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Un salto al desarrollo

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Es el título del documento presentado recientemente por el CED que expone una agenda de medidas concretas para nuestro país. Puede sonar ambicioso, y lo es, pero también es posible. Si logramos realizar algunas reformas fundamentales que incrementen nuestra tasa de crecimiento, mejoren la competitividad de la economía y nos permitan alcanzar un mayor bienestar lo podemos realizar en el horizonte de unas pocas décadas.

Un aspecto clave a comprender es que las dos agendas planteadas, la económica y la social no solo no se contraponen, sino que son complementarias. Necesitamos una economía más competitiva, con mayores niveles de productividad que permitan la realización de inversiones más sofisticadas y pagar mayores salarios. Sin esa pata económica todos los objetivos sociales son puro voluntarismo sin sustento y, a su vez, una población con mayor bienestar, educación y salud será más productiva, con lo que el círculo virtuoso se cierra.

El salto en la competitividad requiere una macroeconomía aún más estable. Reconociendo los avances de los últimos años debemos continuar el esfuerzo por alcanzar una inflación aún más baja, consolidar la estabilidad fiscal y comprometernos a no incrementar los impuestos. También requiere mayor apertura comercial, lo que implica más acceso a mercados, menos barreras comerciales, incluyendo las que dependen de nosotros mismos y una mejor institucionalidad en la materia.

Existe también una agenda procompetencia donde tenemos muchas oportunidades de mejora. Debemos cambiar la regulación de varios mercados, como el de los combustibles. Si realmente queremos que baje el precio debemos liberalizar toda la cadena; importación, distribución y comercialización. Debemos eliminar barreras a la importación en rubros centrales de la canasta de consumo como pollo, cerdo, frutas y verduras que resultan mucho más caras de lo que deberían por la regulación que tienen esos mercados. Esto traería aparejado un descenso importante de costos a las empresas y de costo de vida para toda la población.

También deben promoverse nuevos regímenes de importación en productos de higiene personal y de limpieza que permitan una mayor competencia en esos mercados donde claramente también somos excesivamente caros. Adicionalmente, hay cambios necesarios en las unidades de Defensa de la Competencia y de Defensa del Consumidor.

La regulación del mercado laboral también necesita cambios imperiosamente. La anquilosada legislación que viene de la época de la Segunda Guerra Mundial ya no responde de las necesidades de trabajadores y empresarios. Debe dejarse de lado la descripción hiperdetallista de tareas, las negociaciones por rama que no reconocen diferencias de tamaño, localización o dinamismo y reducirse la brecha salarial que existe entre lo que cuesta a una empresa contratar a un trabajador y lo que este recibe en la mano, entre otros cambios.

Hay muchas más propuestas descriptas con más detalle en el documento que invitamos a leer en ced.uy, incluyendo un Estado más simple al servicio de las personas, pero el espacio se nos termina. Como expresó el director ejecutivo del CED Agustín Iturralde, la agenda que el país necesita requiere claridad de ideas y coraje, como existió en el gobierno actual para sacar adelante reformas como la de la seguridad social. Esa es la clave para saber cómo nos irá en el próximo quinquenio.

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