Alfonso Lessa
La visita que realizará esta semana a Artigas el presidente Tabaré Vázquez, marcará un nuevo paso en la creciente defensa de su gestión que terminará el 1° de marzo del año próximo: una actitud legítima, pero también un modo de participar indirectamente de la campaña electoral en su tramo definitorio.
Es una forma de exhibir logros y tratar de comparar gestiones, uno de los carriles por los que discurre una campaña electoral que en su conjunto todavía parece un tanto brumosa.
En todo caso, en lo que refiere al oficialismo, los caminos de Vázquez no siempre han sido los mismos que los del candidato del Frente, José Mujica. Claro que los tiempos aprietan y hoy para el oficialismo existe la necesidad impostergable de hacer confluir esos caminos. Sobre todo cuando la oposición se concentra en la crítica al gobierno en varias de sus políticas.
Pero la campaña de los últimos días ha estado más centrada en una estrategia basada en ataques, incluso personales, que en una discusión seria sobre los temas de una agenda electoral rica. Y dentro de esa estrategia, está resultando muy clara la preferencia de José Mujica por atacar no sólo a su principal adversario, Luis Alberto Lacalle, sino a la fórmula blanca en su conjunto.
Mujica martilla y martilla sobre los dos miembros de la fórmula buscando debilitar a Lacalle y Larrañaga pero puede obtener un efecto contrario: por lo pronto, ha reconocido a Larrañaga una dimensión poco habitual para un candidato a la vicepresidencia. Tal vez esto sea producto de que en esta campaña los candidatos a la vicepresidencia de los tres partidos principales, han cobrado un fuerte protagonismo; quizás también, porque Mujica esté preparando el terreno para una participación creciente de Danilo Astori, sobre todo para llenar aquellos terrenos en los que él se pueda sentir más débil.
Su propuesta para que exista un debate televisivo fórmula contra fórmula, seguramente no es ajena a esto, porque el mano a mano que quiere Lacalle, podría dejarlo al descubierto en temas como el económico. Y vistos los antecedentes, además, ese mano a mano podría inducir a Mujica a tomar el riesgoso camino de los ataques personales. La participación de Astori en un debate de cuatro, le cubriría las espaldas y operaría como un factor moderador, como claramente ha estado ocurriendo cuando aparecen juntos, en particular en sus dos recientes viajes al exterior, una movida interesante en el manejo de su imagen.
Sin embargo las salidas de tono y los ataques como el de calificar a Larrañaga como "perrito faldero", pueden provocar el aplauso de los incondicionales, pero seguramente no son actitudes capaces de atraer el definitorio voto de los indecisos.
En términos de competencia electoral, ese ataque fue un regalo servido en bandeja para Lacalle, que antes había realizado una serie de afirmaciones como las relativas a las inversiones, los baños en los asentamientos y la motosierra, que fueron tomados por el Frente para criticarlo.
Parece claro que en esta campaña no se perdonará nada y que cada espacio que ofrezca un candidato será aprovechado al máximo por sus adversarios. Lacalle, por ejemplo, no desaprovechó la decisión de Cristina Kirchner dando asueto a los uruguayos en el día de las elecciones, para recordar el apoyo del matrimonio presidencial argentino a Mujica; un respaldo público poco deseado, por supuesto, al punto que la última vez que Néstor Kirchner lo hizo explícito, el propio candidato del Frente le pidió que no hablara más.