Pedro Bordaberry
Pedro Bordaberry

Molinos de viento

Al tomar la ruta que lleva de Toledo a Sevilla, en España, uno se cruza con un cartel carretero. Está casi bajo un puente, sobre la margen derecha del camino.

Tiene sólo cinco palabras: “Viajero, estás cruzando La Mancha“.

Esa frase, escrita en letras negras sobre fondo blanco, no solo anuncia la dura y rocosa campiña de la región de La Mancha, sus olivos y viñedos.

Hace volar la imaginación y lleva al viajero a la mejor novela de todos los tiempos, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra.

Unos pocos kilómetros más adelante, antes de llegar a Consuegra, aparecen recortadas sobre el horizonte las paredes blancas y aspas negras de los molinos contra los que cargara el Caballero de la Triste Figura en uno de los episodios de la novela.

También sobre las colinas, surgen los castillos donde moraban las imaginarias princesas y señoras a las que hacía promesas.

Es que ese cartel, esas cinco palabras, no solo nos presentan la región sino que nos transportan al mundo maravilloso de las aventuras del Ingenioso Hidalgo y Sancho Panza. Uno se los imagina montados en el rocín y el rucio asno, conversando animadamente por esos parajes, mientras ingresan en ventas y se meten una y otra vez en problemas.

Mientras conduce por esos caminos, se recuerdan episodios y frases que Cervantes pone en boca de Don Quijote. Una de las mejores es “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que á los hombres dieron los Cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre, por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida …”

Viene al caso el recuerdo cuando en nuestro país empezamos a mejorar la seguridad ciudadana. Que no es otra cosa que tener la libertad de poder circular a cualquier hora por cualquier lugar de la ciudad sin temor de ser asaltados. La libertad de no tener que quedarnos encerrados tras rejas en nuestras casas por miedo a perder lo poco o lo mucho que tenemos. La libertad de poder ir a ver un partido de fútbol con un amigo que es hincha del equipo contrario.

Esa libertad que con el trabajo del Ministerio del Interior y con las normas de la LUC estamos empezando a recuperar. La que habíamos perdido luego de 15 años de desastrosas políticas de seguridad ciudadana de los tres gobiernos frenteamplistas.

A las que algunos quieren volver derogando la Ley de Urgente Consideración que permite un mejor combate a la delincuencia. Los que quieren esto son los que llevaron al Uruguay a esta situación largando presos, no respaldando el accionar policial y fracasando en la lucha contra el narcotráfico.

Una Ley que desde el FA presentan como si fueran los demonios gigantes de La Mancha y que, como estos, en realidad son solo molinos.

Como el Ingenioso Hidalgo en sus desvaríos cargan contra la misma gritando cosas que nada tienen que ver con esta.

De nada sirve que se les diga que es bueno respaldar el accionar de la policía como hace la LUC. Tampoco escuchan las advertencias de que ayuda que los policías retirados puedan portar armas y actuar en caso de que estén en presencia de un delito.

No se entiende cómo gritan y cargan contra una norma que castiga al recluso que se escapa de una cárcel. ¿No están de acuerdo en sancionar al que intenta escaparse incumpliendo una sentencia judicial?

También quieren derogar que constituya delito que un delincuente destruya total o parcialmente comisarías o cárceles o que una persona atente, agravie o arroje objetos a la autoridad policial.

Realmente es difícil de entender ¿arrojar objetos a la policía no debe estar penado? ¿Destruir comisarías permitido?

Podríamos seguir con otras normas que quieren derogar. Son treinta y tres las de seguridad que pretenden dejar atrás. Alcanza con citar una más: la que establece como delito utilizar el hogar como lugar de venta, depósito o distribución de drogas.

Instalar un local de venta, depósito o distribución de drogas en el hogar no debe ser un delito para el Frente Amplio y sus aliados.

Enceguecidos por sus ambiciones políticas ven cosas malas donde hay mejoras para toda la sociedad.

Como Don Quijote montado en Rocinante siguen gritando “No fuyades, cobardes y viles criaturas” y arremeten contra la ley.

De nada sirve que como Sancho se les responda: “Mire vuestra merced, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas …“.

Van a terminar como el Ingenioso Hidalgo que embistió el molino, enganchó su lanza en una de las aspas y rodó por el campo maltrecho.

Con seguridad, además como él, le echarán las culpas del resultado al que, en su imaginación, transformó los gigantes en molinos para perjudicarles.

Una advertencia a los viajeros que se preparan para votar en marzo: están cruzando La Mancha, pero no son gigantes sino molinos de viento lo que ven. Molinos de tranquilidad y paz y mejora en la seguridad ciudadana en el Uruguay.

No les crean a los que gritan que son gigantes que traen todos los males.

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