La crisis que afecta el país no sólo tiene que ver con cuestiones económicas, debidas a responsabilidades propias y ajenas, sino que también está vinculada a cuestiones más profundas, que por haber sido sistemáticamente ignoradas terminaron invadiendo todas las esferas. Ellas están referidas al deterioro de los valores morales de la sociedad, que formaron parte de un Uruguay no muy lejano y que hoy se hace imprescindible rescatar en defensa de un futuro mejor para todos y como otro elemento a tener en cuenta en las tareas de recuperación nacional. Por esa razón no puede pasar desapercibido ante la ciudadanía de todas las clases sociales, el interés declarado por el Partido Nacional en su Programa de Gobierno para el próximo período y la expresa mención que se hace a ese problema como otro de los instrumentos para rescatar un mejor futuro de la Nación.
Ellos inciden y están vinculados con las demás cuestiones por las que hoy se reclama en todo el país, ya sean los que tienen que ver con la inseguridad ciudadana, la violencia doméstica, el consumo de drogas y el auge de la delincuencia y que se han extendido incluso a casos de violencia escolar, de estafa a los ancianos, de ataques a las escuelas y de agresión sistemática a la mujer en las rapiñas, que son incluso tiradas en el suelo y golpeadas para robarles una cartera, en una sucesión de ejemplos diarios que parece no tener fin.
Debe reconocerse en ese fenómeno una gran cuota de responsabilidad al deterioro de la noción de familia, como unidad esencial, y el de respeto a los mayores, en los que no son ajenos la enseñanza, tanto a nivel escolar como media y una práctica asistencial que no exige responsabilidades ni una contrapartida de trabajo, ignorando que junto a los derechos hay también obligaciones que asumir.
Lo que se observa hoy en el Uruguay colectivo no forma parte de nuestra tradición, es un fenómeno extraño y ajeno, y el argumento al que se está recurriendo como justificativo, carece de todo fundamento. En ese sentido, un candidato trata de disimular su incidencia expresando que en otros países la situación es peor que en el nuestro, lo que no deja de ser, como mal de muchos, consuelo de tontos y en donde lo que importa realmente, es que hoy nos está afectando a nosotros y que es a nosotros a quienes se debe defender.
La tarea, además, debe asumirse como una obligación constitucional, en cuanto el artículo 40 de la Carta establece de manera expresa que la familia es la base de nuestra sociedad y que el Estado deberá velar por su estabilidad moral y material para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad, agregando el artículo 71 que en todas las instituciones docentes se atenderá especialmente la formación del carácter moral y cívico de los alumnos.
El único Partido que ha incorporado ese punto dentro de su Programa es el Partido Nacional, donde se incluye también el desarrollo de políticas de género centradas en la dignidad de la mujer y ello debe destacarse especialmente como el reflejo de un sentimiento colectivo que ha sido recogido dentro de sus propósitos fundamentales. Se trata de una tarea larga y dificultosa pero no imposible, y en favor de ella deberán contribuir todas las demás fuerzas vivas del país e incluso los habitantes individualmente considerados, en la cual nadie podrá invocar prescindencia, que cuenta además con el raro atributo de incidir en parte de la solución de todos los otros males que nos afectan. Hay antecedentes que deberán rescatarse como los que obran en el Codicen, en un informe preparado en diciembre del 2001 por una Comisión encargada precisamente de implementar un sistema de educación en valores, que se concretaron en un anteproyecto de referencia para la discusión de sus conclusiones, el cual se puso en práctica con carácter experimental en sólo cuarenta instituciones y que deberá rescatarse para mejorarlo y difundirlo.
Dentro de todo lo que hay para hacer, pocas tareas serán tan nobles como ésta, ya que son de largo alcance y sus efectos se extenderán a varias generaciones, de la misma manera que varias generaciones se formaron al amparo de sus efectos. Deberá ser también una de las primeras en asumir, por la necesidad de coordinar acciones, el tiempo que demanda el comprobar sus resultados y el carácter ineludible de las mismas.