Dr. César Eduardo Fontana | Montevideo
@|La democracia, que más que una ideología es un sistema de gobierno, al menos en lo que geopolíticamente llamamos Occidente, ha ingresado en una muy grave crisis en nuestra Iberoamérica.
Si se parte de la base de que en democracia las personas - y los votantes – analizan y discuten qué tipo de gobierno prefieren que los conduzca, si los liberales, los social- demócratas, los conservadores, los cristiano-sociales, los nacionalistas, etc. ello parece bastante claro que se ha perdido y ha sido sustituido por lo que se podría describir como lucha de clases en las urnas y fuera de ellas.
Lo hemos visto no hace mucho en Honduras, lo estamos viendo en Bolivia y Perú, en parte en Chile, lo que se está gestando en Colombia y no sabemos cómo transcurrirán las cosas en Brasil. Actualmente el voto es para desplazar a las élites, a los ricos, a las castas y del otro lado tratar de afianzar las libertades republicanas aunque siempre y en ambos casos, bajo la sombra de una real o inventada corrupción a veces mezclada con narcotráfico. Y resulta evidente que esa forma de pensar trasciende los modelos tradicionales de la social-democracia, del liberalismo, del conservadurismo y de otras tendencias. Todo eso parece importar poco.
Y lo que viene diciéndose está basado en hechos, en realidades, no son impresiones subjetivas. Hay que ver lo que sucede en Bolivia en donde el primer mandatario de centro-derecha está jaqueado por manifestantes y turbas que siguen la línea de derrocarlo siendo que fue electo hace poco tiempo sin que interese que esas demostraciones estén fogoneadas por una persona que está requerida por la comisión de un delito común y se encuentra escondida en un reducto en donde al parecer la Policía y las FF.AA. bolivianas no pueden (¿o no quieren?) llegar.
Basta con ver las redes sociales para comprobar que esa situación es muy bien vista y apoyada por ciudadanos de Chile, Argentina, Perú , etc. Y es en esas mismas redes sociales en donde se pide la renuncia del Sr. Kast, electo hace muy poco tiempo en Chile por una buena mayoría de votos. ¿En base a qué? A que a algunos no les gustó haber perdido, como si la elección hubiese sido un partido de fútbol.
Hablando de votos al parecer poco importan, si benefician a la izquierda son buenos y si no son malos. ¿Qué es eso de que sean más unos que otros? Una simple decadencia burguesa. Es así como en Perú el candidato perdedor, como la diferencia no es mucha, pide un recuento total de los votos. ¿Y por qué?, ¿los demás no saben contar acaso? Y ya veremos algo similar en Colombia.
En lo atinente a preferencias electorales la lucha social se siente muy fuerte, muy por encima de la lucha de ideas, ideas que muchos desconocen en razón de la pésima formación ciudadana de nuestros países.
Así las cosas, el sistema democrático de gobierno no puede funcionar, máxime con números electorales de pequeñas diferencias y en los que detrás de ellos se notan cuotas de resentimiento que tornan imposible cualquier entendimiento político. Sin duda alguna esto implica además que millones de ciudadanos no han sido capaces de entender los cambios sociales, económicos y laborales arribados en el presente siglo en el que los robots y la IA cada día que pasa dejan por el camino muchas actividades y hay que reconvertirse sí o sí.
La consecuencia más notoria de todo lo que viene diciéndose es que el sistema democrático de gobierno sólo funciona en países cultos, con buena formación ciudadana y en los que Das Kapital es ya un antiguo papiro. Imaginemos situaciones similares en Japón, Finlandia, Gran Bretaña, Suiza, Canadá, Australia, Dinamarca, Noruega, Islandia, Portugal, Luxemburgo, etc. No, no es posible ni siquiera imaginarlo.
Luego vendrán los llantos cuando las “formalidades burguesas” son ignoradas sin pudor y “exprofeso”.