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El turismo como prioridad

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Si bien por un lado se van calentando los motores de la campaña, por otro se difunden datos y cifras que explican el funcionamiento de nuestro país y que merecen una reflexión. Uno de ellos es el referido a la actividad turística, esa que mueve gente, estimula emprendimientos, deja dinero y genera genuinos puestos de trabajo.

Hace unos días se dieron a conocer cifras de cómo fue la actividad en estos primeros cuatro meses del año. Interesa analizarlas porque miden lo ocurrido en un verano que no fue excepcionalmente bueno a causa de la crisis que vive Argentina, crisis que se prolonga desde hace unos años. Para colmo, en 2023 se dio la situación inversa: fueron muchos los uruguayos que viajaron a Argentina, tanto para pasear como para hacer compras dado lo increíblemente barato que era todo. Esa situación hoy cambió.

Una primera reflexión es que hay ya un piso establecido respecto al turismo. Habrá mejores o peores temporadas, según cómo estén las cosas del otro lado de nuestras fronteras, pero quedó fijado un movimiento mínimo que siempre se mantiene. Eso es una buena señal, porque implica que se pueden diseñar estrategias turísticas básicas que van más allá de las oscilaciones.

En los primeros cuatro meses del año, los turistas dejaron 711 millones de dólares, según la información manejada por el Observatorio de Turismo Inteligente del Ministerio de Turismo. Entraron al país 1.134.100 visitantes, la mayoría argentinos y uruguayos no residentes. También brasileños y en menor número gente del resto de América y europeos.

Para quienes siguen el tema turístico, hay un número casi perfecto, de cual debería ser el ingreso anual: 3 millones y medio de turistas, el equivalente a la población del país. Suele usarse ese medidor porque es lo que pasa año a año, con leves variaciones, en España, un país turístico de gran peso: entran algo más de 40 millones de personas al año, un número similar a su población.

Según el Observatorio Turístico, 35% de lo gastado por los turistas se vuelca a alojamiento (hoteles, alquiler de viviendas, campings), 29% a alimentos, 12% se va en cultura y recreación, 10% en compras, 8% en transporte y 0,22% en tours. El lugar más visitado y donde se gasta más, es Punta del Este. Le sigue Montevideo, Piriápolis y el resto se distribuye entre Rocha, las termas y Colonia. Esta última tiene más visitantes que Piriápolis, pero se gasta menos.

Colonia es un fenómeno particular. Recibe visitantes europeos, por lo general en paquetes vinculados a Argentina, no a Uruguay. Desde Buenos Aires hacen su visita de un solo día. Llegan de mañana en barco, recorren, almuerzan, compran, a veces cenan y luego regresan a Buenos Aires.

Este es un aspecto interesante en la evolución del turismo: la diversidad de modalidades. A ellas se suman los cruceros, los que hacen recorridas de viñedos, las excursiones de caza y hasta no falta el que se escapa del circuito para visitar, fascinado, el frigorífico Anglo de Fray Bentos, transformado en museo.

Son rendijas que se abren para ir pensando a futuro.

Asimismo, el surgimiento de alojamientos cómodos y abrigados en zonas del interior, alienta un turismo por fuera de la temporada veraniega. Esto tiene impacto a nivel interno, pero de mantenerse, puede abrir nuevas alternativas en el futuro.

Si bien Montevideo es un destino abierto todo el año, podría ser mejor explotado. No hay multitudes que visitan la capital del país como ocurre con Buenos Aires. No es que no haya cosas para mostrar, pero la desidia, el mal gusto, el descuido, la suciedad no la hacen atractiva.

Con el turismo de cruceros, muchos turistas bajan por unas horas, recorren, gastan y se van. Cuando regresan a sus hogares hablan de la esperanza de volver. Cada crucero es una puerta abierta para nuevas exploraciones.

Al turista le gusta ser atendido, que le allanen el camino y si bien también aquí la tecnología se ocupa de hacer tareas automatizadas, sigue siendo una actividad que genera empleo genuino. Es zafral, pero es real. Y con el tiempo esa zafra corta e intensa, empieza a extenderse en minizafras a lo largo del año que si son bien manejadas pueden dar óptimos resultados.

En tiempos que partidos y candidatos proponen sus programas, el desarrollo y profesionalización del turismo deberían estar entre las prioridades.

Deja enormes beneficios al país, lo obliga a ser competitivo y ofrece oportunidades diversas de trabajo, todo lo cual suma en mejor calidad de vida para sus habitantes.

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