¿Cuál es el rol del Estado en las políticas sociales? El papel del Estado es fundamental en la configuración de políticas sociales, ya que impacta directamente en el bienestar y la calidad de vida de sus ciudadanos. Esta relación varía según la estructura política gubernamental de cada país; y de la filosofía política e ideológica de quienes gobiernan.
En el contexto de Uruguay, una nación caracterizada por su enfoque de construcción colectiva, la creación del Estado de Bienestar se remonta a principios del Siglo XX. Una comunidad que ha sido moldeada a lo largo de los años y abarca aspectos clave como la Educación Pública, laica y gratuita en todos sus niveles, el Sistema Nacional Integrado Salud Pública, leyes de protección social y de distribución del ingreso. Sin embargo, a pesar de haber sido gobernada por todas las colectividades políticas tradicionales, no hemos logrado erradicar la pobreza y la marginalidad.
En este debate, existen dos posturas opuestas. Por un lado, están aquellos que defienden una perspectiva individualista, enfocándoselas en valores de autonomía y autosuficiencia del individuo en su entorno social, destacando la dignidad moral de las personas, oponiéndose a cualquier forma de apoyo social o estatal en sus decisiones personales.
Por otro lado, se encuentran quienes abogan por un enfoque más asistencialista, donde el Estado asume un papel paternalista al tomar decisiones que considera correctas, a pesar de la autonomía y libertad individual. Es importante distinguir entre asistencia y
asistencialismo, ya que la primera se refiere a una acción temporal en respuesta a situaciones específicas, mientras que el segundo implica una intervención constante que puede generar dependencia.
Uruguay, se enfrenta a la imperativa necesidad de dejar atrás viejos enfoques de las políticas sociales que no han podido erradicar la pobreza. Estamos trabajando en un nuevo paradigma que no solo brinde asistencia a quienes la necesitan, sino que también promueva activamente su desarrollo y autonomía. Esto implica un enfoque integral y superador de la aparente dicotomía entre el individualismo y el asistencialismo, reconociendo que la prosperidad colectiva no puede descansar únicamente en la acción gubernamental.
Según la encuesta continua de hogares del INE, la estimación de la pobreza por el método de ingreso en el primer semestre del 2023 es de un 10,4%. Si desagregamos estas cifras por edades, la pobreza es mayor en niños de 0 a 6 años que en adultos mayores de 65 años. En gran medida, esto se debe al robusto Sistema de Seguridad Social que tenemos. Esto plantea una interrogante importante: ¿Cómo serían estas cifras si el Estado no estuviera presente?
El desafío radica en reconocer que el Estado, por sí solo, no puede abordar de manera efectiva todos los problemas sociales. La pobreza y la marginación tienen dimensiones políticas, culturales y estructurales que van más allá de la provisión de recursos económicos.
En esta era de desafíos multidimensionales, el progreso social se vuelve un objetivo alcanzable sólo a través de la colaboración
continua entre el Estado, diversas organizaciones e instituciones, y el sector privado. Me pregunto ¿Quien quiere vivir en una sociedad profundamente desintegrada y desigual? La responsabilidad de impulsar el bienestar es compartida y requiere el compromiso de todos los actores involucrados. Este nuevo enfoque, allana el camino hacia un Uruguay más justo, inclusivo y próspero. En este sentido, tres pilares fundamentales emergen de este enfoque:
En primer lugar, se encuentra el sistema educativo y cultural, cuyo propósito fundamental radica en ofrecer igualdad de oportunidades para cada uno de nuestros ciudadanos. La educación y la cultura son las bases de una sociedad informada y empoderada, capaz de alcanzar su máximo potencial sin importar su origen o circunstancias personales.
En segundo lugar, tenemos el sistema de seguridad, salud pública y protección social, que trabaja con la meta de liberar a nuestra
población de la carga de las necesidades más apremiantes, garantizar un soporte vital en momentos de vulnerabilidad y necesidad.
Finalmente, radica en el compromiso activo de las organizaciones e instituciones junto con el sector privado. La sinergia entre estos actores contribuye a fortalecer las bases del bienestar colectivo, construyendo un tejido social más fuerte y equitativo.
Para lograrlo se necesita compromiso. Un compromiso nacional, que surge por la falta de respuestas de un sistema que tiene fallas
estructurales, que supone algo más que un Gobierno eficaz y una Administración eficiente; que es el compromiso de todos.