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El antisemitismo universitario

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La semana pasada nos desayunamos con que la ola de antisemitismo que se expande por el mundo con particular virulencia en las universidades del primer mundo tenía sus impactos en Uruguay. Seguramente no es que haya un surgimiento novedoso del asunto, sino que quienes siempre fueron antisemitas como los comunistas y sus similares de la izquierda radical que todo lo entreveran con el capitalismo, el neoliberalismo y el imperialismo, se sienten envalentonados por el nuevo espíritu de nuestro tiempo.

En las últimas semanas hemos visto varios campus universitarios, fundamentalmente en los Estados Unidos, tomados por campamentos pro Hamás, vale decir, en apoyo a un grupo terrorista que se dedica a atacar a un Estado democrático con el objetivo explícito de exterminarlo. Sabemos por diversas investigaciones periodísticas que están bien financiados con millones de dólares, y nada de lo que está ocurriendo es por idealismo equivocado y naif; el antisemitismo siempre ha tenido entusiastas apoyos.

Esta oleada que se desencadenó a partir del criminal ataque de Hamás contra población civil en Israel, con tremendas consecuencias en número de víctimas asesinadas y secuestradas, trajo como consecuencia las necesarias acciones defensivas del Estado agredido. A partir de allí, desde las organizaciones que siempre han tenido un sesgo antiisraelí se comenzó una campaña en que el agredido pasó a ser el agresor, en que una organización terrorista era reivindicada como legítima y un Estado de derecho debía responder por los crímenes sufridos y los buenos pasaron a ser quienes asesinaron sin misericordia a bebés, violaron mujeres y secuestraron niños. Parece increíble y es inadmisible, pero enfrentamos esa situación desde el 7 de octubre.

Una de las consecuencias de esta situación fue una renovada ola de antisemitismo que, lamentablemente, también llegó a nuestro país. Es nítida en algunos partidos del Frente Amplio, en las tibias declaraciones oficiales de ese mismo partido, en las declaraciones antisemitas de Marcelo Abdala del acto del 1° de mayo y los comunicados de la central sindical, entre los más destacados. Desde la semana pasada también sabemos que la Universidad de la República cobija y ampara estas manifestaciones.

La doble censura sufrida por el destacado intelectual Alberto Spektorowski, primero en un curso en la Facultad de Humanidades y luego en una actividad que iba a realizarse en la Facultad de Ciencias Sociales, es el signo más visible del antisemitismo militante que existe dentro de la Universidad, pero no el único. El amedrentamiento de estudiantes judíos sin que las autoridades se animen a tomar medidas es otro problema gigantesco que ocurre a ojos vista de todo el mundo, sin que merezca ninguna reacción por parte de las autoridades universitarias. No es, por cierto, que todas las jerarquías de la Universidad y sus Facultades sean antisemitas, pero lo cierto es que se impone el terror. Y se impone porque los que deberían condenar a los repugnantes discriminadores callan por miedo o por conveniencia. La crónica de lo ocurrido en el Consejo de la Facultad de Humanidades es por demás elocuente al respecto.

“Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos” expresó hace décadas Martin Luther King, y su frase tiene una vigencia formidable. No podemos aceptar que en nuestro país se cancele a un profesor en la Universidad por ser judío y defender la existencia del Estado de Israel, como no podemos permitir que se le haga la vida imposible a algunos estudiantes judíos en algunas facultades tomadas por energúmenos co-mo la de Humanidades. Si toleramos que se persiga, amedrente y amenace a estudiantes en nuestra principal casa de estudios simplemente por ser judíos, estaremos siendo cómplices de un retroceso a un período de barbarie que parecía superado.

Tengamos claro que la discriminación y el odio deben frenarse en todos los casos y que la censura no es admisible en un centro educativo que debería fomentar los debates en vez de prohibirlos. A quien no le gusten las opiniones del profesor Spektorowski está en todo su derecho de manifestarlo, pero no tiene ningún derecho a agredirlo ni a callarlo. De las autoridades de la Facultad de Humanidades que conviven con los bárbaros de la agrupación estudiantil antisemita nada puede esperarse, pero del rector Rodrigo Arim y del Consejo Directivo Central de la Universidad de la República esperamos una pronta y contundente respuesta a estos episodios.

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