En España no se habla de otra cosa. La crisis política y de gobernabilidad que vive el país desde hace tiempo, ha cobrado un nuevo impulso, que amenaza poner fin por anticipado al gobierno del socialista Pedro Sánchez. Aunque el gobernante de izquierda, haciendo gala de un nivel de inmunidad ante el papelón realmente envidiable, parece aferrarse al poder a pesar de todo. Y a que sus socios de partidos separatistas, cada día le cobran más caro, a él y a España en su conjunto, el apoyo que le permite seguir apoltronado en el palacio de la Moncloa.
Las revelaciones de las últimas horas, probablemente le hubieran costado el cargo a cualquier otro dirigente de un país democrático más o menos serio. Un informe realizado por la policía española, da cuenta de que dos de los principales asesores de Sánchez, los dos últimos jerarcas de organización del Partido Socialista, tenían montada una estructura corrupta, que conseguía beneficios a empresas a cambio de suculentas coimas en metálico.
No sólo eso, sino que en la serie de audios que la policía descubrió, y viene difundiendo la prensa como si fuera una telenovela, estos personajes se jactaban de una vida de excesos, fiestas, comilonas, y prostitutas, pagadas con dinero corrupto, o incluso con suculentos cargos en oficinas estatales.
Esto viniendo de un partido que incluso en los últimos años había planteado prohibir la prostitución en España. Y uno de cuyos portavoces en ese mismo momento, es el mismo que aparece ahora en varios audios, coordinando con su “socio” de tropelías, si ese fin de semana lo compartiría con una meretriz colombiana u otra de origen menos exótico.
Entre las denuncias que hoy conmueven a la madre patria, figura que esta estructura corrupta se aprovechó incluso de la reciente pandemia, para hacer negocios millonarios con las compras de productos médicos. O para fraguar elecciones en provincias, donde según los audios se las ingeniaban para poner en las urnas más papeletas de las que debían, para asegurarse la victoria de su jefe, el hoy presidente Sánchez.
El mismo presidente, acosado por este escándalo, ha salido con su mejor cara de “yo no tengo nada que ver”, a desmentir cualquier participación en el esquema corrupto. Ha prometido una investigación transparente, y ha dicho que renunciar y dejar su cargo (cosa que haría cualquier político con un mínimo de decencia) sería una “irresponsabilidad”. Eso porque sabe que en caso de un adelanto de las elecciones, lo más probable es que gane la oposición del Partido Popular. O sea, se atribuye una especie de derecho superior de saber mejor que el electorado, lo que es positivo para su país. ¡Asombroso!
Pero casi más impactante que eso, es que Sánchez niega haber estado al tanto de nada de lo que ha pasado. Pese a que en tiempos en que había sido defenestrado por su propio partido, recorría el país en un modesto vehículo, acompañado justamente por quienes hoy están camino a un juicio, y probablemente la cárcel.
Otro detalle es el manejo mediático que Sánchez y su partido vienen haciendo. Ha cooptado los canales públicos de TV, la empresa pública de encuestas, y hasta la prensa de izquierda, de forma que nadie se anima a criticarlo. Incluso ha logrado imponer una narrativa por la cual la culpa de la corrupción no sería de los políticos venales, sino de los malísimos empresarios que los instigaron a cometer esos delitos.
Más allá de las polémicas en España, y del morbo que esto genera en quienes siguen esas noticias, es importante marcar algunas cosas que se vinculan con Uruguay.
Por ejemplo, hace pocos meses, nuestro presidente Orsi fue especialmente a España a sacarse una foto con Sánchez, quien es un referente para muchos políticos del Frente Amplio. Dejando a la vista una decadencia ideológica y moral, que los ha llevado de seguir a alguien con el nivel de Felipe González, a dejarse seducir por alguien como el presidente español actual.
Pero también hay que valorar la forma en que Sánchez ha construido su poder, y su impunidad en España. Apelando a los peores sentimientos del electorado, al miedo a un cuco llamado “ultraderecha”, que justificaría todos sus pecados, con tal de no dar paso a una alternancia. Y a un manejo de la comunicación y el relato, capaz de justificar hasta las cosas más insólitas, en función de una superioridad moral de izquierda, que le permite cometer casi cualquier acción, si sirve para aferrarse al poder. El modelo hace escuela, y hay que estar muy atento por estas costas.