Una economía con rostro humano

A propósito del último libro del hombre del BID, el díálogo siguió en estos términos:

Einöder: Su última obra "Hacia una economía con rostro humano" se ha convertido en un best seller traducido a varios idiomas. ¿Qué propone ese libro?

Kliksberg: Que surjan en América Latina políticas públicas responsables, eficientes, transparentes, descentralizadas, que le abran a todos el acceso real a la nutrición, salud y la educación ; que se invierta en el capital humano. Una alianza entre un Estado activo y capaz, que prioriza la gente, y el capital social puede desatar círculos virtuosos muy eficientes. Los primeros países del mundo en desarrollo económico y al mismo tiempo humano, como Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Canadá, así lo han hecho.

Einöder: La desigualdad de América Latina está considerada como la mayor del planeta.

Kliksberg: Sí, y además sabemos científicamente, que las desigualdades son fatales para el crecimiento económico. Reducen el mercado interno y la formación de ahorro nacional; golpean a la clase media que es el motor de progreso. En la Argentina casi destruyeron la clase media con mucho perjuicio para todos.

Es necesario recuperar la equidad, las economías exitosas que mencioné tienen a la más alta equidad, mediante políticas públicas que democratizan el acceso a la formación de las personas y al crédito; apoyan la pequeña y mediana empresa, abren a todos las oportunidades de producir.

Einöder: ¿Hay esperanza?

Kliksberg: Están bien sabidos y bien sentidos todos los motivos para tenerla. En primer lugar por el gran proceso de democratización que vive América Latina. Una sociedad civil, que luce cada vez más movilizada y articulada, va a lograr que las políticas públicas respondan realmente a las prioridades de la gente. Por otra parte, hay grandes valores éticos en la base de nuestras culturas, en el Antiguo y el Nuevo Testamento y en las civilizaciones indígenas de América Latina, que explican la explosión de solidaridad que hoy se observa en la región. Así por ejemplo el plan Hambre Cero de Lula, al mismo tiempo que significa asumir una política pública con prioridades éticas, halla apoyo total en la sociedad brasileña.

La frase del Levítico "No desatiendas la sangre de tu prójimo", no puede ser indiferente frente a los intolerables niveles de pobreza, e inequidad de América Latina; y eso de un modo u otro, tiene gran resonancia en la región. Están vivas la capacidad de indignación frente a la injusticia y la solidaridad. Hay mucha esperanza.

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