¿Hay dos modelos de país?

La apatía con la que los partidos de oposición van iniciando su tarea a medida que el Frente Amplio (FA) va disponiendo de sus elencos de gobierno para aprestarse a ejercer el poder, dista mucho del énfasis aguerrido con el que la izquierda, desde el verano mismo de 2020, enfrentó a la administración Lacalle Pou.

Estas actitudes diferentes se ilustran con algunos ejemplos concretos. Mientras que hace cinco años el FA en la oposición no cesaba de calificar de gobierno de derecha y de extrema derecha con alineamientos golpistas a la administración coalicionista, y preparaba con sus socios sindicales paros de actividades para oponerse a cualquier reforma de envergadura -ya en la primera semana de marzo hubo un paro en educación-, el Partido Nacional, principal partido opositor al gobierno del FA que asumirá el 1° de marzo, definió hace poco que no renovará sus autoridades hasta tanto no ocurran las elecciones departamentales de mayo. Esto quiere decir que durante sus dos primeros meses el gobierno de Orsi no tendrá un interlocutor partidario legitimado y con un mandato político opositor claro.

Un segundo ejemplo contundente es que la llamada Coalición Republicana (CR) no logra definir instancias de coordinaciones comunes que dejen pensar que habrá una tarea organizada y eficiente de oposición al gobierno de Orsi.

Por un lado, de cara a las elecciones municipales hay departamentos en los que las miopías locales terminaron siendo más importantes que cualquier otra cosa, y la CR no solamente concurrirá dividida a los comicios de mayo, sino que correrá serio riesgo de perderlos a manos de los candidatos del FA. Por otro lado, tal parece que cada sector y liderazgo nacional se posicionará con su propio manualcito frente al gobierno de Orsi, con matices y diferencias frente a otros sectores partidarios, de manera de simplificarle al imponente aparato oficialista de izquierda la implementación del viejo principio “divide y reinarás”.

Detrás de esta apatía de los que integran la CR se disimula una pregunta clave: ¿acaso no perciben, entienden, sienten y definen que existen dos modelos de país distintos a ser llevados adelante? Es decir, ¿acaso realmente daba lo mismo que ganara el FA o la CR en la primavera pasada? La verdad es que apenas se vieron los elencos definidos para el gobierno de Orsi, quedaron claras las diferencias con el signo del gobierno de la CR: por poner un ejemplo bien claro, no es lo mismo tener a Castillo de ministro de Trabajo y Seguridad Social que a Mieres. Pero entonces, ¿cómo es posible que los partidos de la CR muestren esta apatía consternadora?

Es claro que hay dos modelos de país. Y no se trata de cuestiones solamente partidistas: lo definió la gente votando en el plebiscito de la reforma de la seguridad social.

Aquellos que votaron la papeleta blanca, en el eje del 40%, tienen una forma de pensar la economía, las restricciones presupuestarias, la responsabilidad hacia las nuevas generaciones y las posibilidades de desarrollo del país, que es muy diferente a quienes en un 60% del total entienden que debe conducirse el futuro nacional.

Es claro, también, que ese parteaguas se verifica dentro del FA: si bien la mayoría de sus votantes apoyaron la papeleta blanca, hubo miles que dieron su voto a la izquierda, pero prefirieron mantener la reforma de la seguridad social aprobada bajo la administración Lacalle Pou.

Así las cosas, corresponde a la sensibilidad política de la CR darse cuenta de que no solamente debe defender un camino de crecimiento que es evidentemente distinto al que promueve el FA -de vuelta, la imagen Castillo-Mieres es elocuente-, sino que precisa combatir con energía en favor de esa amplia mayoría reflejada en los resultados del plebiscito de la papeleta blanca de octubre pasado.

Nadie espera que los partidos de la CR conduzcan una oposición desmelenada e irresponsable, que por ejemplo esté promoviendo la censura de un ministro a las dos semanas de haber llegado Orsi al poder. Pero tampoco es bueno que mientras la nueva administración da sus primeros pasos haya una oposición completamente distraída de sus cometidos, sin figuras claras y legitimadas que las lideren, sin coordinación fina entre sus partidos, y sin una estrategia política y electoral para los próximos tiempos.

Porque una oposición tan desdeñosa lo que está mostrando, en verdad, es que no es capaz de asumir la representación del modelo de desarrollo y crecimiento que prefiere la mitad del país que no es frenteamplista.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar