Extraterritorialidad moral

HACE casi 46 años que Fidel Castro detenta el poder en Cuba, luego de que su revolución exitosa expulsara de la isla al presidente-dictador sargento Batista. Al principio, la revolución castrista enarboló la bandera de la democracia —proclamó que restituiría la constitución de 1940, cosa que no cumplió pues se declaró marxista leninista— y, desde entonces, una y otra vez, Fidel Castro fue designado Presidente de un país que no conoce el pluripartidismo, ni practica ninguna de las libertades corrientes ni se interesa por los derechos humanos.

Aun así, Fidel Castro goza de una injustificada adhesión por parte de muchos países democráticos, al punto tal que es muy débil e inestable el bando mayoritario que condena en las Naciones Unidas sus reiteradas violaciones a aquellos principios. Es incomprensible pero es así.

Más allá de las voces oficiales hay otras que representan a los que sufren su despotismo, que suenan desde las mazmorras donde languidecen los presos políticos, los que sólo cometieron el delito de discrepar con el régimen aspirando a vivir en libertad.

ERNESTO Díaz Rodríguez, nacido en 1939, pescador en su isla y poeta clandestino en las cárceles del fidelato, fue condenado a 15 años de prisión —que luego se extendieron a 40— por "conspirar contra el Estado" detrás de las rejas. Allí escribió, en 1981, un librito de unas 130 páginas, de 66 por 62 milímetros, con poemas dedicados a los niños, especialmente a su hijo. Salvado milagrosamente de las sistemáticas requisas carcelarias, fue editado posteriormente (1984) en España, en su versión original, en letras manuscritas de imprenta. Sus versos son tiernos y etéreos, no obstante la condición de su autor, un hombre aislado, incomunicado y enfermo, que habla "en tiempos de óxido y de olvido", como él mismo expresa al dedicar su obra a su hermano Rodolfo, desde la prisión de Boniato. Oigamos algunos fragmentos de sus silenciosos clamores, que muy bien podrían recoger quienes gozan de la libertad sin comprender su significado:

El soldadito: Ronda de música herida/ es la ronda de la cárcel/ ronda de sol y de olvido/ ronda de niños sin parque.

ALAS: Alas de lirio/ tienen los niños/ alas azules/ tienen los mares/ Pero los hijos de los cautivos.../ ¡¿de qué colores/ tienen las alas?!

Prefiero callar: Si quiero cantar/ lo que ven mis ojos.../ lo que oprime el pecho/ ¿crees que iba a perder/ un solo instante/ buscando del mundo/ las cosas más bellas/ para hacer mis versos?/ ¡Prefiero callar!

El pequeñuelo: Si un niño quiere/ que tú le cuentes/ lo que es la vida/ de un prisionero/ Canta una copla/ inventa un juego.../ Pero no digas/ a un pequeñuelo/ lo que es la vida/ de un prisionero.

El de Ernesto Díaz no es un caso aislado: hay miles similares, aunque no todos sean poetas, periodistas, intelectuales, pescadores u hombres de la calle.

Blanca Reyes, esposa del encarcelado poeta Raúl Rivero, ha dirigido una carta a los Presidentes reunidos en la Cumbre Iberoamericana, en San José de Costa Rica.

EN ella denuncia que esas víctimas del castrismo no son viles mercenarios de nadie sino que son hombres sensibles y patriotas que sólo piden cambios democráticos. Rivero, Premio Mundial de la Unesco a la Libertad de Prensa, cumple una condena de 20 años. Es otro disidente más, castigado por decir lo que piensa.

Su esposa añade en su misiva: "Ahora tratan de desacreditarlo moralmente ante la opinión pública mundial inventándole un expediente de maltratador de mujeres". (¡Qué curioso! Algo muy parecido a esta sucia calumnia conoció la reciente campaña electoral uruguaya respecto al presidenciable nacionalista...). La Sra. de Rivero expresa en su carta que se está en presencia de "un diseño salido de las estructuras de la médula gris de los más destacados acólitos del estalinismo". Y, finalmente, clama: "Excelencias: no dejen de exigir al régimen cubano la libertad de Raúl y de todos los que, como él, solamente desean una patria y una vida mejor".

NO hay noticias de que la Cumbre Iberoamericana se haya expedido sobre el particular. Al parecer, Cuba goza de una especie de extraterritorialidad moral y está por encima del bien y del mal.

Con un régimen de estas características, el nuevo gobierno que tendrá nuestro país —así se asegura— reanudará las relaciones diplomáticas. Obviamente, Fidel Castro será invitado al acto de asunción presidencial. Pensamos que lo hará a título particular. Pero, horas después, el nuevo Presidente renovará los vínculos oficiales e intercambiará embajadores con el presidente vitalicio de Cuba.

No nos honrará para nada hospedar como a un igual a quien es el responsable directo de tanta muerte y exilio y de tantas cárceles —"las más inmundas y crueles que puedan existir en el mundo", B.R. de R.— donde yacen egregios representantes de un pueblo que, como el cubano, no merece esa suerte.

Por siempre Wilson

A pesar de tanto que se ha dicho y escrito sobre él, mantenemos una gran deuda con la memoria del último gran caudillo uruguayo. Aún no disponemos de una biografía seria y completa sobre Wilson Ferreira Aldunate, que haga justicia con su vida personal, su trayectoria política, su protagonismo en la lucha contra la dictadura militar, y su pensamiento de avanzada para la época en la que le tocó vivir. Seguramente no será por falta de información ni de testimonios de primer nivel. Quizás abrume un poco el carisma y la magnitud de su figura, actuando como un factor de postergación en la iniciación del proyecto. Pero lo cierto es que una obra capaz de presentar —en su total magnitud y sin deformaciones— a los jóvenes de hoy y los que vendrán, a un personaje nacional de la estatura de Wilson, sigue sin ver la luz. Tal vez este trabajo ya esté en marcha. De no ser así creemos que es hora de que algunos de los excelentes investigadores y escritores nacionales encaren el desafío.

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