Néstor Lioret | Montevideo
@|Mi amigo, el viajado, me llamó desde la imperial Budapest mientras se deleitaba con su Tokaji Aszú, bien conocido como el vino de los reyes y el rey de los vinos, en un “ruin bar”.
El punto es que me espetó que Montevideo, mientras él tomaba su vino, había aspirado de sus mansos contribuyentes 15000 dólares americanos, es decir 1020 pesos uruguayos por segundo.
Con casi el doble de habitantes que la muy fiel y reconquistadora, la señorial Budapest mantiene líneas de metro, museos (la colección del Greco más grande fuera de España), parques como el Varosliget, puentes de hierro, palacios y un largo etcétera.
Un denominador común, la limpieza perfecta, una iluminación excelente, especialmente en los monumentos.
Algo pasa con nuestros administradores que con un presupuesto equiparable no logran poner unas bombillas de luz, mantener una estatua de bronce en una pieza, cortar el pasto en nuestros parques y tapar unos pozos.
Tan es así que hasta tienen que pedir prestado unos cientos de millones de dólares que los montevideanos pagarán religiosamente.