El Frente que se viene

A contrapelo del clima de este enero, se viene un frente frío. Pero no se trata de una predicción meteorológica: nos referimos al Frente Amplio, una coalición de sectores de izquierda, que está mutando a un radicalismo más propio de los años 60 que de la realidad actual.

Lo dijo el secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, entrevistado ayer por Búsqueda: en el último congreso de definición programática “se generaron cambios importantes al documento de base. Hubo avances y surge un programa transformador, que no es una repetición de los del FA del ciclo anterior; para nosotros eso era clave. Partimos del diagnóstico y la base de que no se trata de repetir los 15 años de gobierno del Frente, sino de construir una propuesta de cambios estructurales que transformen las relaciones de poder en el Uruguay”. “Profundizar (…), en el sentido de que se transforme de una manera más clara la realidad, no es hacer lo mismo, sino algo diferente”, agregó, por si no había quedado claro que el desempeño macroeconómico garantizado por Danilo Astori, así como la previsibilidad del sistema jubilatorio, serán para este nuevo FA meros vestigios del pasado.

El de Civila no fue el único anuncio en tal sentido. A raíz de los despidos en PedidosYa, el diputado frenteamplista Daniel Gerhard inauguró una nueva manera de entender los incentivos al emprededurismo y las exoneraciones fiscales: “Acá tenemos una empresa que en mayo de 2022 recibió apoyos del Estado. La OPP aprobó una exoneración para que esta empresa lograra desarrollarse y aumentara el empleo. Queremos estudiar cuáles eran las contrapartidas”, expresó. Pero fue aún más allá: “El desarrollo de PedidosYa lo pagamos por partida doble, porque, además, el origen de la empresa fue a través de un emprendimiento de dos estudiantes universitarios con el apoyo de la ANII”.

Los inventores del FONDES y las “velitas encendidas al socialismo”, que sostuvieron artificialmente ilusiones inviables con recursos públicos, ahora exigen a un gran emprendimiento nacional, generador de riqueza y empleo que, por haber usufructuado de incentivos y exoneraciones legítimas, otorgue una “contrapartida” restrictiva de su libertad de gestión. Es una perla más en el collar de la cita de Gonzalo Civila, referida al principio: el FA de hoy pone en jaque una libertad de mercado que el astorismo de algún modo había garantizado -más allá de errores- en las administraciones pasadas.

Y si faltaba un ejemplo de esta evidencia, allí estuvo la gaffe cometida por el autodesignado heredero político del propio Astori, el senador y precandidato Mario Bergara, con su tuit insultante de los sobrevivientes de los Andes.

Está claro que en la red social X (antes, Twitter) muchos políticos y opinólogos se van de boca. Algunos intentan borrar el rastro de sus resbalones y otros, como Bergara, optan por pedir las disculpas que corresponden. Pero nada logra acallar que esa generalización despectiva hacia “los muchachos de élite”, que para él “sin embargo” merecen reconocimiento, es un sinceramiento de los prejuicios clasistas que están enquistados en el FA actual y que incluso sus dirigentes más moderados se muestran incapaces de ocultar.

En la ideología obsoleta, que nubla sus opiniones y se impregna en sus decisiones políticas, todavía no han logrado explicar cómo algunas inversiones privadas merecen exoneración y otras no y de qué manera coexisten la promoción del empleo y el ataque permanente hacia quienes lo producen y multiplican.

Tan crítica es esta degradación conceptual que hasta el propio Mujica salió a dar mandobles que solo pueden interpretarse como una advertencia desesperada a su propia interna. De golpe, propuso “hacer saltar el PBI, multiplicar la capacidad exportadora, sacudir las empresas públicas y salir de la fiesta burocrática”.

Tan repentino ataque de liberalismo hace sospechar que el veterano dirigente lanza un mea culpa por los despilfarros perpetrados en ANCAP, PLUNA, el Fondes, la regasificadora y el Antel Arena. “Soy un librepensador”, se autodefinió para sorpresa de todos: “Creo que el sistema político no debe gobernar las empresas públicas, hay que poner una dirección profesional y buscar mecanismos que comprometan el interés y el bolsillo de los que trabajan ahí. En este mundo, necesitamos premio y castigo, un poquito. Y tenemos que cambiar esa óptica, nuestros bisabuelos nos dejaron una fortuna: el valor que tienen esas empresas públicas”. Debe de estar preocupado, preguntandose en qué manos frenteamplistas deja ese valioso legado.

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