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La debilidad humana

@|Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha sufrido continuados hechos que, lesionando la ética ciudadana, la educación y las reglas sociales de convivencia, desnudan en muchísimos casos (más de lo que se visibiliza) la debilidad humana. Eso que, en lenguaje popular, se llama corrupción.

En el reino animal el hombre ha sido privilegiado al poseer inteligencia, pero, aunque paradójico, parecería que cuanto más se posee, más propenso se siente tentado a cometer el pecado carnal de la corrupción.

El manido caso “Astesiano” ha dejado al descubierto una cadena de corrupción que ya no encabeza el tan mentado custodio, sino que se ha comprobado que alcanza ya al año 2014 e involucra a 2 embajadores, 3 cónsules y conspicuos personajes ocupando cargos de confianza en el MRREE, pertenecientes a períodos de gobierno del FA; quien al inicio de estos hechos se rasgase las vestiduras atacando al gobierno, y llegando a pedir, absurdamente, la responsabilidad del actual Presidente.

La fiscal Fossati ha abierto un tarro, que más que tarro es un barril, del cual emanan gases de todas las banderías, sin haber llegado aún al fondo de esta madeja de debilidad humana.

Y no es un caso aislado si recordamos recientes hechos de políticos de connotada trascendencia en nuestro país y menos si observamos a nuestros vecinos, donde se han alcanzado niveles inconcebibles de tal resonancia que alcanzan al procesamiento con prisión de un expresidente, asombrando aún a las mentes más imaginativas.

Y sí, en todos lados se cuecen habas pero, particularmente, en los ámbitos de la política donde especialmente en América Latina se ha impuesto otra forma de debilidad humana, más lamentable aún, la impunidad.

Nadie, si ha participado en alguna forma en ese espacio efímero de poder, estaría libre, aunque fuese de no haber cometido un mínimo desliz y considerarse impoluto… Nadie.

Y se me ocurre terminar con un certero pero indeseado dicho que escuché y me quedó grabado por profundo, veraz y rotundo: “Si en el país se realizase un desfile de políticos que cargan en su espalda con algún acto de corrupción, habría que importar gente de Finlandia, Dinamarca o Nueva Zelanda, para que hubiese quienes, libres de toda culpa, aplaudieran a su paso”.

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