Cerrar el pórtland de Ancap

El proyecto de ley de tres diputados colorados presentado en su Cámara para que Ancap deje de producir pórtland no puede pasar desapercibido. Es una herramienta válida para lograr el consenso interpartidario necesario como para terminar con esta pérdida constante que tanto daña las cuentas del país.

El proyecto tiene dos grandes virtudes que lo hacen muy viable para el alma estatista y de reflejos lentos del sistema político uruguayo. En primer lugar, refiere a que el plazo para que Ancap deje de fabricar pórtland es de un año a partir de promulgada la ley. Es decir, no se trata de un corte tajante. Se deja un lapso prudencial para generar una transición, pero al mismo tiempo se fija inexorablemente el cierre de esa producción tan ineficiente. Nadie podrá verse sorprendido cuando eso ocurra, y todo el mundo habrá podido tomar sus recaudos durante un lapso suficientemente largo.

En segundo lugar, el proyecto se preocupa por la suerte de los funcionarios. No es novedad que han sido ellos, sobre todo, los que han impedido cualquier cambio en un sentido de racionalidad y racionalización de esa producción de Ancap. En definitiva, por culpa de intereses particulares en defensa de sus puestos de trabajos, tan aventajados con relación a los de tantos miles de uruguayos, nada se ha logrado para cambiar esta situación tan dramática para la empresa, el Estado y el país productivo. Pues bien, atendiendo a esa realidad, el proyecto prevé que los funcionarios de Ancap que se desempeñan en las tareas que se suprimen serán redistribuidos dentro del propio ente de acuerdo con las necesidades del servicio y al perfil del funcionario.

Se trata de una maravilla que no pone en tela de juicio la fuente de trabajo permanente que es Ancap. Simplemente, promueve una redistribución. Y para el caso en que ella fracasase, esos funcionarios serán declarados excedentes. Esa nómina será entonces ofrecida a la Administración Central, al Poder Judicial y al resto de los entes autónomos y servicios descentralizados. O sea: no pierden el trabajo en ningún escenario, y si realmente no pueden ser tomados en otras dependencias de Ancap deberán ingresar a otros organismos del Estado.

Pero hay más con tal de lograr concretar el cierre del pórtland de Ancap. El proyecto, en efecto, prevé que “tanto el pasaje a excedente como la redistribución de los funcionarios no podrá afectar sus derechos adquiridos”. Es decir, nada podrá perturbar el conjunto de tantos beneficios que por años han caracterizado a estos trabajadores de Ancap. Y todo será hecho, además, con el tiempo de un año para que todo el mundo tenga tiempo sobrado para poder reacomodarse.

La verdad es que más paulatino y suavemente ondulado que esta propuesta es difícil de encontrar. Si estamos todos de acuerdo en que el portland de Ancap debe ser cerrado porque es intolerable para nuestro país que haya registrado pérdidas acumuladas en el último quinquenio de más de 100 millones de dólares, y porque esas mismas pérdidas, en los últimos 20 años, representan a valor presente la friolera de 800 millones de dólares, entonces no cabe la más mínima duda de que este proyecto de ley debe ser prioritario para el Parlamento. Y para el gobierno.

Todo el mundo ha visto con buenos ojos el planteo del ministro de economía en el sentido de mejorar las condiciones de competencia para lograr mayor eficiencia y abaratar los productos de consumo. Este proyecto de ley va en ese mismo sentido de modernización que el país precisa: significa un ahorro radical para el Estado en tiempos en que, además, hay que cuidar más los recursos públicos ya que las perspectivas de crecimiento no son las que el equipo económico estimó en 2025. Todos sabemos, también, que el remiendo propuesto por el ministerio de industria para este problema del portland de Ancap, que consiste en que las intendencias lo compren a pesar de que sea más caro, es terriblemente ineficiente y no arregla nada de fondo.

¿Quién puede oponerse a este proyecto de ley? Nadie. Es necesario cerrar el pórtland, y con este proyecto se lo hace de manera parsimoniosa a la vez que sin atentar contra las fuentes de trabajo. Es tiempo entonces de que la Coalición Republicana en Diputados avance dando su mayoría en esa Cámara, y que luego se disponga a un diálogo en el Senado para que el Frente Amplio también lo vote allí. De esta manera el país entero podrá terminar con esta sangría de tantos años y que tanto daño le hace a la economía nacional. Es ahora.

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