Publicidad

Menos de 100 días

Compartir esta noticia

A menos de 100 días de las elecciones internas que se realizarán el 30 de junio para definir los candidatos a presidente de los principales partidos políticos, el tema no parece ser asunto de mayor preocupación o conversación por parte de los uruguayos. En parte por la creciente despolitización de la población, hecho por lo demás muy común en todo el mundo, y en parte porque no parece haber grandes temas en disputa: ante la ausencia del debate de ideas, podemos estar cayendo en un sopor cuyas consecuencias no terminamos de vislumbrar.

En materia de encuestas a esta altura del partido hay para todos los gustos. Las hay que dan un amplio favoritismo al Frente Amplio, otras que dan un empate técnico que presagia una elección muy cerrada, y también las que dan arriba a la Coalición Republicana por varios cuerpos. Dado este panorama es mejor ser cauto respecto a qué puede ocurrir el último domingo de noviembre, pero en todo caso lo más probable es que tengamos un clima de elección abierta en los próximos meses. En otras palabras, el desinterés por el proceso electoral no puede basarse en la previsibilidad de su desenlace, más bien a la falta de preocupación por el resultado.

En materia de internas parece que también tenemos una porción muy chica del electorado embanderada con alguno de los presidenciables, lo cual también es bastante lógico en términos internacionales y de nuestra propia historia reciente. Seguramente al acercarnos más al día de la elección el calor aumente, pero hay algunos aspectos que seguramente están jugando en contra, en los que vale la pena detenerse.

Uno central es que el tipo de debates y campañas, en términos genéricos más allá de esfuerzos puntuales, tiende a alejar a la gente de la política. Las noticias que acaparan los medios suelen ser del tipo el candidato A dijo que el candidato B (o su partido) es feo, a lo que le sigue una nota sobre que el candidato B “salió al cruce” del candidato A y le dijo que más feo será él (o su partido) y la secuencia sigue en un loop insoportable. Es evidente que a nadie le entretiene este tipo de campaña en que lo único que se aprecia es a políticos hablándose (o tiroteándose) entre ellos, hablando de temas que solo les interesan a ellos, mientras los problemas de las personas que andan y arden en las calles no pasan ni cerca de esos intercambios.

Incluso cuando los debates no pasan por el intercambio de epítetos los políticos suelen tender a hablar sobre temas de mecánica electoral que tampoco son de interés de la gente. Las posibles alianzas entre grupos, el armado de las listas, el funcionamiento de las estructuras partidarias y un largo etcétera que deleitan a los liderazgos más tradicionales son asuntos que al común de los mortales no solo no les interesan, sino que directamente los aburren o los desprecian. Estamos viendo intentos de conectar con la gente vía redes sociales mostrando a los distintos candidatos de todos los partidos como si fueran seres humanos, lo que puede ser interesante en términos de acercarlo a las personas comunes, pero la línea es fina en estos casos en-tre un golazo de populari- dad y hacer un enorme ri- dículo.

El amable lector podrá argumentar que los programas de gobierno y las propuestas de los candidatos no son temas que acaparen la atención del público, más aún, suele ser bastante cierto que nadie lee los volúmenes que preparan los técnicos de los candidatos ni suelen levantar clics en las redes sociales las presentaciones de propuestas, pero estamos tanto ante un problema de oferta como de demanda. Los políticos parecen no ofrecer lo que la gente demanda, encerrando a todo el debate público en una siniestra concatenación de ecos de ataques distantes entre los participantes.

¿Qué se puede hacer para romper con esta inercia? No es sencillo para políticos con poco tiempo y una elección a la vuelta de la esquina, pero parte de la solución serían que más candidatos se dedicaran a hablar de ideas y menos de los otros candidatos. Como sabemos mucha veces es la oferta la que genera su propia demanda y esto puede comenzar a ocurrir si empieza a existir una masa crítica que permita el debate civilizado sobre los temas de fondo que nos merecemos discutir como sociedad.

También como ciudadanos cada uno de nosotros puede ayudar a romper con este loop demandando y consumiendo las noticias sobre lo que importa antes que sobre lo que alguien opinó de lo que otro dijo.

En definitiva, todos respondemos a incentivos y si hay demanda por contenidos habrá políticos que los brinden.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar

Publicidad

Publicidad