Coalición renga

A 75 días de las elecciones municipales el panorama de la Coalición Republicana (CR) en todo el país es claroscuro. Con los resultados a la vista en otoño, deberá imponerse una autocrítica eficiente y una mayor responsabilidad partidista para enfrentar el ciclo electoral 2029- 2030.

El asunto es conocido: para poder concurrir en un lema común a las elecciones municipales, se debe prever en la elección interna del año previo la comparecencia de ese lema con sus convencionales, que elegirán luego a sus posibles candidatos, quienes, a su vez, no habrán podido presentarse en esa instancia de internas como candidatos de ningún otro lema. Tanto Montevideo como Canelones y Salto lo lograron. Nadie duda de que Lema es blanco o que Malaquina es colorado, por ejemplo, pero sin embargo cada uno de ellos tomó sus recaudos en cada una de sus internas para hacer campaña en sus respectivos partidos; luego fueron candidatos al Parlamento en octubre; y ahora están pudiendo presentarse como candidatos a intendente por la CR en Montevideo y en Salto. A la vista está: no es difícil de llevar adelante.

El problema es que no se logró algo así en 16 de los 19 departamentos. El Partido Colorado (PC) solicitó hasta 2024 al Partido Nacional que se llevara adelante la CR en todas partes, pero fueron sobre todo los dirigentes blancos locales quienes, cada vez, se rehusaron a adherir a esa estrategia. El razonamiento implícito siempre fue más o menos el mismo en 15 de los 16 departamentos en cuestión: el PN tiene su fuerza propia y no precisa diluir su identidad en algo como la CR; y por tanto los colorados y el resto de los dirigentes de los partidos de la CR que quieran sumarse al lema PN para las elecciones municipales de mayo de 2025, que tomen sus propios recaudos electorales para poder ir bajo el lema PN en lo departamental.

A finales de este verano y con las votaciones de octubre y noviembre a la vista, la jugada blanca no parece haber sido en verdad la más inteligente. Quizás para departamentos muy blancos, como Cerro Largo por ejemplo, las cosas puedan funcionar bien así. Pero en otros departamentos de trayectoria blanca impecables, como Durazno y San José, se viene viendo cómo crece el voto hacia el Frente Amplio (FA) y cómo se dividió de manera mucho más pareja que antes, en octubre pasado, las preferencias entre blancos y colorados. Hay otros casos más graves para la CR: en Río Negro por ejemplo, todo el posicionamiento blanco y la evolución colorada deja como favorito para las próximas municipales, increíblemente, a la izquierda.

El problema es político. No se trata de negar las identidades de cada partido ni se trata tampoco de opacar a tal o cual liderazgo. Se trata de entender que desde la reforma constitucional de 1997 existe una lógica instalada por un sistema de reglas electorales que favorecen la polarización en torno a dos grandes bloques: por un lado la CR, por el otro el FA. Esa polarización, con el paso de los lustros, ha ido ganando espacios en los que la tradición más evidente daba como natural el triunfo departamental de los blancos, sobre todo con la caída electoral a partir de 2005 del Partido Colorado: a los casos de Durazno y San José ya mencionados, podría sumarse sobre todo Rocha, Paysandú y Río Negro, aunque también Florida y quizás Soriano, por ejemplo.

Todo este contexto va haciendo cada vez más evidente la necesidad de la CR por todas partes. Porque si al final de estas elecciones de mayo el resultado termina siendo que tanto en Paysandú como en Río Negro o Rocha, por ejemplo, el FA termina ganando las elecciones por una diferencia de votos similar a la cantidad de votos que termine recibiendo el PC en cada uno de esos departamentos: ¿acaso no será evidente que la derrota del PN en cada uno de esos lugares habrá sido la consecuencia de una pésima estrategia electoral que dejó de lado una acumulación posible entre lemas como el PN y el PC que han mostrado una fuerte afinidad política en todos estos años?

Si se verifican fracasos electorales tales que el FA termina este ciclo electoral con cinco intendencias entre sus manos, la responsabilidad de la dirigencia de la CR será evidente. En particular, lo será la ceguera estratégica local de algunos dirigentes blancos, por ser ellos quienes debieron de haber ocupado los lugares de mayor responsabilidad en este sentido, ya que naturalmente estamos hablando del partido favorito para el triunfo dentro de la CR en cada uno de esos departamentos. Con los resultados concretos de mayo se verá todo más claro.

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