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Vivir a cielo abierto

Esteban Szabados | San Pablo
@|Unas 101.000 personas viven en situación de calle en la ciudad de San Pablo, así lo indica el Observatorio Brasileño de Políticas Públicas (OBP).

Según un estudio de la UFMG (“Universidad Federal de Minas Gerais”), desde 2020 hasta la fecha ha crecido un 88 % el número de los sin techo en esta laberíntica ciudad. Además, la investigación señala que en su mayoría son hombres (84 %) con baja escolaridad.

Hace poco estuvimos con mi esposa e hijo en “Liberdade”, el barrio nipón que queda cerca del centro, para degustar sus exóticos platos. Aunque actualmente también hay oferta de gastronomía china, tailandesa, filipina y coreana.

Por sus calles pululan turistas y mendigos que habitan las zonas céntricas de la ciudad.

Al volver a nuestro barrio, después de almorzar un plato japonés de cuyo nombre no puedo acordarme, tomamos un ómnibus para la terminal más céntrica: Parque don Pedro. De ahí, fuimos hasta nuestra dirección, en la zona norte.

En este camino de casa vimos una gran cantidad de gente viviendo dentro de las terminales de buses, debajo de puentes, en parques, en estaciones de metro, en las veredas.

Los albergues de que dispone el gobierno municipal solo pueden cobijar en la noche a 26.000 individuos. Muchos deambulan con sus pertenencias día y noche como zombis.

La famosa “Cracolandia”, que era una aglomeración de adictos que consumían drogas y alcohol en plena calle, fue desmembrada. Algunos dicen que se mudaron de barrio.

Recuerdo que un comisario que trabajó en ese barrio me dijo una vez que “son personas que necesitan un tratamiento psiquiátrico”. Algunos ahora están detenidos.

Esta población, desdichada y vulnerable, precisa una reinserción urgentemente a través de los servicios sociales para vivir con dignidad. Si las autoridades se dejan estar, los problemas podrían aumentar.

Un sistema justo es el que visibiliza y es empático con los que se quedaron por el camino del progreso y les muestra la luz al final del túnel. Es decir, las autoridades y la sociedad deben proponer soluciones para erradicar este flagelo a cielo abierto.

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