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La grieta

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Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Las hay de varios tipos, aunque la social y la político - ideológica son las que tienen mayor contenido real.

Hay otras, como la que se pretende instalar entre ambos géneros desde un radicalismo sin demasiados seguidores o la generacional, que siempre ha existido y existirá porque es propia de la naturaleza humana y aunque es portadora de crisis, difícilmente fracturan el tejido de una sociedad.

La político-ideológica y la social existen y se retroalimentan como lo hacen las profecías autocumplidas impulsadas por el activismo de cuantos son adoctrinados por el materialismo dialéctico.

Si cuando estudio me convencen que no debo calificarme para posicionarme favorablemente en el mercado de trabajo, porque en él sólo seré objeto de explotación, estoy dejando que me utilicen como agente de la grieta político-ideológica, que luego replicará en la social.

En efecto, al concurrir al mercado de trabajo, me habrán preparado sicológicamente para visualizar en él a un agente del capital que pujará para exprimirme como una naranja y no como una entidad con la que puedo satisfacer mis intereses mancomunados, al menos transitoriamente, con esa empresa que, con independencia de sus resultados económicos, me ofrece lo que estoy buscando.

El antídoto de la grieta social es desde luego la movilidad social, ya que la grieta es tal en tanto constituya un obstáculo relativamente insalvable para el que arranca en las condiciones menos favorables. Según el Índice Global de Movilidad Social confeccionado por el Foro Económico Mundial, Uruguay ocupa el primer lugar en toda Latinoamérica y es el número 35 del mundo, superado por las economías del capitalismo de alto desarrollo de Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

La primera conclusión que de aquí se extrae es la relativa falta de condiciones objetivas para que en el Uruguay se profundice la grieta social.

Nuestro problema consiste en las condiciones subjetivas de la grieta, es decir las que son consecuencia de la polarización política, de la virulencia en la conflictividad y retórica sindicales, de la opción ideológica que descubre, gestiona, fomenta y radicaliza toda oposición de intereses en la ciudadanía, en el universo de agentes económicos y en el tejido social todo, hasta transformarlas en antagonismos irreconciliables.

Esa visión de la sociedad que persiste en la idea de una polarización (la de clases sociales, “oligarquía – pueblo” es hoy, sólo una de las múltiples manifestaciones del fenómeno) que construye una grieta de manera artificial entre dos polos cuya solución, según se argumenta, no se encuentra en el relleno de la grieta sino exterminando a uno de ellos, y se propone insistir en este artificio hasta plasmarlo hegemónicamente en las conciencias del mayor número.

Si fuéramos a transcribir todo el fenómeno comunicacional que desde esas opciones ideológicas sigue día a día profundizando la grieta, no darían las páginas de una edición entera de “El País”. Pero para muestra basta un botón: “Se trata de crear las condiciones para que muchos nos enojemos con los de arriba. Y eso no es imposible: la historia está llena de mayorías radicalizadas contra el poder y la violencia de los poderosos. Al final siempre habrá que trazar una grieta entre quienes defienden jerarquías y privilegios y quienes los impugnan, pero al hacerlo conviene tener a mucha gente al lado” (Ignacio De Boni; Brecha; 10/01/2020; “El Fondo de la Grieta”).

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