preocupante este empobrecimiento del debate cultural, siempre subordinado a las adhesiones ideológicas y nunca al análisis objetivo de los hechos. Este no es otro ejemplo de aquel entrañable verso de la Troupe Ateniense que refería a "la piqueta fatal del progreso", porque no hay progreso si se traicionan y avasallan los activos culturales de la comunidad. Y es la autoridad departamental quien debe velar para que los intereses comerciales no se lleven puesta la identidad urbanística de nuestra castigada ciudad.

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