Sheina Lee Leoni Handel | Montevideo
@|Cuenta la leyenda que Uruguay tiene el Carnaval más largo y colorido del mundo. Que tiene un maravilloso teatro al aire libre donde cada año se festeja esta maravillosa fiesta popular que dura cerca de un mes y medio con conjuntos excelentes, que nos brindan espectáculos tan maravillosos que atrae turistas de todas partes del mundo. Eso sin contar los tradicionales escenarios barriales.
Que hay que sacar entradas con muchísima anticipación porque las filas son enormes y estas se agotan.
Que su desfile inaugural es extraordinario, con todos esos carros alegóricos que lo definen y sus bellísimas reinas que encabezan el festejo…
Que existe una categoría llamada “murga” que critica al Gobierno de turno con una gracia y sutileza que es imposible que alguien se enoje.
Dicen…(¿ o no?)
Es cierto, Uruguay sigue teniendo el Carnaval más largo del mundo, escenarios barriales , un desfile inaugural muy importante , pero muchas cosas han cambiado.
Quienes hemos vivido otros “carnavales” sabemos que, si bien la profesionalidad de los conjuntos ha ido en aumento, otros factores han influido para que, salvo excepciones, la gente no concurra tan asiduamente como yo diría 30 años atrás. Y no me lo contaron, tuve la suerte de vivirlo.
Tuve el placer de disfrutar el pasaje de las Reinas (una pena que esas emblemáticas figuras no existan más) y la aventura de subirme a la “Montaña” de atrás de los asientos del Teatro de Verano cuando se agotaban las entradas para ver a mis parodistas favoritos: Gabys, Klappers, Nazarenos y desde hace mucho tiempo Momosapiens. Y tantas murgas y revistas.
Hoy el temible cartel de “Agotado”, casi ha desaparecido, al igual que muchos escenarios barriales.
Siempre quedará en mi memoria cuando era tan grande la concurrencia al desfile que la gente alquilaba sus balcones en 18 de Julio para aquellos que quedaban sin entrada.
Aquellos tiempos en que mi pequeña hija se escapaba a bailar al medio de la calle y algún componente de un conjunto le tomaba la mano y no había manera de que ella se soltara. Atrás iba corriendo yo para que no molestara o se perdiera.
Todo era alegría y disfrute, inolvidables momentos compartidos, con una sociedad más amigable y empática. Jamás un problema, salvo los comunes a tanta concurrencia de gente.
Hoy existen conjuntos que buscan hacer reír con mensajes politizados, violentos, reiterativos que hacen que el público (salvo sus seguidores) no concurran, sencillamente porque se sienten agredidos.
Añoro aquellas noches, que, sin ser de “izquierda” escuché murgas de esa orientación política ante las cuales no solo aplaudía de pie, sino concurría varias veces para presenciarlas.
Conjuntos que piensan que decir groserías es lo mejor para divertir a la gente, porque demasiadas personas no comprenden que la creatividad y la imaginación pasan por otro lado.
Y paro aquí para no aburrirlos. La pregunta es: ¿es este el carnaval que queremos?¿Es esta la sociedad que queremos?
Hablando hace días con otro carnavalero me dijo “La murga es la voz del pueblo”. Lamentablemente , no comparto esa opinión. La murga fue la voz del pueblo, pero hoy no es tan así. La murga, y reitero salvo casos puntuales, es la voz de una parte del pueblo. Y somos muchos los que pensamos de esa forma, no importa la ideología política, sino el sentido común y el respeto hacia el otro.