Dr. Amadeo Ottati Folle | Montevideo
@|A raíz de la procedencia o no de reformar el artículo 11 de la Constitución de la República, con la anunciada finalidad de habilitar los allanamientos nocturnos del hogar, para mejor combatir la tenencia y/o comercialización de drogas en su interior, me permito hacer la siguiente consideración al respecto. La que, aclaro, no atañe al fondo de la prealudida cuestión (aunque mi condición de ex-Catedrático de Derecho Penal me lo habilitaría) sino a un aspecto menor de orden meramente gramatical.
Desde mi ya muy lejana época de estudiante, al leer esa disposición, siempre me llamó la atención la redacción de su párrafo inicial: “El hogar es un sagrado inviolable”, pues entendía que a esa concisa frase le faltaba algo, una palabra que aludiera a aquello que precisamente revestía esa sacra condición. Es que el término “sagrado” aparecía usado como un “sustantivo”, cuando es sabido que gramaticalmente se trata de un “adjetivo”.
El Diccionario de la Lengua Española, tras calificarlo expresamente como tal, incluye varias definiciones del vocablo “sagrado”, siendo la más usual la de algo “Digno de veneración por su carácter divino...”. Ello empero, en lo que hace a esta propuesta concreta, entiendo que antes de ese adjetivo calificativo, debería incluirse una palabra (un “sustantivo”) que aluda a aquello que reviste esa condición de “sagrado”. Y se me ocurre que el término más lógico y adecuado sería “lugar”; o, aún más específicamente, “recinto” (definido como el “Espacio comprendido en ciertos límites...”).
En suma, si es que -por otra razón- se decide darle una nueva redacción a este artículo, me permito sugerir que su frase inicial quede de la siguiente manera: “El hogar es un recinto sagrado e inviolable”. Estimo (y quiero pensar que quizás no sea el único) que cuando menos sonaría mejor a nuestros oídos.